Corpus Christi 2024: significado y qué se celebra

¿Qué es el día del Corpus Christi?

El Corpus Christi, en latín, Cuerpo de Cristo, es una de las festividades de la Iglesia Católica más importantes porque celebramos la presencia de Cristo en la eucaristía. Ese día, los fieles aclamamos la institución de la eucaristía, que tuvo lugar el Jueves Santo, durante la última cena. Cuando Jesucristo convirtió el pan y el vino en su cuerpo y sangre, e invitó a los apóstoles a comulgar con él.

Proclamamos y reforzamos nuestra fe en la presencia de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, dándole pública adoración. Es por ello que las celebraciones de la fiesta del Corpus incluyen procesiones en las calles y lugares públicos en las cuales, el cuerpo de Cristo, es exhibido y acompañado por multitudes de fieles.

¿Cuándo es?

El Corpus Christi, es una festividad móvil de la religión católica, contemplada en el calendario litúrgico. Como tal, se celebra sesenta días después del Domingo de Resurrección. Se celebra el jueves siguiente a la solemnidad de la Santísima Trinidad, la cual se lleva a cabo el domingo siguiente a Pentecostés.

Así, la fiesta de Corpus es el jueves siguiente al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera en el hemisferio norte, y de otoño, en el sur. El Corpus Christi 2024 se celebrará este jueves 30 de mayo.

Corpus Christi, su significado

¿Qué es el Corpus Christi y cuál es su finalidad? San Josemaría Escrivá de Balaguer nos recuerda que en la fiesta del Corpus, los cristianos meditamos juntos la profundidad del amor del Señor, que le ha llevado a quedarse oculto bajo las especies sacramentales.

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«Me gustaría que, al considerar todo eso, tomáramos conciencia de nuestra misión de cristianos, volviéramos los ojos hacia la Sagrada Eucaristía, hacia Jesús que, presente entre nosotros, nos ha constituido como miembros suyos, vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros unidos a otros miembros. Nuestro Dios ha decidido permanecer en el Sagrario para alimentarnos, para fortalecernos, para divinizarnos, para dar eficacia a nuestra tarea y a nuestro esfuerzo. Jesús es simultáneamente el sembrador, la semilla y el fruto de la siembra: el Pan de vida eterna».

Y continua: «Este milagro, continuamente renovado, de la Sagrada Eucaristía, tiene todas las características de la manera de actuar de Jesús. Perfecto Dios y perfecto hombre, Señor de cielos y tierra, se nos ofrece como sustento, del modo más natural y ordinario. Así espera nuestro amor, desde hace casi dos mil años. Es mucho tiempo y no es mucho tiempo: porque, cuando hay amor, los días vuelan».

«Para mí el Sagrario ha sido siempre Betania, el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo».

Homilía sobre la devoción al Santísimo Sacramento, del 28 de mayo de 1964. San Josemaría en la fiesta del Corpus Christi.

Origen de la fiesta del Corpus Christi

La celebración surgió durante el siglo XIII. En la Abadía de Cornillón, su priora, santa Juliana, tenía gran devoción por el Santísimo Sacramento. Un día obtuvo permiso para hacer una celebración especial en su honor que pronto se extendió a toda Alemania.

Así, la primera celebración del Corpus tuvo lugar en 1246 en la ciudad de Lieja, en la actual Bélgica.

Casi 20 años después, en 1263. En la ciudad de Bolsena (Italia), se produjo el llamado milagro de Bolsena, donde un sacerdote, que celebraba la Santa Misa, al pronunciar éste las palabras de consagración, de la sagrada hostia comenzó a brotar sangre.

El papa Urbano IV instituyó la fiesta del Corpus en 1264 se través de la bula Transitururs de hoc mundo, donde se establecía que se celebrara el jueves después de la octava de Pentecostés.

Es por ello por lo que el Corpus Christi no se celebra siempre el mismo día. El día de la celebración siempre era en jueves, pero, a partir de 1990, al dejar de ser festivo este día, se trasladó la festividad al domingo. De hecho, pese a que la solemnidad litúrgica sea el domingo, diversas localidades celebran todavía la procesión el jueves. La de Toledo, en España, es de las más espectaculares y cuidadas procesiones. 

Para tal solemnidad le fue encargado a santo Tomás de Aquino la preparación de los textos para el Oficio y Santa Misa del día, incluyéndose himnos como el Pange Lingua, como el Tantum Ergo, el Panis angélicus o el Adoro te devote.

Más tarde, en el Concilio de Vienne de 1311 el papa Clemente V regula el cortejo procesional en el interior de los templos, y será el papa Nicolás V quién realizará, en el año 1447, la procesión con el Santísimo Sacramento por las calles de Roma.

Posteriormente, el Concilio de Trento, celebrado 1551 se aprobó el decreto Sobre el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. En él, se reconoce la importancia de celebrar y venerar el Santísimo Sacramento del altar durante la fiesta del Corpus.

«Ensanchemos nuestro corazón». 

Papa Francisco, Fiesta del Corpus Christi de 2021.

Las procesiones

«Como celebración peculiar de esta solemnidad, está la procesión nacida de la piedad de la Iglesia; en ella el pueblo cristiano, llevando la Eucaristía, recorre las calles con un rito solemne, con cantos y oraciones, y así rinde público testimonio de fe y piedad hacia este sacramento». Canon 386 del Ceremonial de los Obispos.

Aunque la bula no hablaba de ningún desfile, pronto se empezó a coronar la fiesta con una procesión en la que se saca a la calle la hostia consagrada en una custodia. Las primeras procesiones se celebraron en Colonia (Alemania), París (Francia) y las ciudades italianas de Génova, Milán y Roma. En España, las procesiones de Ponteareas y Toledo son de Interés Turístico internacional.

Corpus Christi en España

En nuestro país, la celebración del Corpus ha tenido y tiene especial arraigo. Numerosas ciudades lo celebran con solemnidad, a la procesión con el Santísimo se unen festejos populares que hacen de esta fiesta un momento muy importante del año.

La procesión reviste especial solemnidad las calles, se engalanan con adornos en balcones y alfombras de plantas aromáticas; se levantan altares en el recorrido de la procesión, incluso las paredes de las catedrales se revisten de tapices.

Acompañando al Santísimo van los miembros del clero, los fieles y hermanos de cofradías y hermandades, los miembros de la Adoración Nocturna, los niños que han recibido la Primera Comunión ese año y, junto a todos ellos, las autoridades civiles y militares, e incluso las instituciones académicas.

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Corpus Christi en Sevilla y Guadix

En algunas ciudades como Sevilla o Guadix (Granada) estarán presentes también los seises, un grupo de niños que danzan delante del Santísimo durante la procesión.

Una vez más, el arte popular se hace presente por medio de múltiples elementos en torno a esta solemnidad, especialmente por las custodias. Esta pieza, realizada en oro, plata u otro metal noble, sirve para colocar en ella al Santísimo Sacramento y ser expuesto así para la veneración y adoración de los fieles. Muchas de ellas están enmarcadas en un templete o trono que facilita su traslado en la procesión. Son elementos de gran valor artístico y material, destacando entre muchas, las de Toledo, Córdoba, Sevilla y Baeza.

Como curiosidad hay una ciudad con ese nombre en Estados Unidos: Corpus Christi, Texas.


Bibliografia

OpusDei.org
Turismocastillalamancha.es
Diocesisdehuelva.es
Catedraldesantiago.es

¿Quién es el Espíritu Santo y cuáles son sus dones? Invocación al Espíritu Santo

 
Los cristianos en el Credo profesamos la fe en el Espíritu Santo, que es Dios, «Señor y dador de vida». Él es la fuente inagotable de la vida divina en nosotros. Él es «el agua viva» que Jesús prometió a la Samaritana para saciar para siempre la sed, para colmar los anhelos más profundos y más altos del corazón humano. Porque Jesús ha «venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10,10)

¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo que es una de las tres personas de la Santísima Trinidad. Procede del Padre y del Hijo. Cristo lo ha derramado en nuestro corazón, para hacernos hijos de Dios y para que nuestra vida sea guiada, animada y alimentada por él.

Esto es precisamente lo que entendemos al decir que el cristiano es un hombre espiritual: una persona que piensa y actúa siguiendo al Espíritu Santo que es su inspiración.

Pero al adorar a la Santísima Trinidad vivificante, consubstancial e indivisible, la fe de la Iglesia profesa también la distinción de las Personas. Cuando el Padre envía su Verbo, envía también su Aliento: misión conjunta en la que las personas de la Santisima Trinidad son distintas pero inseparables. Sin ninguna duda, Cristo es quien se manifiesta, imagen visible de Dios invisible, pero es el Espíritu Santo quien lo revela. Catecismo de la Iglesia Católica 687-689

La venida de Espíritu Santo

Lo narra san Lucas en los Hechos de los Apóstoles, en los capítulos 1 y 2. Antes de la Ascensión, Jesús había mandado a los discípulos “que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, -les dijo- pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Cuando haya venido sobre vosotros, seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta los confines de la tierra”.

Unos días después, sigue narrando san Lucas, "cuando estaban todos juntos, de repente, vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y se llenaron todos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas”.

En este día se revela plenamente la Santísima Trinidad y a partir de ese momento el Reino anunciado por Cristo está abierto a todos los que creen en Él.

La misión del Espíritu Santo

Jesús no revela plenamente el Espíritu Santo hasta después de su Resurrección. Sin embargo, lo sugiere poco a poco, incluso en su enseñanza a la muchedumbre, cuando revela que su Carne será alimento para la vida del mundo. Lo sugiere también a Nicodemo, a la Samaritana y a los que participan en la fiesta de los Tabernáculos.

A sus discípulos les habla de él abiertamente apropósito de la oración: lo recoge san Lucas en el versículo 11 de su Evangelio: "Si vosotros que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan”.

Y cuando les explica el testimonio que tendrán que dar dice: "Cuando seáis arrestados, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni cómo habéis de hablar. Llegado ese momento, se os comunicará lo que tengáis que decir. Pues no series vosotros los que hablareis, sino el Espíritu del Padre el que hablará por vosotros”. Catecismo de la Iglesia Católica 689-690

El Paráclito que es Dios mismo que se entrega a nosotros para hacernos partícipes de su naturaleza divina. Actúa en nosotros dándonos consolación interior, que podemos experimentar como aumento de fe, esperanza, caridad, paz o alegría que nos atrae hacia Él.

"Nadie puede decir: '¡Jesús es Señor!' sino por influjo del Espíritu Santo", dice san Pablo en la Epístola a los Corintios. Y en la Epístola a los Gálatas: "Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama ¡Abbá, Padre!".

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El Espíritu Santo y la Virgen María

Él preparó a María con su gracia. María, "llena de gracia" la Madre de Aquel en quien "reside toda la plenitud de la divinidad corporalmente".

En María la Divina Gracias realiza el designio benevolente del Padre. La Virgen concibe y da a luz al Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo. Su virginidad se convierte en fecundidad única por medio del poder del Espíritu y de la fe.

En fin, por medio de María, el Espíritu Santo comienza a poner en comunión con Cristo a los hombres "objeto del amor benevolente de Dios". Catecismo de la Iglesia Católica 721-726

El Espíritu Santo en la vida del cristiano

El conocimiento de fe no es posible sino en la Divina Gracia. Para entrar en contacto con Cristo, es necesario primeramente haber sido atraído por la Divina Gracia. Él, con la Trinidad Beatísima viene a inhabitar en el alma por el sacramento del Bautismo. El Espíritu Santo con su gracia es el "primero" que nos despierta en la fe y nos inicia en la vida nueva que supone conocer al único Dios verdadero, y a su enviado, Jesucristo. Catecismo de la Iglesia Católica 737-742

No se puede vivir una vida cristiana sin la Divina Gracia, pues es nuestro compañero y protagonista de nuestras vidas, aseguró el Papa Francisco durante la homilía en la capilla de la Casa de Santa Marta.

“No se puede caminar en una vida cristiana sin el Espíritu Santo”, ha señalado el Papa Francisco, y ha añadido que pidamos al Señor la gracia de entender dicho mensaje, porque “Él es nuestro compañero en el camino”.

El Santo Padre explica que sin el Espíritu Santo que es la fuerza no podemos hacer nada: el Espíritu “nos hace resucitar de nuestros límites, de nuestros muertos, porque tenemos tantas, tantas necrosis en nuestra vida, en nuestra alma”. Por tanto es necesario que los cristianos le hagamos un sitio en nuestra existencia.

Además, el Papa subrayó que una vida cristiana que no reserva espacio para el Espíritu Santo ni se deja guiar por Él “es una vida pagana, disfrazada de cristiana. Él es el protagonista de la vida cristiana, el Espíritu que está con nosotros, nos acompaña, nos transforma, nos vence”.

Francisco ha hecho un llamo en Santa Marta para que todos los católicos seamos conscientes “de que no podemos ser cristianos sin caminar con el Espíritu Santo, sin actuar con Él, sin dejar que Él sea el protagonista de nuestras vidas”.

 
 
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El Papa Francisco explica la fe en el Espíritu Santo. 
Audiencia general: Catequesis del papa Francisco en el Año de la Fe.

Los símbolos del Espíritu Santo en la Iglesia

El agua del Bautismo significa la acción del la Divina Gracias en el alma.

El fuego porque en forma de lenguas "como de fuego" se posó el Espíritu sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de El.

La Paloma porque cuando Cristo sale del agua de su bautismo, el Espíritu Santo, en forma de paloma, baja y se posa sobre Él.

Una invocación al Espíritu Santo

El término "Espíritu" traduce el término hebreo Ruah, que en su primera acepción significa soplo, aire, viento.

Jesús, cuando anuncia y promete la Venida del Espíritu Santo, le llama el "Paráclito" que se traduce habitualmente por "Consolador". También lo llama "Espíritu de Verdad".

San Pablo se refiere a Él como el Espíritu de la promesa, el Espíritu de adopción, el Espíritu de Cristo, el Espíritu del Señor, el Espíritu de Dios, y en San Pedro, el Espíritu de gloria.

Por otra parte, la iglesia considera Espíritu y Santo como atributos divinos comunes a las Tres Personas divinas. Pero, uniendo ambos términos, la Escritura, la liturgia y el lenguaje teológico designan la persona inefable del Paráclito, sin equívoco posible con los demás. El misterio de la cruz de Cristo y con ello el sentido cristiano del sufrimiento, se iluminan al considerar que es el Espíritu Santo el que nos une en el Cuerpo místico (la Iglesia)

En 1971 San Josemaría compuso la invocación a la Divina Gracia, que después se ha renovado cada año en todos los centros del Opus Dei en la solemnidad de Pentecostés.

Ven, Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles,
y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía tu Espíritu Creador
y renueva la faz de la tierra.

Oh Dios,
que has iluminado los corazones de tus hijos
con la luz del Espíritu Santo;
haznos dóciles a sus inspiraciones
para gustar siempre el bien
y gozar de su consuelo.

Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

Los dones del Espíritu Santo

Los dones del Espíritu Santo infundidos en el alma del cristiano llevan a la perfección las virtudes y hacen a los fieles dóciles para seguir con prontitud y amor, en su actuar diario, las inspiraciones divinas. Catecismo de la Iglesia Católica 1830-1831. Sus dones vienen dados con el Sacramento del Bautismo y se refuerzan en la Confirmación, pero debemos desarrollarlos durante toda nuestra vida cristiana.

De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica, los sus dones son siete: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Estos sostienen la vida moral del cristiano y lo hacen dócil y sensible a la voluntad de Dios.

San Pablo dice que la existencia del cristiano es animada por la Divina Gracia y rica de sus frutos, que son: «Amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí» (Ga 5,22-23).

El don precioso del Espíritu Santo es la vida misma de Dios, en cuanto verdaderos hijos suyos por su adopción.

"Frecuenta el trato del Espíritu Santo...No olvides que eres templo de Dios. El Paráclito está en el centro de tu alma: óyele y atiende dócilmente sus inspiraciones."

Camino, 57, san Josemaría.

Don de Consejo

En el momento en el que lo acogemos y lo albergamos en nuestro corazón, el Espíritu Santo comienza a hacernos sensibles a su voz y a orientar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras intenciones según el corazón de Dios.

Nos conduce a dirigir nuestra mirada interior hacia Jesús, como modelo de nuestro modo de actuar y de relacionarnos con Dios Padre y con nuestros hermanos.

Don de Entendimiento

Este don del Espíritu Santo está relacionado con la fe. Cuando el Espíritu Divino habita en nuestro corazón e ilumina nuestra mente, nos hace crecer día a día en la comprensión de lo que el Señor ha dicho y ha realizado.

Comprender las enseñanzas de Jesús, comprender el Evangelio, comprender la Palabra de Dios.

Don de Sabiduría

La sabiduría como la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios: ver el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios.

Don de Fortaleza

Son muchos los hombres y mujeres que honran a nuestra Iglesia, porque son fuertes al llevar adelante su vida, su familia, su trabajo y su fe. Demos gracias al Señor por estos cristianos que viven una santidad oculta: es el Espíritu Santo quien les conduce.

Don de Ciencia

En el Génesis se pone de relieve que Dios se complace de su Creación, subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa. Al término de cada jornada, está escrito: Y vio Dios que era bueno.

Si Dios ve que la Creación es una cosa buena, es algo hermoso, también nosotros debemos asumir esta actitud. He aquí el don de ciencia que nos hace ver esta belleza; alabemos a Dios, démosle gracias por habernos dado tanta belleza.

Don de Piedad

Este don indica nuestra pertenencia a Dios y nuestro vínculo profundo con Él, un vínculo que da sentido a toda nuestra vida y que nos mantiene firmes, en comunión con Él, incluso en los momentos más difíciles y tormentosos.

Se trata de una relación vivida con el corazón: es nuestra amistad con Dios, que nos dona Jesús, una amistad que cambia nuestra vida y nos llena de entusiasmo, de alegría.

Don de Temor de Dios

Es el don del Espíritu que nos recuerda cuán pequeños somos ante Dios y su amor, y que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, con respeto y confianza en sus manos. Esto es el temor de Dios: el abandono en la bondad de nuestro Padre que nos quiere mucho.

Acudamos al Espíritu Santo

Es el guía que nos conduce por la senda del bien en la vida cotidiana es el Espíritu Santo. Dependemos de su obra para vivir según la Palabra, para comprenderla, para orientar nuestro caminar en la senda de la santidad, para actuar con justicia. Él nos llena de amor, de paciencia, de paz, de alegría, de bondad, de mansedumbre, de benignidad, nos da la fe.


Bibliografía

Catecismo de la Iglesia Católica.
OpusDei.org.
RomeReports

Mayo es el mes de la Virgen María: conoce por qué

La Iglesia concede este mes a María para conocerla y amarla más. En Europa, mayo es el mes de las flores, de la primavera.  Este es un mes ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza de la naturaleza. Precisamente por esto, todo lo que nos rodea nos debe recordar a nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.

"De una manera espontánea, natural, surge en nosotros el deseo de tratar a la Madre de Dios, que es también Madre nuestra. De tratarla como se trata a una persona viva: porque sobre Ella no ha triunfado la muerte, sino que está en cuerpo y alma junto a Dios Padre, junto a su Hijo, junto al Espíritu Santo. Para comprender el papel que María desempeña en la vida cristiana, para sentirnos atraídos hacia Ella, para buscar su amable compañía con filial afecto, no hacen falta grandes disquisiciones, aunque el misterio de la Maternidad divina tiene una riqueza de contenido sobre el que nunca reflexionaremos bastante."
Es Cristo que pasa, 142

María, signo del amor de Dios. ¿por qué mayo es el mes de la virgen?

Esta costumbre cristiana lleva dos siglos en vigor y coincide con el comienzo de la primavera y el fin del invierno. El "triunfo de la vida" que simboliza la primavera es uno de los motivos por los que se sitúa en mayo el mes de la Virgen, Madre de la Vida, de Jesús. Esa belleza de la naturaleza también nos habla de María, de su belleza interior y de su virtud.

En la antigua Grecia, el mes mayo era dedicado a Artemisa, la diosa de la fecundidad. Algo similar sucedía en la antigua Roma pues mayo era dedicado a Flora, la diosa de la vegetación. En aquella época celebraban los ludi florals o los juegos florales a finales de abril y pedían su intercesión.

Posteriormente, en la época medieval abundaron costumbres similares, todo centrado en la llegada del buen tiempo y el alejamiento del invierno. El 1 de mayo era considerado como el apogeo de la primavera.

Antes del siglo XII se celebraba la fiesta de "La devoción de los treinta días a María" o Tricesimum, que tenía lugar entre la segunda quincena de agosto y los primeros 14 días de septiembre.

La idea del mes de mayo, mes de María se remonta al tiempo barroco o siglo XVII. Este incluía treinta ejercicios espirituales diarios en honor a la Madre de Dios. Esta costumbre se extendió sobre todo durante el siglo XIX y se practica hasta hoy, haciendo que esta celebración cuente con devociones especiales organizadas cada día durante todo el mes.

Festejar este mes de mayo es más que una tradición cristiana, es un homenaje y una acción de gracias hacia quien es Nuestra Madre. Se le pueden ofrecer muchas y variados detalles. Entre los más comunes están, la oración en familia, el rezo del Rosario, las ofrendas florales y la meditación de sus dogmas.

 
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Mayo mes de la Virgen María: El Fundador del Opus Dei explica cómo puede ser nuestro amor a la Virgen.

La devoción a la Virgen María en el mes de mayo

Las formas en que María es honrada en mayo son tan variadas como las personas y las costumbres de quienes la honran. Es común que las parroquias tengan en mayo un rezo diario del Santo Rosario y muchas erijan un altar especial con una estatua o imagen de María.

Además, se trata de una larga tradición el coronar su estatua, una costumbre conocida como la Coronación de Mayo. A menudo, la corona está hecha de hermosas flores que representan la belleza y la virtud de María y también es un recordatorio a los fieles para esforzarse en imitar sus virtudes. Esta coronación es en algunas áreas una gran celebración y, por lo general, se lleva a cabo fuera de la Misa.

Los altares y coronaciones en este mes no son solo privilegios de la parroquia. En los hogares también se puede participar plenamente en la vida de la Iglesia. Debemos darle un lugar especial a María no porque sea una tradición o por las gracias especiales que se pueden obtener, sino porque María es nuestra Madre, la madre de todo el mundo y porque se preocupa por todos nosotros, intercediendo incluso en los asuntos más pequeños.

¿Cómo se comportan un hijo con su madre?

“¿Cómo se comportan un hijo o una hija normales con su madre? De mil maneras, pero siempre con cariño y con confianza. Con un cariño que discurrirá en cada caso por cauces determinados, nacidos de la vida misma, que no son nunca algo frío, sino costumbres entrañables de hogar, pequeños detalles diarios, que el hijo necesita tener con su madre y que la madre echa de menos si el hijo alguna vez los olvida: un beso o una caricia al salir o al volver a casa, un pequeño obsequio, unas palabras expresivas."

"En nuestras relaciones con Nuestra Madre del Cielo hay también esas normas de piedad filial, que son el cauce de nuestro comportamiento habitual con Ella. Muchos cristianos hacen propia la costumbre antigua del escapulario; o han adquirido el hábito de saludar —no hace falta la palabra, el pensamiento basta— las imágenes de María que hay en todo hogar cristiano o que adornan las calles de tantas ciudades; o viven esa oración maravillosa que es el santo rosario, en el que el alma no se cansa de decir siempre las mismas cosas, como no se cansan los enamorados cuando se quieren, y en el que se aprende a revivir los momentos centrales de la vida del Señor; o acostumbran dedicar a la Señora un día de la semana —precisamente este mismo en que estamos ahora reunidos: el sábado—, ofreciéndole alguna pequeña delicadeza y meditando más especialmente en su maternidad.” San Josemaría. Es Cristo que pasa, 142.

mayo mes de la virgen maría

Manifestar el amor a María

"Hay muchas otras devociones marianas que no es necesario recordar aquí ahora. No tienen por qué estar incorporadas todas a la vida de cada cristiano —crecer en vida sobrenatural es algo muy distinto del mero ir amontonando devociones—, pero debo afirmar al mismo tiempo que no posee la plenitud de la fe quien no vive alguna de ellas, quien no manifiesta de algún modo su amor a María.

"Los que consideran superadas las devociones a la Virgen Santísima, dan señales de que han perdido el hondo sentido cristiano que encierran, de que han olvidado la fuente de donde nacen: la fe en la voluntad salvadora de Dios Padre, el amor a Dios Hijo que se hizo realmente hombre y nació de una mujer, la confianza en Dios Espíritu Santo que nos santifica con su gracia. Es Dios quien nos ha dado a María, y no tenemos derecho a rechazarla, sino que hemos de acudir a Ella con amor y con alegría de hijos. San Josemaría. Es Cristo que pasa, 142

¿Quieres amar a la Virgen? —Pues, ¡trátala! ¿Cómo? —Rezando bien el Rosario de nuestra Señora.
San Josemaría.

Para aprovechar el mes de mayo

La Santísima Virgen María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.

María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer sencilla; generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida. Todas estas virtudes son ejemplo de vida para nosotros los cristianos, queremos vivir como dignos hijos suyos por eso seguimos su ejemplo.

¿Qué se acostumbra hacer este mes?

Recordar las apariciones de la Virgen. Son muchas y todas muy especiales. La Virgen María entrega su mensaje directamente, todos, están relacionados con el amor que Ella nos tiene a todos nosotros, sus hijos.

Reflexionar en las principales virtudes de la Virgen María.

  • Su inmaculada concepción: la Virgen María nació sin pecado original porque iba a ser madre de Cristo.
  • Como vivió su maternidad divina: María es madre de Jesucristo, en la tierra. ¿Cómo era un día en el vida de la Virgen?
  • Su perpetua virginidad: María concibió por obra del Espíritu Santo.
  • La Asunción de la Virgen a los cielos: Ella, al final de su vida, fue subida en cuerpo y alma al Cielo.

Vivir una devoción real y verdadera a María. Mirar a María como a una madre. Hablarle de todo lo que nos pasa: lo bueno y lo malo. Saber acudir a ella en todo momento. Meditar los 7 dolores de la Virgen, esos momentos de la vida de la Virgen María en donde estaba unida a Jesús de un modo particular y que le permitió compartir la profundidad del dolor de su Hijo y el amor de su sacrificio.

Imitar sus virtudes: Esta es la mejor manera de demostrarle nuestro amor. Demostrarle nuestro cariño: Hacer lo que ella espera de nosotros y recordarla a lo largo del día.

Confiar plenamente en ella: Porque es La Virgen María quien intercede ante Jesús por nuestras dificultades. Todas las gracias que Jesús nos da, pasan por las manos de María.

Varias oraciones Marianas

Tratar a María es una buena forma de acercarse a su Hijo. Realizar oración en familia, especialmente las oraciones dedicadas a la Santisima Virgen María.

Los cristianos contamos con bellas oraciones desdicadas a la Virgen María, también son muchas las canciones para honrarla, que nos ayudan a recordar el inmenso amor de nuestra madre a nosotros, sus hijos.

  • Rezar con el corazón, solos o en compañía, el Santo Rosario. Meditando los misterios que recorren muchos de los momentos importantes de María:
    Misterios Gozosos: Lunes y sábados
    Misterios Dolorosos: Martes y viernes
    Misterios Luminosos: Jueves
    Misterios Gloriosos: Domingos y miércoles

Rezar el Ángelus (que se acostumbra a rezar a mediodía),el Regina Coeli o la Consagración a María. Entre otras oraciones. También puedes dedicar una Novena a la Virgen para pedirle un favor especial o darle las gracias.


Bibliografía:

OpusDei.org

9 puntos de educación de la moral cristiana

El Catecismo de la Iglesia Católica explica que la moral cristiana responde a la vocación del hombre: la vida en el espíritu. Ahí se pone de relieve a la vez la alegría y las exigencias que comporta este camino a la vida y a nuestra educación moral.

La educación para la moral cristiana forma parte de la catequesis en su sentido originario como formación de la vida cristiana en todas las edades y no solo para los niños. La moral cristiana tiene unas características que se deducen no solo de la ética o moral racional, sino también específicamente del anuncio de Cristo (kerygma) y del Reino de Dios a través de la misión de la Iglesia (1).

Las características de la educación moral cristiana, según las expone el Catecismo de la Iglesia Católica (nn. 1691-1698), pueden resumirse en los siguientes puntos:

Vida nueva en Cristo por el Espíritu Santo

1. La educación de la fe para la vida en Cristo. Esa vida es participación de la vida misma de Dios, gracias al Espíritu Santo, que es "Espíritu de Cristo". La obra de Cristo nos cura y restituye la imagen y semejanza de Dios perdida por el pecado. 

A partir del bautismo, que nos hace abandonar el “hombre viejo” y renacer en Cristo, tenemos la semilla de una vida humana plena –lo que llamamos vida de la gracia–, que tiene sus propias reglas y normas. Por eso la pila bautismal presenta a veces la forma de un útero materno: el bautismo nos hace renacer con Cristo en el seno de la Iglesia.

2. La educación de la moral cristiana destaca, por tanto, el papel del Espíritu Santo, consolador y huésped del alma, luz y origen de sus dones que elevan la naturaleza humana al orden de la gracia. Es realmente una vida nueva en Cristo por el Espíritu Santo, una vida que es participación de la vida divina, una “vida deiforme”.

Para ello el Espíritu Santo otorga sus dones (sabiduría y entendimiento, consejo y fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) que abrazan todo nuestro ser, elevando la naturaleza al orden de la gracia. Estos dones producen los “frutos del Espíritu” (“caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (Ga 5, 22-23, edición Vulgata, Catecismo de la Iglesia Católica, 1832) y las obras que corresponden a las bienaventuranzas (ver más adelante).

Educación para la vida de la gracia y las bienaventuranzas

3. Como estamos viendo, la educación moral cristiana es educación para la vida de la gracia, y no solo para un comportamiento ético a nivel racional. El horizonte de la vida cristiana es el de la configuración con Cristo, esto es interiormente “hacerse a la forma” de Cristo. En otras palabras, la plenitud de la vida moral es la santidad, en unión con la voluntad de Dios.

Para esto el cristiano “pierde la propia vida” por Jesús, secundando la obra redentora de la Trinidad que se nos da por entero. Todo esto sucede a partir del bautismo, que nos inserta en la dinámica del Espíritu Santo: una dinámica de amor, que lleva a querer ardientemente el bien y no cualquier bien, sino el bien en la perspectiva de la vida de Cristo. La vida de la gracia se desarrolla a partir del bautismo, con los sacramentos, la oración y todo el obrar del cristiano.

4. La educación moral cristiana es también una educación sobre las Bienaventuranzas. El justo (o el santo) es feliz con la felicidad que proviene de adherirse a Dios. El verdadero discípulo es el que escoge libremente este camino de las bienaventuranzas, que son el “rostro de Cristo”.

Son garantía de una felicidad “paradójica”, pues no solo ofrecen la felicidad al hombre, sino que la garantizan para los pobres de espíritu, los mansos y los afligidos, los hambrientos de justicia y los misericordiosos, los hacedores de la paz y los perseguidos por causa de Cristo (cf. Mt 5, 3-11).

Educación sobre el pecado y sobre el perdón

5. La educación moral cristiana es una educación sobre el pecado Educación sobre el pecado y sobre el perdóny sobre el perdón. El pecado es perdición porque supone, desde el corazón del hombre, una ofensa a Dios y al prójimo, al lesionar el orden del amor. Con el pecado vienen las “obras de la carne” (cf. Ga 5, 19-21) que se oponen a los frutos del Espíritu.

Por tanto, el pecado –y todos somos pecadores– necesita de la conversión: acogerse a la misericordia de Dios para alcanzar la salvación, que viene con el perdón de los pecados y la victoria definitiva sobre las consecuencias del pecado que son el dolor y la muerte eterna.

Nadie se salva a sí mismo, por sus propios conocimientos o esfuerzos, ni tampoco puede salvarse el hombre en conjunto con otros hombres sin contar con Dios. Acoger la misericordia de Dios nos hace misericordiosos con los demás.

Educación de las virtudes y del discernimiento

6. La educación moral cristiana es una educación de las virtudes y, con ellas, del discernimiento. Una educación de virtudes va más allá de una educación de valores, pero virtudes, valores y normas deben estar presentes en toda educación ética.

En las virtudes humanas o morales destaca la prudencia, virtud que hace de puente entre las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las teologales (fe, esperanza y caridad).

La prudencia es el fundamento de la conciencia moral (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1776 y 1794). La prudencia permite el discernimiento necesario para saber tomar las opciones adecuadas en la vida. Hace conocer y practicar el bien. La persona prudente no se contenta con que el fin de su obrar sea recto: quiere que sean también rectos los medios y el modo de actuar.

Por eso escoge también concretamente el tiempo y el lugar en que conviene obrar, evitando dar pasos inútiles o falsos. El prudente posee el equilibrio, característica inconfundible de madurez espiritual (2).
Las virtudes teologales capacitan al cristiano para participar, en su mismo obrar, de la vida trinitaria recibida como don.

Así le es posible seguir a Cristo participando de Su propia experiencia vital (“ver” espiritualmente con sus ojos, “sentir” con su corazón, “obrar” con sus actitudes). De esta manera el cristiano puede orientar toda decisión y toda acción a la luz de Dios uno y trino. Y también así las virtudes teologales informan y vivifican las virtudes morales y todo el obrar de cristiano (3).

El doble mandamiento de la caridad

7. En el centro de la educación para la “vida nueva” del cristiano se sitúa “el doble mandamiento de la caridad”, desarrollado en el Decálogo de los Mandamientos. Para Jesús, el amor a Dios y el amor al prójimo son inseparables (cf. Mc 12, 29-31) y van unidos en “el mandamiento nuevo”.

A partir de ahí, el amor ya no es solo un mandamiento, sino respuesta al amor de Dios que nos sale al encuentro. “El amor puede ser mandado porque antes es donado” (4).Más aún, para el cristiano, esa respuesta se integra en la vida de entrega de Jesús, fruto de su amor (cf. Jn 17-26).

Esto significa que la vida moral cristiana es participación del mismo amor de Jesús.  Esto es la caridad, fruto del Espíritu Santo que hace posible lo que parece humanamente imposible: amar como Jesús mismo ha amado (5)

El doble mandamiento de la caridad

8. La educación moral cristiana es una educación para la vida eucarística y su fruto que es una vida eclesial. En la Eucaristía Jesús nos hace suyos y se convierte en nuestro alimento para el camino de la vida hasta su segunda venida y para realizar la misión misma que Él ha recibido del Padre.

Solo con la Eucaristía, centro de todos los sacramentos, somos capaces de llevar adelante lo que se ha dicho hasta ahora: vivir en Cristo por el Espíritu Santo, progresar en la vida de la gracia y en el camino de las bienaventuranzas y de las virtudes, rechazar el pecado y discernir siempre el bien en el obrar, viviendo la caridad con Dios y los demás.

Puesto que la Eucaristía se recibe de la Iglesia y da como fruto nuestro crecimiento en la vida de la Iglesia, la vida moral del cristiano no se desarrolla de modo individual sino en la “comunión de los santos” que es la Iglesia.

Al participar de la vida de Cristo en la Iglesia (su Cuerpo místico), participamos también, cada uno según su vocación concreta, sus dones y sus carismas, en la misión de la Iglesia. La Iglesia es esencialmente misionera, evangelizadora, anunciadora de Cristo y “sacramento de la unidad del género humano”.

Para ello, la Iglesia camina al lado de todas las personas, especialmente de los más pobres y necesitados. Está disponible para todas sus justas exigencias o expectativas. Se preocupa por su bien, dilatando así más allá de todo límite los confines de su caridad.

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Cada cristiano está llamado, personalmente y en unión con los demás cristianos, a participar de esta vida que se entrega en unión con Cristo y por la acción del Espíritu Santo. Con todo su obrar, también en medio de la vida ordinaria, el cristiano está llamado a colaborar en la edificación del misterio de la Iglesia –que es su madre, su cuerpo y su hogar, el santo pueblo de Dios y el templo del Espíritu Santo– y en su misión evangelizadora. Como dice el Documento de Aparecida todos los cristianos somos discípulos misioneros.

9. Como conclusión, en la perspectiva del Catecismo de la Iglesia Católica, la moral cristiana es “vida nueva” en Cristo, “Camino, verdad y vida” (Jn 14, 6), centro y referente primero y último de la educación de la fe.

Para la fe cristiana, la vida plena, verdadera y eterna nace y madura en relación con el “conocimiento amoroso” de Cristo (cf. Jn 17, 3), que es la finalidad de la educación de la fe.

La visión cristiana de la persona (antropología cristiana) permite comprender y vivir la realidad de que cada persona lleva en su propio ser una llamada a realizarse a sí mismo según la imagen de Cristo. Esto significa una tensión a obrar según la verdad y el bien (7) “entrando” libremente en la vida de Cristo y participando de su propia entrega.

Desde su encuentro con Cristo y su progresiva identificación con Él, cada creyente, movido por la acción constante del Espíritu Santo, puede, a través de la propia vida anunciar al mundo la buena noticia de la salvación universal, realizada por el Señor (8).

Por eso la moral cristiana implica “vivir y sentir con la Iglesia y en la Iglesia, lo cual, en no pocas situaciones, también nos llevará a sufrir en la Iglesia y con la Iglesia” (6). Cristo en el centro de la educación moral cristiana.

Responsabilidad por la sociedad y el mundo creado

Este anuncio tiene consecuencias para las estructuras y la dinámica del mundo natural creado, que ha de ser renovado en Cristo con la colaboración de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 19-22 y Ef 5, 9).

De ahí que un cristiano tenga una especial responsabilidad en la promoción de la paz y de la justicia, en el servicio al bien común, en la cultura de la vida y en el cuidado de la Tierra (ecología). Aquí se sitúa la educación de la doctrina social de la Iglesia y más ampliamente de la moral social.

Por tanto, todo lo que se refiere a la familia y al trabajo, la economía y la política, la comunidad humana en todos sus niveles y el medio ambiente entra a formar parte de la moral cristiana no solo por razones éticas, sino también como exigencias propias de la vocación y de la misión del cristiano, llamado a la transformación de la sociedad y del mundo creado como esbozo del Reino de Dios definitivo.

El Catecismo de la Iglesia, al concluir su introducción sobre la educación moral cristiana, recoge un texto de san Juan Eudes (s. XVII) que invita, reza y ruega para que pensemos en Jesús, de modo que podamos pensar mejor en nosotros mismos; para que conozcamos el deseo de Jesús, de manera que podamos desear lo que él quiere; y así podamos decir con el apóstol: “Para mí vivir es Cristo” (Fl 1, 21).

Bibliografía:

(1) Cf. R. Gerardi, La vocazione dell’umo: la vita nello Spirito, en R. Fisichella (a cura di), Nuovo commento teologico-pastorale [al Catecismo de la Iglesia Católica], Città del Vaticano-Milano 2017, pp. 1269-1285.
(2) Cf. Ibid., pp. 1280-1281.
(3) Cf. p. 1282.
(4) p. 1283.
(5) Cf. Ibídem.
(6) Francisco, Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania (29-VI-2019), n. 9.
(7) Cf. R. Gerardi, La vocazione dell’uomo..., pp. 1284-1285.
(8) Cf. p. 1285. 

Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en Iglesia y nueva evangelización.

Un día en la vida de la Virgen

Dice san Lucas en su Evangelio que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret (cfr. Lc 1, 26), a una virgen llamada María, para anunciarle que iba a ser la madre del Mesías que todos los judíos esperaban, el Salvador.

La Nazaret de la Virgen María

Hace unos dos mil años Nazaret era una aldea desconocida para casi todos los habitantes de la tierra. En ese momento la Roma imperial brillaba llena de esplendor. Había muchas ciudades prósperas en las orillas del Mediterráneo. El bullicio de mercaderes y marineros inundaba muchas calles y plazas de ciudades portuarias o emporios comerciales. Nazaret, en cambio, era un puñado de pobres casas clavadas en unos promontorios de roca en la Baja Galilea. Ni siquiera en su región tenía una gran importancia.

A algo más de dos horas de camino a pie se podía llegar a la ciudad de Séforis, donde se concentraba la mayor parte de la actividad comercial de la zona. Era una ciudad próspera, con ricas construcciones y un cierto nivel cultural. Sus habitantes hablaban griego y tenían buenas relaciones con el mundo intelectual greco-latino. En cambio, en Nazaret vivían unas pocas familias judías, que hablaban en arameo.

La mayor parte de sus habitantes se dedicaban a la agricultura y la ganadería, pero no faltaba algún artesano como José, que con su ingenio y esfuerzo prestaba un buen servicio a sus conciudadanos haciendo trabajos de carpintería o herrería.

La casa de la la Virgen María

La casa de María era modesta, como la de sus vecinos. Tenía dos habitaciones. La interior, era una cueva que servía como granero y despensa. Tres paredes de adobe o mampostería adosadas a la roca delante de esa habitación interior sostenían un entramado de ramas, maderas y hojas que servía de techo, y formaban la habitación exterior de la casa. La luz entraba por la puerta.

Allí tenían algunos útiles de trabajo y pocos muebles. Gran parte de la vida de familia se hacía fuera, a la puerta de la casa, tal vez a la sombra de una parra que ayudaría a templar el calor del verano.

Casi todos sus vecinos tenían una casa similar. Las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz parte del antiguo Nazaret. En las casas se aprovechaban las numerosas cuevas que presenta el terreno para acondicionar en ellas sin realizar muchas modificaciones alguna bodega, silo o cisterna.

El suelo se aplanaba un poco delante de la cueva, y ese recinto se cerraba con unas paredes elementales. Posiblemente las familias utilizarían el suelo de esa habitación para dormir.

El Pozo de María​ es el sitio en el que el ángel Gabriel se le apareció a la Virgen María y le anunció que daría a luz al Hijo de Dios. Se localiza en la actual Nazaret al norte de Israel.

Oraciones de la mañana

La jornada comenzaba con la salida del sol. Alguna oración sencilla, como el Shemá, y enseguida se iniciaba la dura faena. El Shemá es una oración, tomada de la Biblia, que comienza en hebreo por esa palabra, y dice así: “Shemá Israel (Escucha Israel), el Señor nuestro Dios es uno solo Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma  y con todas tus fuerzas.

Guarda en tu corazón estas palabras que hoy te digo. Incúlcaselas a tus hijos y háblales de ellas estando en casa o yendo de viaje, acostado o levantado. Atalas a tu mano como signo, ponlas en tu frente como señal. Escríbelas en las jambas de tu casa y en tus puertas” (Dt 6, 4-9).

La Virgen María y la preparación de la comida

Una de las primeras tareas a realizar cada jornada, después de la oración, era la preparación del pan, alimento básico de cada día. Para eso, María, como solían hacer las mujeres, comenzaría por moler el grano de trigo o cebada para hacer la harina. Se han encontrado algunos molinos domésticos, de piedra, de la época de nuestro Señor, que se utilizaban para esta tarea.

Después la harina se mezclaba con agua y un poco de sal para formar la masa, a la que se añadía —excepto durante la fiesta de la Pascua— una pizca de levadura. Con la masa fermentada se hacían unas tortas muy delgadas, o unos panecillos, que se cocían en el horno o enterrados en unas brasas, y se comían recién hechos.

La comida de cada día sería bastante parecida a la que conocemos actualmente en las regiones mediterráneas. El pan se partía con la mano, sin utilizar cuchillo, y se tomaba solo o con aceite, y acompañado por vino, leche, fruta, y cuando era posible por algo de carne o pescado. La leche se solía guardar en odres hechos con pieles de cabra cosidas, y se bebía directamente de los mismos.

Lo más probable es que casi siempre al tomarla estuviese ácida. De la leche también se obtenían la mantequilla y el queso, que eran alimentos básicos allí donde había ganados, como en Galilea.

Nazareth, de nuestra Madre la Virgen María a principios del siglo XX.

Otro elemento importante en la alimentación de aquellas gentes era el aceite. Y también se tomaban las aceitunas conservadas en salmuera. El aceite se llevaba incluso cuando se iba de viaje, en unas botellitas planas de arcilla de forma parecida a una cantimplora. También era frecuente beber vino, que solía ser fuerte, y por eso se tomaba habitualmente rebajado con agua, y a veces mezclado con algunas especias, o endulzado con miel.

Entre los guisos más habituales estaban los de garbanzos o lentejas. Las verduras más conocidas eran las habas, los guisantes, los puerros, las cebollas, los ajos, y los pepinos. La carne que más se solía comer era la de cordero o cabra, y algo la de gallina. Las frutas más habituales eran los higos, los dátiles, las sandías y las granadas. Las naranjas, hoy tan abundantes en aquella zona, todavía no eran conocidas en la Galilea en la que vivió Santa María.

Antes de comer cada día, se solían recitar unas oraciones para dar gracias a Dios por los alimentos recibidos de su bondad. La bendición de la mesa se hacía más o menos en estos términos: “Benditos seas, Señor, Dios nuestro, rey del Universo, que nos has dado hoy para comer el pan, fruto de la tierra”. Y se respondía: Amén.

Tareas diarias de María

Para cubrir las necesidades de la casa, un trabajo duro que era necesario realizar cada día era el transporte del agua. La fuente de Nazaret estaba a cierta distancia, algo más de quince minutos andando desde las casas de la aldea. Posiblemente María iría allí cada mañana a llenar su cántaro, y regresaría a su hogar cargándolo sobre la cabeza, como es costumbre en la zona, para seguir su trabajo. Y algunos días tal vez tuviera que volver a sus inmediaciones en otros momentos del día, para lavar la ropa.

Transporte del agua y lavado de la de ropa

La ropa que tendría que lavar María sería la que utilizaban ella, José y Jesús.  La vestimenta habitual estaba compuesta por un vestido o túnica interior, amplia, que solía ser de lino. Caía hasta las rodillas o pantorrillas. Podía ser sin mangas o con mangas hasta la mitad del brazo.

La túnica se ceñía al cuerpo con una especia de faja, hecha con una franja larga y ancha de lino, que se enrollaba varias veces alrededor del cuerpo, pero no siempre ajustada de modo liso, sino que en algunas de esas vueltas se formaban pliegues, que podían utilizarse para llevar el dinero. Sobre la túnica se llevaba el vestido exterior, o manto, de forma cuadrada o redondeada, que habitualmente era de lana.

La mayor parte de los días de María fueron, sin duda, totalmente normales. Gastaba muchas horas en las tareas domésticas: preparación de la comida, limpieza de la casa y de la ropa, e incluso ir tejiendo la lana o el lino y confeccionando la ropa necesaria para su familia.

Llegaría agotada al final del día, pero con el gozo de quien sabe que esas tareas aparentemente sencillas tienen una eficacia sobrenatural maravillosa, y que haciendo bien su trabajo estaba realizando una tarea de primera magnitud en la obra de la Redención.


Francisco Varo Pineda, director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.
Profesor de Sagrada Escritura.

¿Quién es la Virgen de Fátima? Historia, aparición y dónde está

¿Quién es Virgen de Fátima?

La Virgen de Fátima, también llamada Nuestra Señora del Rosario de Fátima es una advocación de la Virgen María que surge de las apariciones de Nuestra Señora a tres pastorcillos en 1917 en Portugal.

Estos hechos y los mensajes de conversión que la Virgen María les dio a Lucía, Jacinta y Francisco han llegado hasta nuestros días.

Historia y origen de Fátima

El año 1917 fue especial. Europa estaba en guerra. El domingo 13 de mayo, en un pueblo escondido de la Serra do Aire en el centro de Portugal. Tres niños, Lucia dos Santos y sus hermanos Francisco y Jacinta Marto, estaban jugando mientras cuidaban de un rebaño, en un terreno del padre de Lucia.

Hacia el mediodía, después de asistir a misa como de costumbre, ven dos fenómenos luminosos, como dos relámpagos y luego una hermosa Señora más resplandeciente que el sol.

– «¿De dónde sois, Señora?»
– «Soy del Cielo».

Así empezó la primera conversación entre la Virgen y Lucia.
Esta, fue la primera aparición de la Virgen de Fátima.

Estatua de los Pastorcillos de Fátima en Valinhos, el monumento de una aparición del Ángel de Portugal.

Aparición de la Virgen de Fátima

Esa fue la primera de las seis apariciones que tendrán los tres pastores hasta octubre: siempre en día 13, excepto en el mes de agosto, cuando del 13 al 15 son retenidos por autoridades del pueblo. Igualmente, la Virgen de Fátima aparecerá ante los tres niños el día 19.

En octubre de 1930, el obispo de Leiria declara las visiones dignas de fe, autorizando el culto a Nuestra Señora de Fátima.

En todas sus apariciones la Virgen hizo un especial énfasis sobre el rezo del Rosario, y les pidió a los niños que cuando lo rezaran, después de cada misterio dijeran: ‘‘Oh Jesús perdónanos por nuestros pecados, líbranos del fuego infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de tu Divina Misericordia’’.

La Virgen también pidió la construcción de una capilla en el lugar de los hechos, hoy el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.

Los 3 pastorcillos informaron que la Virgen también les había hablado de la muerte prematura de los dos pequeños hermanos, agregó que Lucía permanecería en la Tierra durante mucho tiempo. Y así fue. Francisco y Jacinta, murieron entre el año 1919 y 1920 de gripe. Lucía ingresó en el orden de las Hermanas de Santa Dorotea en 1925 y en 1948 pasó entre las Carmelitas del convento de Coimbra, donde permaneció hasta su muerte en 2005.

El Milagro al Sol anunciado por la Virgen

Eran miles de peregrinos que comenzaron a llegar a Fátima apenas se extendió el rumor de las apariciones de la Virgen.

El 13 de octubre, una multitud de hasta 100 mil personas, entre ellas numerosos periodistas, presenciaron el "milagro del sol".

Esta era una señal que había sido anunciada por la Virgen María, después de una lluvia torrencial que empapó el suelo y la ropa, el cielo se abrió y vieron como el sol cambió de color, tamaño y posición durante unos diez minutos. Después de lo acontecido, la ropa y el suelo aparecieron repentinamente secos.

Fue la última aparición de la Virgen de Fátima.

«Cor Mariæ dulcissimum, iter para tutum! - Corazón Dulcísimo de María, prepara el camino seguro». A la Virgen de Fátima, san Josemaría.

Los secretos revelados por la Virgen de Fátima

El mensaje de Fátima contiene un aspecto de exigencia cristiana universal: es necesario desagraviar al Señor por todos los pecados cometidos, hacer penitencia, rezar el Rosario, difundir la devoción al Corazón Inmaculado de María, y rezar mucho por el Papa.

Incluye, también, algunas revelaciones particulares que la Virgen hizo a los niños pastores en la aparición del 13 de julio. La Santa Sede dio a conocer todos los mensajes durante el pontificado de San Juan Pablo II.

Los dos primeros, las escribió Lucía en su diario al tomar los hábitos. El tercero, escrito el 3 de enero de 1944, lo entregó en un sobre sellado al obispo de Leiria, un sobre que luego se entregó en 1957 al archivo secreto del Santo Oficio y cuyo contenido fue revelado en 2000.

La visión del infierno

La Virgen de Fátima mostró a los tres niños pastores lo que les espera a las personas después de la muerte, si no se arrepienten, tuvieron la visión del infierno:

“Un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas…”

El sagrado Corazón y la conversión de Rusia

La segunda parte contiene estas palabras de La Virgen de Fátima:

«Vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los primeros sábados».

María habló de una guerra que comenzaría durante el pontificado de Pío XI. Y acertó. La Segunda Guerra Mundial estalló en 1939.

El Ángel y la sangre de los mártires

La tercera parte del secreto es desvelada por la Hermana Lucía “Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas".

Pie de foto: «Fátima es un tesoro para toda la Iglesia. No es un lujo, porque está todo hecho con mucha dignidad y sin ostentación. Pero es un tesoro: aquí los corazones y las almas se esponjan, aquí se palpa la Iglesia, se siente la presencia de la Santísima Virgen. Es algo que no se puede explicar, pero aquí se nota que la oración de Nuestra Señora es muy eficaz». Beato Álvaro del Portillo, Tertulia en el Santuario, 1985.

Los Papas y su devoción por la Virgen de Fátima

El Papa Pío XI concedió el 1 de octubre de 1930 una indulgencia plenaria especial a los peregrinos de Fátima. Años más tarde, en 1942, Pío XII consagró la humanidad al Inmaculado Corazón de María.

Además, el Papa Juan Pablo II visitó personalmente el lugar de las apariciones en tres ocasiones. Una de sus visitas más relevantes fue cuando le entregó a la Virgen la bala con la que le habían disparado en la Plaza San Pedro. Para Wojtyla fue la Virgen de Fátima quien le salvó la vida en el ataque del 13 de mayo de 1981

También, Benedicto XVI visitó personalmente el lugar de las apariciones y consagró a todos los sacerdotes al Inmaculado Corazón de María.

Más recientemente, el Papa Francisco consagró su pontificado a la Virgen de Fátima y en mayo del 2017 visitó el Santuario para conmemorar los 100 años de las apariciones.

Virgen de Fátima: ¿Dónde está?

En la actualidad, en el lugar de las apariciones se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima. Un templo hasta el que cada año peregrinan miles de personas de todo el mundo.

El santuario de Fátima y el relato de las apariciones ha supuesto una ayuda para muchas personas.

A lo largo del siglo XX los católicos de Europa han acudido especialmente a la Virgen de Fátima para rezar por la paz y la reconciliación en el continente.

Al entrar en el Recinto de las Oraciones, en uno de los extremos se puede ver la Basílica de la Virgen del Rosario de Fátima, con su gran torre de 65 metros. En el centro se encuentra el monumento al Sagrado Corazón de Jesús y, en uno de los lados, la Capilla de las Apariciones, en el mismo lugar en el que la Virgen pidió a los pastorcitos que se construyese una capilla.

Fátima, altar do mundo

Fátima, altar do mundo, es una expresión corriente en Portugal. En Fátima concurren todos los caminos del mundo. Allí, como san Josemaría, el primer peregrino a este santuario que ha subido a los altares, van también hoy la mente y el corazón de tantos cristianos a rezar a la Virgen.

Mons. Javier Echevarría, durante una de sus estancias en Fátima, animaba a ponerse bajo la protección maternal de María Santísima en todas las circunstancias de la vida: «Madre, ¡qué bien se está junto a ti! ¡Qué serenidad se siente en el alma pensando en que tú nos conoces, que tú nos entiendes, que tú nos ayudas, y que tú vas a presentar ante Dios nuestras necesidades muchísimo mejor de como lo podamos hacer cada uno de nosotros! Recurrimos a ti que eres la Omnipotencia Suplicante».


Bibliografía