La Asunción de la Virgen María, 15 de agosto

La Asunción es una realidad que también nos toca a nosotros, porque nos indica de modo luminoso nuestro destino, el de la humanidad y de la historia. En María contemplamos la realidad de gloria a la que estamos llamados cada uno de nosotros y toda la Iglesia.

«La fiesta de la Asunción es un día de alegría. Dios ha vencido. El amor ha vencido. Ha vencido la vida».

La Asunción: «El Cielo tiene un corazón»

Se ha puesto de manifiesto que el amor es más fuerte que la muerte, que Dios tiene la verdadera fuerza, y su fuerza es bondad y amor. María fue elevada al cielo en cuerpo y alma: en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre.

Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros: “He aquí a tu madre”.

El cielo está abierto y tiene un corazón. En el evangelio hemos de escuchar el Magníficat, esta gran poesía que brotó de los labios, o mejor, del corazón de María, inspirada por el Espíritu Santo. En este canto maravilloso se refleja toda el alma, toda la personalidad de María. Podemos decir que este canto es un retrato, un verdadero icono de María, en el que podemos verla tal cual es. Quisiera destacar sólo dos puntos de este gran canto.

asunción de la virgen maría 15 agosto
Asunción de la Virgen María de Martín Cabezalero, 1665.

Magníficat, el canto de acción de gracias

Comienza con la palabra Magníficat: mi alma “engrandece” al Señor, es decir, proclama que el Señor es grande: María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande: precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios.

El hecho de que nuestros primeros padres pensaran lo contrario fue el núcleo del pecado original. Temían que, si Dios era demasiado grande, quitara algo a su vida. Pensaban que debían apartar a Dios a fin de tener espacio para ellos mismos. Esta ha sido también la gran tentación de la época moderna, de los últimos tres o cuatro siglos.

Eso es precisamente lo que ha confirmado la experiencia de nuestra época. El hombre es grande, sólo si Dios es grande. Con María debemos comenzar a comprender que es así. No debemos alejarnos de Dios, sino hacer que Dios esté presente, hacer que Dios sea grande en nuestra vida; así también nosotros seremos divinos: tendremos todo el esplendor de la dignidad divina. Apliquemos esto a nuestra vida. Es importante que Dios sea grande entre nosotros, en la vida pública y en la vida privada.

Engrandezcamos a Dios en la vida pública y en la vida privada. Eso significa hacer espacio a Dios cada día en nuestra vida, comenzando desde la mañana con la oración y luego dando tiempo a Dios, dando el domingo a Dios.

Una segunda reflexión. Esta poesía de María, el Magníficat, es totalmente original; sin embargo, al mismo tiempo, está "tejido" con “hilos” del Antiguo Testamento, con la palabra de Dios. María, por decirlo así, “se sentía como en su casa” en la palabra de Dios, vivía de la palabra de Dios y la comprendía.

En efecto, hablaba con palabras de Dios, y sus pensamientos eran los pensamientos de Dios. Estaba iluminada por la luz divina y recibía también la luz interior de la sabiduría. Por eso irradiaba amor y bondad. María vivía de la palabra de Dios; estaba impregnada de la palabra de Dios. Al estar inmersa en la palabra de Dios, al tener tanta familiaridad con la palabra de Dios.

Quien piensa con Dios, piensa bien; y quien habla con Dios, habla bien; tiene criterios de juicio válidos para todas las cosas del mundo, se hace sabio, prudente y, al mismo tiempo, bueno; también se hace fuerte y valiente, con la fuerza de Dios, que resiste al mal y promueve el bien en el mundo.

Cada vez más se ha pensado y dicho: «Este Dios no nos deja libertad, nos limita el espacio de nuestra vida con todos sus mandamientos. Por tanto, Dios debe desaparecer; queremos ser autónomos, independientes. Sin este Dios, nosotros seremos dioses, y haremos lo que nos plazca». Benedicto XVI, Homilía del 10 de agosto de 2012.

la asunción de la virgen maría 15 de agosto

La Virgen María, Reina del cielo y la tierra

Así, María habla con nosotros, nos habla a nosotros, nos invita a conocer la palabra de Dios, a amar la palabra de Dios, a vivir con la palabra de Dios, a pensar con la palabra de Dios. Y podemos hacerlo de muy diversas maneras: leyendo la sagrada Escritura, sobre todo participando en Misa Católica, en la que a lo largo del año la santa Iglesia nos abre todo el libro de la sagrada Escritura. Lo abre a nuestra vida y lo hace presente en nuestra vida.

Pero pienso también en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, en el que la palabra de Dios se aplica a nuestra vida, interpreta la realidad de nuestra vida, nos ayuda a entrar en el gran “templo” de la palabra de Dios, a aprender a amarla y a impregnarnos, como María, de esta palabra. Así la vida resulta luminosa y tenemos el criterio para juzgar, recibimos bondad y fuerza al mismo tiempo.

La Virgen María, mediante la Asunción, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con Dios es reina del cielo y de la tierra. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está dentro de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios.

Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como madre –así lo dijo el Señor–, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad.

«Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros. En este día de fiesta, demos gracias al Señor por el don de esta Madre y pidamos a María que nos ayude a encontrar el buen camino cada día. Amén».

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Evangelio (Lc 1,39-56) en la fiesta de la Asunción de la Virgen María

«Por aquellos días, María se levantó y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando oyó Isabel el saludo de María, el niño saltó en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando en voz alta, dijo:

—Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Pues en cuanto llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno; y bienaventurada tú, que has creído, porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor.

María exclamó:

—Proclama mi alma las grandezas del Señor, y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador:

porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava; por eso desde ahora me llamarán bienaventurada todas las generaciones.

Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo; su misericordia se derrama de generación en generación sobre los que le temen.

Manifestó el poder de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó de su trono a los poderosos y ensalzó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos los despidió vacíos.

Protegió a Israel su siervo, recordando su misericordia, como había prometido a nuestros padres, Abrahán y su descendencia para siempre.

María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa».


Don Francisco Varo Pineda, director de Investigación de la Facultad de Teología de Universidad de Navarra y profesor de Sagrada Escritura.

Fragmentos de una homilía pronunciada por Benedicto XVI, el 15 de agosto de 2005 en Castelgandolfo (Italia).

Edith Stein: una vida entregada por amor

La historia de santa Teresa Benedicta de la Cruz, cuyo nombre era Edith Stein, es un testimonio luminoso de cómo la búsqueda sincera de la verdad conduce, finalmente, al encuentro con Cristo. Su vida, marcada por la inteligencia, la entrega y el martirio, sigue hoy interpelando a muchas mujeres que sienten la llamada a consagrarse a Dios en cuerpo y alma.

Desde la Fundación CARF, que también apoya la formación de religiosas, recordamos su ejemplo como modelo de fidelidad, profundidad espiritual y amor sin condiciones.

Edith Stein leyendo la autobiografía de santa Teresa de Jesús
Obra digital de una joven Edith Stein leyendo la autobiografía de santa Teresa de Jesús.

Una juventud marcada por la búsqueda

Edith Stein nació el 12 de octubre de 1891 en Breslavia, ciudad que entonces pertenecía al Imperio alemán. Fue la menor de once hermanos en una familia judía practicante. Su madre, una mujer de fe firme y carácter recio, fue para ella un ejemplo de fortaleza y responsabilidad. Sin embargo, durante la adolescencia, Edith dejó de rezar y se declaró atea. Era una joven con una inteligencia brillante, insatisfecha con las respuestas fáciles y decidida a encontrar la verdad por sí misma.

Se trasladó a Gotinga para estudiar Filosofía, donde se convirtió en discípula y colaboradora del célebre filósofo Edmund Husserl, fundador de la fenomenología. Su investigación filosófica no era una mera actividad académica: buscaba comprender la estructura profunda del ser humano, su dignidad, su libertad y su relación con el mundo. Edith se interesó también por el sufrimiento, la compasión y la experiencia interior de las personas.

La honestidad intelectual la llevó a abrirse al testimonio de la fe cristiana. El ejemplo de amigos creyentes, su contacto con el pensamiento tomista y, sobre todo, la lectura de vidas de santos, comenzaron a mover su corazón. En especial, le impactó profundamente la serenidad con la que una amiga cristiana afrontó la muerte de su marido, lo que la llevó a preguntarse de dónde provenía esa esperanza firme.

El punto de inflexión llegó en el verano de 1921, durante una estancia en casa de unos amigos. Tomó al azar un libro de la estantería: era la autobiografía de Santa Teresa de Jesús. Lo leyó de una sentada durante la noche, y al terminar dijo: “Esta es la verdad”. Aquel encuentro con la santa carmelita española fue para Edith una revelación interior. En ella descubrió no solo la verdad del cristianismo, sino también un camino espiritual que colmaba su sed de sentido y plenitud.

Retrato digital de Edith Stein durante su etapa como profesora antes de ingresar en el convento
Retrato digital de Edith Stein durante su etapa como profesora.

El encuentro con Cristo

Poco tiempo después de aquella lectura decisiva, Edith Stein pidió ser bautizada. Recibió el sacramento el 1 de enero de 1922, a los 30 años, en la iglesia de los dominicos de Espira. Desde entonces, vivió una fe profunda, serena y coherente. Cambió radicalmente su manera de vivir: comenzó a asistir a Misa cada día, a rezar con intensidad y a poner su conocimiento al servicio de la verdad revelada en Cristo. En su interior había nacido una nueva Edith: una mujer libre, agradecida y enamorada de Dios.

Durante los años siguientes, compaginó su vida espiritual con su vocación intelectual. Trabajó como profesora en un colegio católico, tradujo obras de santo Tomás de Aquino al alemán y escribió ensayos filosóficos con una mirada cristiana. Todo lo que antes buscaba solo con la razón, ahora lo comprendía desde la fe. Para ella, la filosofía y la teología eran caminos complementarios hacia la verdad plena.

En su trato íntimo con Cristo, comenzó a sentir que no era suficiente vivir “para Él” desde fuera: sentía que el Señor le pedía una entrega total, una vida consagrada. Años antes, había expresado el deseo de convertirse en carmelita, pero sus compromisos familiares y profesionales la habían frenado. Sin embargo, con la llegada del régimen nazi y la creciente persecución de los judíos, comprendió que su sitio estaba junto a Cristo crucificado, intercediendo por todos.

En octubre de 1933, ingresó en el Carmelo de Colonia. Allí tomó el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. Era un paso radical, pero profundamente deseado. Había encontrado su lugar definitivo: el silencio, la oración y el sacrificio eran ahora el centro de su vida. Lo que el mundo no podía ofrecerle, lo encontró en el amor de Dios. Había respondido plenamente a su vocación.

La vocación al Carmelo

Durante años, Edith sintió crecer en su interior el deseo de entregar su vida por completo a Dios. Aunque inicialmente continuó su actividad como profesora, escritora y conferenciante, finalmente dio el paso que había madurado en la oración: en 1933 ingresó en el Carmelo de Colonia, donde tomó el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz.

Allí vivió en silencio, oración y penitencia, intensificando su unión con Cristo y ofreciendo su vida por la salvación de las almas. Era consciente del peligro que corría por ser de origen judío en plena persecución nazi, pero no retrocedió. Sabía que su lugar estaba al pie de la cruz.

Una vida ofrecida

En su celda del Carmelo, Teresa Benedicta escribió algunas de sus obras más profundas. En ellas, hablaba de la cruz como escuela de amor, como lugar donde el alma se une a Cristo en su entrega redentora. “Aceptar la cruz —escribió— significa encontrar en ella a Cristo”.

Su vocación no fue una huida del mundo, sino una inmersión radical en el misterio del sufrimiento humano, desde el amor. En el Carmelo, rezaba por su pueblo, por la Iglesia, por el mundo entero. Su consagración no era aislamiento, sino intercesión.

En 1942, fue arrestada junto a su hermana Rosa, también convertida. El 9 de agosto, ambas fueron asesinadas en Auschwitz. Había cumplido su deseo: ofrecer su vida, como oblación de amor, por Cristo y por la humanidad.

Un ejemplo para las vocaciones femeninas

La vida de Santa Teresa Benedicta de la Cruz es una fuente de inspiración para muchas mujeres que hoy se sienten llamadas a la vida religiosa. Ella enseña que la vocación no es otra cosa que una respuesta de amor a un Amor que llama primero. Y que vale la pena dejarlo todo cuando el tesoro es Cristo.

Edith Stein no fue una santa de vida fácil ni de respuestas instantáneas. Buscó, dudó, sufrió, se formó, trabajó, pensó… y en medio de todo eso, escuchó una voz que le decía: “Ven y sígueme”. Y lo dejó todo por Él.

Su testimonio anima a muchas jóvenes que, desde distintos rincones del mundo, se preguntan si Dios les llama a consagrarse, a servirle en una comunidad, a vivir en oración, a entregarse por entero. Mujeres que hoy forman parte de congregaciones religiosas y que la Fundación CARF ayuda a formar para que puedan responder con generosidad y preparación a esa llamada divina.

Una santa para nuestro tiempo

Canonizada en 1998 por san Juan Pablo II, y proclamada copatrona de Europa al año siguiente, Santa Teresa Benedicta de la Cruz es una santa profundamente actual. Una mujer que no renunció a la razón, pero la puso al servicio de la fe. Una mártir que no odió, sino que perdonó. Una religiosa que no se escondió, sino que se ofreció.

Su vida es un canto a la verdad, al amor y a la entrega. Y sigue recordándonos, también hoy, que Dios sigue llamando. Que hay mujeres valientes que dejan todo por Él. Y que merece la pena apoyarlas.

Desde la Fundación CARF: gracias a quienes dicen “sí”

En la Fundación CARF apoyamos con alegría y esperanza a las vocaciones femeninas como la de Santa Teresa Benedicta. Sabemos que su entrega cambia el mundo, aunque lo hagan desde el silencio. Que su oración sostiene a la Iglesia. Que su consagración es fecunda.

Por eso, queremos que muchas más mujeres puedan seguir el camino que Edith Stein recorrió. Que escuchen esa voz que llama. Que respondan. Y que encuentren, como ella, la plenitud en el don total de sí mismas.

Fiesta de la Transfiguración del Señor

El 6 de agosto, la Iglesia celebra con solemnidad la Transfiguración del Señor, uno de tantos momentos iluminadores de los Evangelios. Jesús sube acompañado por sus discípulos Pedro, Santiago y Juan a una "montaña alta”, y allí su rostro se hace resplandeciente “como el sol”, y sus vestiduras, “blancas como la luz”. En ese instante, se les presentan Moisés y Elías, representantes de la Ley y de los Profetas, en diálogo con Cristo, repasan cómo será la Salvación de todo el género humano. La escena culmina con una voz que brota de una nube: “Éste es mi Hijo, el Amado; escuchadle” (Mateo 17, 5).

Esta escena es clave porque configura el momento en que el cielo y la tierra se encuentran de una forma tangible. Los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, los sinópticos, relatan el episodio cada uno con sus matices pero todos revelan la importancia de este misterio cristiano .

Origen histórico de la festividad

La Transfiguración se celebró inicialmente por la consagración de una basílica en el Monte Tabor, lugar tradicional del suceso. Desde el siglo IX comenzó a festejarse en Occidente y, entre los siglos XI y XII, se estableció la fiesta en Roma. Finalmente en 1457, el papa Calixto III lo elevó a solemnidad en el calendario romano para conmemorar la victoria en la batalla de Belgrado (1456), victoria considerada un signo de intervención divina.

En la tradición oriental, la Transfiguración forma parte de las doce grandes solemnidades, junto con Navidad, Pascua y la Exaltación de la Cruz; se considera un pilar teológico por exponer la divinización del hombre por gracia divina.

la transfiguración del Señor en el monte Tabor
Basílica de la Transfiguración de Señor. Liorca, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Monte Tabor: el encuentro entre cielo y tierra

El Monte Tabor, ubicado en Baja Galilea unos 17 km. al oeste del Mar de Galilea, se eleva a unos 575 metros de altitud y domina el paisaje circundante. Es un lugar conocido también como Yabel at‑Tur o Monte de la Transfiguración, considerado tradicionalmente el monte alto al que subieron Jesús y los apóstoles.

En su cima se alza una basílica franciscana, obra del arquitecto Antonio Barluzzi, inaugurada en 1924 sobre ruinas de estructuras bizantinas y anteriores del tiempo de las cruzadas.

Su interior contiene multitud de mosaicos y un ábside dorado, donde Cristo glorificado ocupa el centro, flanqueado por Moisés y Elías, y una paloma simboliza el Espíritu. Esta iconografía busca traducir con belleza el pasaje de los Evangelios.

Algunas claves de la escena

1. Confirmación de la Divinidad de Cristo

El momento de la Transfiguración reafirma que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios vivo. Según el Catecismo, expresa la gloria divina, confirma la confesión de Pedro y anticipa la gloria que vendría tras la Pasión y Resurrección.

2. Continuidad con la Ley y los Profetas

La presencia de Moisés y Elías no es casual: representan el Antiguo Testamento y su misión en la Historia de la Salvación. Pero Jesús ha venido a darle cumplimiento perfecto y debe ser escuchado .

3. Revelación de la Trinidad

La nube –vislumbra la presencia del Padre y del Espíritu Santo– y la voz que define a Jesús como Hijo, manifiestan la realidad de la Trinidad y se expone ante los ojos de los discípulos.

4. Preludio al Misterio Pascual

La Transfiguración prepara a los discípulos para la Cruz. Intenta hacerles entender el escándalo de la Cruz y fortalecerlos para la venidera Pasión y Resurrección . Además, el espacio de cuarenta días entre el 6 de agosto y la Exaltación de la Cruz se equipara a una segunda Cuaresma.

5. Anticipo de la Resurrección

Orígenes de Alejandría y teólogos medievales afirmaron que la gloria del cuerpo glorificado tras la Resurrección se ve anticipada aquí. La misma luz que les envuelve en el monte hace presagiar la luz de la nueva creación.

Pintura de Rafael Sanzio que representa la Transfiguración del Señor
La Transfiguración (1516-1520), última obra maestra de Rafael Sanzio.

La llamada a contemplar

San Josemaría Escrivá recalca que somos llamados a ser contemplativos en medio del mundo, donde el silencio interior permite escuchar la voz de Jesús: «Señor nuestro, aquí nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos… Que tu conversación, cayendo en nuestra alma, inflame nuestra voluntad para que se lance fervorosamente a obedecerte».

Una de sus obras, Amigos de Dios, anima al lector a convertir cada tarea diaria en un diálogo de amor con el Señor, transformando la rutina en servicio y contemplación. Así buscamos la presencia de Dios en lo ordinario.

Caracterizada por su solemnidad, la liturgia del día de la Transfiguración está vestida de blanco, símbolo de la luz gloriosa de Cristo . Te dejamos el Evangelio del día para meditarlo.

Evangelio de San Mateo, Mt 17, 1-9

«Seis días después, Jesús se llevó con él a Pedro, a Santiago y a Juan su hermano, y los condujo a un monte alto, a ellos solos. Y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con él. Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús:

—Señor, qué bien estamos aquí; si quieres haré aquí tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando, cuando una nube de luz los cubrió y una voz desde la nube dijo:

—Este es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle.

Los discípulos al oírlo cayeron de bruces llenos de temor. Entonces se acercó Jesús y los tocó y les dijo:

—Levantaos y no tengáis miedo.

Al alzar sus ojos no vieron a nadie. Sólo a Jesús. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó:

—No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos».

Medita, contempla, reza en silencio (si puedes ante un Sagrario donde esté presente Nuestro Señor); revive la escena y decide con Jesús algún propósito y compromiso para mejorar en este día.

San Josemaría nos invita a esa contemplación en Santo Rosario, Apéndice, 4º misterio de Luz.

«Y se transfiguró ante ellos, de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la luz (Mt 17,2). ¡Jesús: verte, hablarte! ¡Permanecer así, contemplándote, abismado en la inmensidad de tu hermosura y no cesar nunca, nunca, en esa contemplación! ¡Oh, Cristo, quién te viera! ¡Quién te viera para quedar herido de amor a Ti!

Y una voz desde la nube dijo: Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco; escuchadle (Mt 17, 5). Señor nuestro, aquí nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos. Háblanos; estamos atentos a tu voz. Que tu conversación, cayendo en nuestra alma, inflame nuestra voluntad para que se lance fervorosamente a obedecerte.

“Vultum tuum, Domine, requiram” (Ps. 26, 8), buscaré, Señor, tu rostro. Me ilusiona cerrar los ojos, y pensar que llegará el momento, cuando Dios quiera, en que podré verle, no como en un espejo, y bajo imágenes oscuras... sino cara a cara (I Cor. 13, 12). Sí, mi corazón está sediento de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo vendré y veré la faz de Dios? (Ps. 41,3)».

Subir al monte Tabor no debe suponer una huida del mundo en el que vivimos; en tu día a día eleva el corazón para encontrarte con Cristo, Jesús “luz del mundo”, sostenido y fortalecido para abrazar su cruz y, en ella, descubrir la promesa de la futura gloria.

¿Es día de precepto la fiesta de la Transfiguración del Señor?

No, no es obligatorio ir a Misa el día de la Transfiguración del Señor. Si bien es una fiesta importante en la Iglesia católica, no es día de precepto, lo que significa que no es obligatorio asistir a Misa como los domingos y otras fiestas de guardar. 

La Fundación CARF invita a todas aquellas personas que quieran asistir a Misa en este día a que recen y pidan por las vocaciones sacerdotales, para que haya muchas, y sean vocaciones muy santas.


Bibliografía:

El Cura de Ars, patrono de los sacerdotes

San Juan María Vianney (1786-1859), conocido en todo el mundo como el Cura de Ars, es una de las figuras más impresionantes y luminosas del sacerdocio católico. Su vida fue una entrega total a Dios y a los fieles, una vocación vivida con humildad, sacrificio y amor ardiente por las almas.

Fue proclamado patrono de los párrocos y de todos los sacerdotes del mundo, no por sus dotes intelectuales ni por grandes hazañas humanas, sino por la profundidad de su santidad, su fervor pastoral y su fidelidad heroica a su ministerio.

En la Fundación CARF, que promueve la formación de futuros sacerdotes diocesanos en todo el mundo, su figura es fuente de inspiración continua. ¿Qué hace de este sencillo cura de pueblo un ejemplo universal? Te lo contamos a continuación.

Nacido en tiempos de persecución

Juan María Vianney nació el 8 de mayo de 1786 en Dardilly, un pequeño pueblo al sur de Francia, en una familia campesina profundamente cristiana. Su infancia estuvo marcada por la Revolución Francesa, un periodo en el que la práctica religiosa estaba perseguida y muchos sacerdotes celebraban Misa en la clandestinidad.

Desde muy joven, Juan María mostró un amor especial por la Eucaristía, la oración y los pobres. Asistía a Misa en lugares ocultos, acompañado de su madre, y admiraba profundamente a los sacerdotes que, a riesgo de su vida, seguían ejerciendo su ministerio. Aquella valentía sacerdotal sembró en él una semilla que germinaría en forma de vocación.

Un camino lleno de dificultades

A los 20 años, Juan María sintió con claridad la llamada al sacerdocio, pero su camino no fue fácil. Su escasa formación previa y sus dificultades con el latín hicieron que muchos consideraran inviable su ingreso en el seminario. No obstante, con la ayuda del abate M. Balley, párroco de Écully, logró prepararse y fue ordenado sacerdote en 1815, a los 29 años, por pura perseverancia y fe.

Nunca fue brillante en lo académico, pero sí lo fue en virtud, obediencia y celo pastoral. En su examen final, un superior dijo de él: «No sabe mucho, pero es piadoso; le dejamos en manos de Dios». Ese hombre 'sin grandes luces' sería más adelante faro de conversión para miles de personas.

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Vista de la localidad de Ars, con la Basílica en la que se venera el cuerpo de san Juan María Vianney. De Paul C. Maurice - [1], CC BY-SA 3.0 (Wikipedia).

Ars: un pequeño pueblo para una gran misión

En 1818 fue enviado como párroco a Ars, un diminuto y olvidado pueblo del sur de Francia. Tan solo contaba con 230 habitantes, en su mayoría alejados de la práctica religiosa. Muchos sacerdotes consideraban esos destinos como un castigo. Juan María, sin embargo, lo vio como un campo de misión.

Comenzó su labor pastoral con una vida de penitencia y oración. Ayunaba con frecuencia, pasaba largas horas ante el Santísimo Sacramento y dedicaba todo su tiempo a los fieles. Su humildad, cercanía y entrega fueron ganándose poco a poco el corazón de los habitantes de Ars.

Su predicación sencilla pero profunda, su amor por los pobres y su celo por la salvación de las almas hicieron que el pueblo comenzara a transformarse. Lo que parecía un rincón olvidado de Francia se convirtió en un centro espiritual al que acudían miles de personas.

El confesionario: trono de misericordia

Si hay algo que caracteriza al santo Cura de Ars es su ministerio incansable en el confesionario. Llegó a pasar entre 12 y 18 horas diarias confesando, sobre todo en los últimos años de su vida. A Ars acudían peregrinos de toda Francia y otros países, buscando la reconciliación con Dios.

Se calcula que, en los años de mayor afluencia, más de 80.000 personas al año se acercaban a Ars. La razón era sencilla: Juan María Vianney tenía un don especial para leer los corazones, aconsejar con ternura y mostrar la misericordia de Dios. Era un instrumento del Espíritu Santo para sanar las almas.

La Confesión no era para él una mera práctica sacramental, sino el lugar donde el amor de Dios se derramaba sobre sus hijos. Su vida en el confesionario era su martirio diario, y también su fuente de alegría.

Pobreza, mortificación y caridad

San Juan María Vianney vivió con extrema austeridad. Dormía poco, se alimentaba con lo justo y se privaba de cualquier comodidad. Todo lo ofrecía por la conversión de los pecadores. Su habitación era tan sencilla que muchos se sorprendían al visitarla.

Pero su verdadera riqueza era la caridad. Fundó el Providence, un orfanato para niñas sin recursos, y se volcó en atender a los más necesitados. Su amor era concreto, lleno de gestos pequeños y constantes.

A pesar de su fama creciente, nunca se envaneció. De hecho, pidió varias veces que le trasladaran a otra parroquia más alejada, pues se consideraba indigno de su misión. Sus superiores siempre le negaron ese deseo, conscientes del bien inmenso que hacía en Ars.

Tentaciones del demonio y ataques espirituales

Como todo gran santo, san Juan María Vianney fue objeto de tentaciones y ataques furibundos del demonio. Durante años sufrió fenómenos preternaturales en su casa: ruidos, gritos, muebles que se movían solos, incendios… El diablo intentaba amedrentarlo y apartarlo de su misión. Él, lejos de asustarse, ofrecía todo por la conversión de los pecadores.

Solía decir con humor: «El diablo y yo somos casi amigos, porque nos vemos todos los días». Su fortaleza espiritual fue fruto de una vida profundamente unida a Dios.

Una muerte santa y una herencia viva

El 4 de agosto de 1859, tras 41 años como párroco de Ars, san Juan María Vianney murió serenamente, rodeado del cariño de su pueblo. Tenía 73 años. Fue beatificado en 1905 y canonizado en 1925 por el papa Pío XI, quien lo proclamó patrono de los párrocos. En 2009, con motivo del 150 aniversario de su fallecimiento, el papa Benedicto XVI lo declaró patrono de todos los sacerdotes del mundo.

Su cuerpo incorrupto puede venerarse hoy en el santuario de Ars, que sigue recibiendo peregrinos de todo el mundo. Su figura sigue siendo una luz para la Iglesia y, especialmente, para los sacerdotes.

El modelo para seminaristas y sacerdotes

En un mundo que a veces pierde de vista lo esencial, la figura del santo Cura de Ars recuerda a los sacerdotes su verdadera identidad: ser hombres de Dios para los demás, instrumentos de su misericordia, pastores con olor a oveja, como decía el papa Francisco.

En la Fundación CARF, que apoya la formación de seminaristas y sacerdotes en los cinco continentes, la vida de san Juan María Vianney sirve de modelo y estímulo, como la de san Josemaría que se inspiró mucho en él, incluso le nombró Patrono del Opus Dei.

Muchos jóvenes de hoy –como él en su tiempo– encuentran dificultades para formarse, carecen de recursos o viven su vocación en ambientes adversos. Nuestra labor es ayudarles a que, como el Cura de Ars, lleguen a ser sacerdotes santos.

El cura de Ars y el fundador del Opus Dei

La fiesta de san Juan María Vianney se celebra el 4 de agosto. Y, como adelantábamos más arriba, san Josemaría acudió siempre con fe a la intercesión del Cura de Ars, patrono del clero secular.

Su primer viaje a la ciudad de Ars (Francia), para conocer los lugares donde san Juan María Vianney desempeñó su tarea pastoral y rezar ante sus restos, fue en 1953. Después regresó en numerosas ocasiones. Después, y siempre acompañado por don Álvaro del Portillo, regresó en 1955, 1956, 1958, 1959 y 1960. San Josemaría acudió siempre con fe a su intercesión y destacaba sus rasgos sacerdotales.

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San Josemaría, refiriéndose a la dedicación de los sacerdotes al sacramento de la Penitencia, les decía: «Sentaos en el confesonario todos los días, o por lo menos dos o tres veces a la semana, esperando allí a las almas como el pescador a los peces.

Al principio, quizá no venga nadie. Llevaos el breviario, un libro de lectura espiritual o algo para meditar. En los primeros días podréis; después vendrá una viejecita y le enseñaréis que no basta que ella sea buena, que debe traerse a los nietos pequeñines.

A los cuatro o cinco días vendrán dos chiquillas, y después un chicote, y luego un hombre, un poco a escondidas... Al cabo de dos meses no os dejarán vivir, ni podréis rezar nada en el confesonario, porque vuestras manos ungidas estarán, como las de Cristo –confundidas con ellas, porque sois Cristo– diciendo: yo te absuelvo». 

El poder de un sí

San Juan María Vianney no fue un gran teólogo ni un reformador eclesial. Fue, sencillamente, un sacerdote fiel a su vocación, un hombre enamorado de Cristo y de las almas. Su vida nos enseña que la santidad no está reservada a los sabios o a los fuertes, sino a los que confían en Dios y se entregan sin reservas.

Su testimonio sigue siendo actual y necesario. En cada seminarista que se forma con ayuda de la Fundación CARF hay una posibilidad de que surja un nuevo Cura de Ars. Porque lo que el mundo necesita no son solo buenos profesionales, sino santos sacerdotes.

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Oración en familia: cómo aprender a orar

Lo mejor de todo es que estos tiempos de intimidad nos acercan más entre nosotros y a Dios. «Oremos para que cada uno de nosotros pueda encontrar consuelo en una relación personal con Jesús, y desde su corazón, aprenda a tener compasión por el mundo», reza el Papa León XIV en inglés en su primera contribución a ‘The Pope video’, una reflexión mensual publicada por la Red Mundial de Oración del Papa. El verano siempre es buen momento para orar en familia; hacer oración todos juntos.

Importancia de la oración en la familia

Tener la oportunidad de crecer en un hogar donde la oración es parte del día a día es una hermosa bendición. Su importancia, radica en el ejemplo de padres a hijos. Aprender a orar en todas las estaciones de la vida junto con la familia fortalece la unión y los vínculos familiares.

La oración en familia brota de la escucha de Jesús, de la lectura y familiaridad con la Palabra de Dios. “La fe alcanza su mayor fecundidad cuando se vive en interacción con los demás, y en primer lugar con nuestro cónyuge y nuestros hijos, quienes, de hecho, forman nuestra primera comunidad de vida, nuestra Iglesia doméstica” (Cic, 1655).

Vivir la fe de forma concreta en el hogar implica que existan momentos de oración familiar, momentos de vivir los sacramentos juntos, sobre todo en la misa del domingo, que se pueden convertir en un auténtico ritual para disfrutar conjuntamente.

No es necesario realizar largas oraciones ni hacer actos de ostentación. Para orar en familia, pueden bastar las oraciones en la iglesia, hechas con devoción y constancia, sumando las intenciones familiares.  Los gestos sencillos de piedad, como bendecir la mesa, rezar antes de dormir o cuando se viaja, reafirman la presencia del Señor en el hogar.

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La unión de la oración en familia

Orar en familia es el fundamento mismo que la mantiene unida porque la familia que ora unida permanece unida. Este principio espiritual, que implica la oración en el interior del seno familiar es un factor de cambio muy importante, que ayuda a superar los momentos difíciles. Una familia que se enfoca en tomarse tiempo de oración tiene unos cimientos que podrán sacudirse a veces, pero que resistirá todo lo que venga en contra. Las familias que tienen puesta su mirada constantemente y de forma sincera en el Señor, con devoción y humildad, experimentan su gran providencia.

Jesucristo nos enseñó que "cuando hay dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mateo 17,19). Alabar a Dios, darle gracias y pedirle sus dones forma parte esencial de la vida de una familia cristiana.

Dios quiere una unidad derivada de Él. Es por eso que Pablo amonesta a la iglesia a ser uno (1 Corintios 1:10) Y es por eso también que Jesús enseña que el marido y la esposa son una sola carne. (Mateo 19:5) Estos mandamientos de Dios piden una entrega total. La familia, es una comunidad de fe, esperanza y caridad. Por eso le podemos llamar Iglesia doméstica. La familia cristiana es una comunión de personas, que reflejan la comunión que existe en Dios entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Las familias que oran juntas establecen una confianza entre ellos, aprenden a orar en comunidad y se ponen de acuerdo por medio de Jesús. Esta costumbre ayuda a traer unidad a la vida doméstica.

La familia es una Iglesia pequeña y nuestro ministerio empieza en casa. Cuidarla es cuidar de cada miembro que la integra, mostrarle el camino de Dios, guiarlos para crecer en el Señor, y prepararles para la vida adulta. La oración es un elemento importante en este proceso. Una familia que ora unida con el corazón por cada uno, orará con el corazón por el mundo.

Cuando Dios habita en una familia, la felicidad abunda en todos sus miembros.

El recogimiento familiar ayuda a cada uno

La educación en la fe y la catequesis de los hijos sitúan a la familia en el ámbito de la Iglesia como un verdadero sujeto de evangelización y de apostolado. Este año el Papa Francisco quiere reforzar la familia, especialmente por ello nombró el 2021 como año de la Familia. Y en CARF hemos reflexionado sobre los desafíos de la familia en el siglo XXI en los Encuentros de reflexión virtual.

Las familias y más concretamente los padres, tienen la libre facultad de escoger para sus hijos un determinado modelo de educación religiosa y moral, de acuerdo con las propias convicciones. Pero incluso cuando confían estos cometidos a instituciones eclesiásticas o a escuelas dirigidas por personal religioso, es necesario que su presencia educativa siga siendo constante y activa.

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Para su audiencia general del 26/08/2015 el Papa Francisco ha elegido hablar sobre la oración en familia. Ha explicado que es en la familia donde se aprende a orar y a pedir el don del Espíritu Santo. Ha dicho que el Evangelio meditado en familia es como un buen pan que alimenta el corazón y ha pedido a los padres que enseñen a los niños a hacer la señal de la Cruz.

Cómo orar en familia

Una parte importante de como orar en familia comienza por la lectura y la meditación compartidas de la Palabra de Dios, una muy buena oportunidad para crear una comunión familiar en torno a Cristo. Vivir la Palabra de Dios conlleva ponerla en práctica para el bien de los cónyuges y los niños, a través de la práctica personal de las virtudes, de la tolerancia, del perdón. La fe, fuente de amor, nos da la razón plena de amar a nuestra familia respetándola y mostrándonos generosos hacia ella.

La Biblia nos habla de esas familias de los primeros cristianos, la Iglesia doméstica, dice San Pablo (1 Cor 16, 19), a las que la luz del Evangelio daba nuevo impulso y nueva vida. El papa Francisco lo llama un “hogar de misión”, un hogar que realiza el encargo del Señor (Mt 28:19) difundiendo el Evangelio de la familia en torno a Él.

Ejemplo en la oración

En lo que concierne a los hijos, la mejor manera de que los padres les transmitan la fe es vivirla ellos mismos. No hay mejor catequesis para un niño que la imagen de sus padres unidos en la oración; una imagen así es más edificadora, profunda y duradera que las palabras. Es necesario que los hijos vean rezar a sus padres en el hogar.  Es vital que la oración en familia sea con devoción, que no se limite a las palabras, sino que se transforme en hechos y testimonios de fe, para que los niños aprenden a hacer los gestos, a repetir algunas fórmulas sencillas, algún canto, a estar en silencio hablando a Dios.

El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos, dice San Josemaría, aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramente piadosos, para poder transmitir, más que enseñar, esa piedad a los hijos, que comienza por la oración en familia

San Josemaría también hace hincapié en la singularidad de cada familia y promueve utilizar los propios métodos creativos para orar en familia y dar gracias a Dios. De este modo los integrantes se acostumbran a orar en todo momento, y tendrán herramientas para su salud espiritual y emocional.

En la familia la fe no debe permanecer como una palabra vacía o una postura, sino que ha de convertirse en una fuente de transformación que conduzca a desear y a hacer el bien a los demás.

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Cómo orar en familia con 2-7 años

Para el niño pequeño, la oración familiar suele ser la ocasión de una tierna intimidad con sus padres. Verles cómo dejan sus ocupaciones para prepararse a encontrar a Dios le indica la importancia de esta relación. Para iniciar un momento de oración con vuestro hijo, invitadlo a que se siente tranquilamente y que os mire, sin hablar, mientras encendéis una vela ante una imagen. Este gesto asociado al silencio le dará una cierta solemnidad a ese momento. Llevará de forma natural al niño a la interioridad. Después, se puede empezar a repasar su jornada, confiar un problema o dar gracias por las alegrías recibidas.

Cómo hacer oración en familia con 8-13 años

La catequesis completa la experiencia espiritual en familia, pero esta edad tienen una ternura particular en este momento sumamente familiar. El niño es receptivo y dispuesto, hablamos también de una edad de gracia desde el punto de vista espiritual. El rito posee una gran importancia, rezar un Padre Nuestro con él es una forma de enseñarle que más allá del grupo familiar hay otras muchas personas que rezan. Pero animadle también en su relación completamente personal con Dios. La lectura del evangelio le enseñará que puede confiar a Dios sus alegrías, sus penas e incluso su rabia.

Cómo rezar en familia con 14-16 años

Con los adolescentes, rezar en familia se vuelve más difícil. Su fe es más íntima y no les gusta manifestarla, la influencia de sus amigos se impone, muchas veces, sobre la de la familia. Ha llegado el tiempo de ocuparse de sus elecciones más que de imponer las nuestras.

Tengamos la humildad de aceptar que nuestros hijos no se sumen, o que lo hagan de forma diferente a nuestro modo de rezar. Ellos podrán rezar o cantar en la capilla con los de su edad, participar en una reunión de jóvenes cristianos, etc. Tanto si tienden al misticismo como si rechazan todo en bloque, habrán conocido el placer de la oración, y podrán volver a ella en cualquier momento de su vida. P. “¡Somos responsables de lo que sembramos, no de lo que crece!” Jean-Noël Bezançon.

Un rincón en casa para hacer oración

Buscar un lugar en tu casa de recogimiento ayuda a convertir tu hogar en una "iglesia doméstica". Sobre todo, para afrontar estos tiempos difíciles que vivimos mundialmente en la actualidad. Conviene buscar un lugar en nuestro hogar para establecer en él un clima de oración familiar. Este rincón facilita el recogimiento y llama a la oración. Es una potente herramienta para la oración familiar, aunque no está exclusivamente reservado a la oración colectiva porque cada uno y de forma individual podrá encontrar allí la calma y el silencio necesario para acercarse a Dios durante el día.

La permanencia de ese lugar en la casa recuerda a todos, a lo largo del día, el papel de la oración en nuestra vida, su importancia vital. El rincón para hacer oración en familia puede tener una luz que este permanentemente encendida delante del crucifijo o imagen de la Virgen para que se recuerde la presencia tranquilizadora de Dios.

También podemos adornarlo con flores frescas y agregar las peticiones familiares escritas. Sobre todo cuando tenemos niños pequeños estas actividades pueden hacerlos sentir participes de este rincón y del momento de oración familiar.

A pesar de lo complicado que es el tiempo en la familia (...) La oración nos permite encontrar la paz para las cosas necesarias. Papa Francisco, 2015.

Ejemplos de oraciones para la familia

El Papa Francisco. compuso esta oración con ocasión de la Fiesta de la Sagrada Familia. Este año 2021, el papa nos invita también ha rezar una novena en familia.

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;

que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
que el próximo Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

Rezar el Santo Rosario en familia

Los padres pueden ayudar a los hijos a descubrir la belleza de esta sencilla oración, quizá enseñándoles a rezar primero un solo misterio, luego dos y explicando el sentido de esta hermosa plegaria dirigida a la Madre de Dios y Madre de la Iglesia.

«¡Ojalá resurgiese la hermosa costumbre de rezar el Rosario en familia!»

La Iglesia ha querido conceder innumerables gracias e indulgencias cuando se reza el Santo Rosario en familia. Pongamos los medios necesarios para fomentar esta oración tan grata al Señor y a su Madre Santísima, y que es considerada como «una gran plegaria pública y universal frente a las necesidades ordinarias y extraordinarias de la Iglesia santa, de las naciones y del mundo entero». Es un buen soporte en el que se apoya la unidad familiar y la mejor ayuda para hacer frente a sus necesidades


Bibliografía:

25 de julio Santiago apóstol: ¿por qué celebrar?

Quien era Santiago apóstol

El apóstol Santiago es el hijo mayor de Zebedeo y María Salomé. Hermano de Juan, el Evangelista. Vivian en la ciudad de Betsaida, junto al Mar de Galilea, donde tenían una pequeña empresa de pesca.

El nombre de Santiago proviene de las palabras Sant Iacob, del hebreo Jacob. Durante las batallas los españoles solían gritar Sant Iacob, ayúdenos y al decirlo rápido repetitivamente sonaba a Santiago.

Después de presenciar la pesca milagrosa, al oír que Jesús les decía: "Desde ahora seréis pescadores de hombres", Santiago dejó sus redes, a su padre y a su empresa pesquera y se dispuso a seguir a Jesucristo.

Santiago el Mayor fue uno de los doce discípulos. Junto con Pedro y Juan, acompañaron a Jesús en momentos muy importantes de su vida. Tales como la Transfiguración del Señor que recordamos en el cuarto de los Misterios Luminosos, la pesca milagrosa y la oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, entre otros.

Los Hechos de los Apóstoles, relatan que Santiago fue el primer apóstol martirizado, degollado por orden de Herodes Agripa hacia el año 43 en Jerusalén.

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Santiago llegó hasta España a proclamar el Evangelio. La Catedral de Santiago de Compostela es su principal Santuario, donde están las reliquias del apóstol. Miles de personas peregrinan allí cada año, deseosas de recorrer el Camino de Compostela. A Santiago apóstol, se le representa vestido de peregrino o como un soldado montado en un caballo blanco en actitud de lucha.

En 1982, cuando san Juan Pablo II visitaba esta Catedral española, hizo un llamado a Europa a reavivar “aquellos valores auténticos” que proclamaba Santiago.

El apóstol Santiago es conocido también por haber preparado el camino para que la Virgen María sea reconocida como Pilar de la Iglesia.

El papa Francisco, en febrero de 2014, al reflexionar sobre los conflictos armados, señaló que Santiago nos da un consejo sencillo: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes”.

La importancia del apóstol Santiago en España

Pese a que desde el siglo IX los reyes de la reconquista reconocían a Santiago apóstol como su patrón, no fue hasta el siglo XVII cuando el patronato de España le fue concedido al santo.

El papa Urbano VIII, en 1630 declaro, bajo el reinado de Felipe IV, que Santiago apóstol fuera reconocido oficialmente como único patrón de España (que desde 1627 compartía con Santa Teresa de Jesús).

Esta decisión se hizo conjuntamente con el reconocimiento por parte de la Iglesia de que sus restos estaban enterrados en Compostela y estableciendo además que la festividad de Santiago apóstol se celebrara cada 25 de julio.

Desde 1646, por obra de Felipe IV, está institucionalizado el Voto de Santiago que consistía en una ofrenda por parte de los reyes, príncipes y del arzobispo de Compostela a la Catedral de Santiago cada 25 de julio. Esta ofrenda sigue teniendo lugar a día de hoy, aunque de forma simbólica, en una de las partes de la Misa de la celebración en el Día del Apóstol.

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"El Camino de Santiago despierta uno de los deseos más profundos del corazón del hombre, el anhelo de purificarse, de mejorar; en fin, el deseo de Dios". San Josemaría Escrivá  Imagen de Almudena Cuesta.

¿Cuándo es el día de Santiago?

Es el día 25 de julio cuando se celebra la festividad del apóstol Santiago y el día de Galicia. Esta es una celebración cristiana que tiene lugar en múltiples localidades españolas y puntos de todo el mundo.

Sin embargo, desde el final de la Dictadura en España, el Día del Apóstol no es festivo en todo el país, sino únicamente en las comunidades autónomas que así lo deciden cada año al configurar su calendario de fiestas, con la excepción de Galicia, que celebra su día grande, por lo que es festivo todos los años.

¿Qué celebramos y por qué el día de Santiago apóstol?

Este día celebramos la muerte del santo, su muerte por martirio, un final que junto a su carácter de discípulo muy próximo a Jesucristo le confiere su nombre de apóstol y de santo. Existen datos y referencias que señalan el año 44 como la fecha del martirio de Santiago, aun que la elección del día 25 de julio no parece basarse en ningún dato histórico.

En todo caso, la celebración del día de Santiago es una celebración muy antigua, una fiesta instaurada en Roma aproximadamente hacia el siglo X o XI cuando tenemos noticia de su celebración en la basílica romana de san Pedro.

Además, el día de Santiago se pueden conseguir indulgencias plenarias, es decir, la posibilidad de obtener el perdón de los pecados para los peregrinos o fieles. Para poder ganar el Jubileo, y obtener la indulgencia plenaria, se necesitan cumplir tres condiciones:

  1. Visitar la tumba del apóstol Santiago en la catedral. 
  2. Rezar una oración.
  3. Recibir el sacramento de la Confesión quince días antes o quince días después de visitar la tumba y comulgar.

¿Dónde se festeja el día de Santiago Apóstol?

Hoy día, en pleno siglo XXI, la fiesta del día de Santiago se celebra más que nunca en Galicia en la ciudad de Santiago de Compostela. Representa los aspectos religiosos y de perdón que unen y congregan en los diferentes espacios de la ciudad a peregrinos llegados de todos los rincones del mundo.

Durante el día 25, se realiza la celebración de La Santa Misa solemne en la catedral, en la que el rey o un delegado de la Casa Real hace la tradicional ofrenda al apóstol Santiago.

Dentro de la celebración actual están los magníficos fuegos artificiales que tienen lugar en la plaza del Obradoiro durante la noche del 24 que en los últimos años ha ido acompañándose de proyecciones y espectáculos audiovisuales sobre las fachadas de la catedral y otros edificios históricos de la plaza.

"...de Santiago podemos aprender muchas cosas:  la prontitud para acoger la llamada del Señor incluso cuando nos pide que dejemos la barca de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo al seguirlo por los caminos que él nos señala más allá de nuestra presunción ilusoria, la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida. (...) Siguiendo a Jesús como Santiago, sabemos, incluso en medio de las dificultades, que vamos por el buen camino."
Benedicto XVI, Audiencia General Junio 2006

Como surgió el Camino de Santiago

El apóstol Santiago es uno de los santos más importantes del cristianismo. Tras el descubrimiento de su sepulcro alrededor del año 813, donde descansan sus restos, numerosos cristianos del norte de la geografía comenzaron a peregrinar a lo que hoy es Santiago de Compostela para mostrar su devoción.

Esta costumbre se convirtió en tradición, expandiéndose el fenómeno del Camino de Santiago a toda Europa, por lo que la ciudad se convirtió en uno de los centros de peregrinación más importantes de la cristiandad, junto a Roma y Jerusalén.

Además los peregrinos a Compostela podían obtener el perdón general de todos sus pecados, un perdón que podía extenderse a todo el año cuando dicha fiesta coincidía en domingo, es decir, cuando era un Año Santo Compostelano.

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Oración para pedir la intercesión del apóstol el día de Santiago

Dios Todopoderoso y misericordioso,
que escogiste doce apóstoles para evangelizar al mundo entero.
Entre ellos, tres fueron favorecidos de manera especial por Tu Hijo Jesucristo,
quien se dignó a contar con el Apóstol Santiago en este selecto número.

 Que por su intercesión seamos dignos de obtener la gloria del Cielo,
donde Tú vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Santiago apóstol y Nuestra Señora del Pilar

Este santo tiene mucha relación con Zaragoza ya que se sabe que Santiago apóstol "llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro".

En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando "oyó voces de ángeles que cantaban Ave María, Gratia Plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol".

La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que "permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio".

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar de jade. El apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio. La Basílica de la Virgen del Pilar en Zaragoza

En honor del apóstol, una de las torres del Pilar, la puerta alta de la Plaza, lleva el nombre de Santiago. Además, Zaragoza es también una de las paradas del Camino de Santiago y cuenta con una iglesia con el nombre del apóstol: la Iglesia de Santiago el Mayor, donde se celebra la Santa Misa del día de Santiago.


Bibliografía: