Antes de sumergirnos en la novena a la Inmaculada, es esencial comprender el significado de la Inmaculada Concepción.
La doctrina de la Inmaculada Concepción fue proclamada como dogma por el papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, a través de la bula papal Ineffabilis Deus, que declara que la Virgen María estuvo libre del pecado original desde el primer momento de su concepción por los méritos de su hijo Jesucristo.
España desempeñó un papel determinante en la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, principalmente debido a la profunda devoción que el país siempre ha tenido hacia la Virgen María, especialmente bajo la advocación de la Inmaculada.
«La Beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original desde el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano», bula Ineffabilis Deus.
La Virgen quiso acompañar esta proclamación, antes y después, en las apariciones a santa Catalina Labouré, en la Rue du Bac de París, a Alphonse Ratisbonne, en Roma, a santa Bernadette, en Lourdes, y a los pastorcitos en Fátima.
Santa Catalina Labouré (1830 - Rue du Bac, París): durante las apariciones a Catalina, la Virgen le presentó el diseño de la Medalla Milagrosa, que incluía la imagen de la Inmaculada Concepción rodeada de la inscripción «Oh María, concebida sin pecado, ruega por nosotros que recurrimos a ti».
Alphonse Ratisbonne (1842 - Roma): en la visión de Ratisbonne, experimentó una profunda conversión al catolicismo después de ver a la Virgen María en la iglesia de san Andrés en Roma bajo la advocación de la Medalla Milagrosa.
Santa Bernadette(1858 - Lourdes): en Lourdes, la Virgen María se identificó como la Inmaculada Concepción durante las apariciones a santa Bernadette Soubirous.
Santos Jacinta y Francisco y la venerable sor Lucia (1917 - Fátima): en Fátima, la Virgen María instó a la oración y a la devoción al Inmaculado Corazón de María como medios para obtener la paz.
San Maximiliano Kolbe, fundador de las Milicias de la Inmaculada y mártir en Auschwitz, desarrolló la teología de la Inmaculada Concepción creada y la Inmaculada Concepción increada. La primera se refiere a la gracia original conferida a la Virgen María en el momento de su concepción, asegurando su inmunidad al pecado original desde el primer instante de su existencia. La segunda se refiere al Espíritu Santo, como eterna concepción inmaculada procedente del Amor entre el Padre y el Hijo, y que, por su condición de esposo de la Virgen, confiere a María ser medianera de todas las Gracias. Su legado destaca la importancia de la Inmaculada Concepción en la espiritualidad católica y la entrega incondicional a la voluntad divina.
En 1954 el papa Pío XII proclamó un año mariano en la Iglesia universal, para celebrar el centenario de la definición dogmática de la Inmaculada.
La devoción a la Inmaculada Concepción de María ofrece a todos nosotros un modelo de santidad en la figura de María. Al honrar su pureza e inspirarnos en su vida como ejemplo de obediencia y entrega a la voluntad de Dios.
La costumbre de la novena a la Inmaculada Concepción de la Virgen María
La novena, del latín novem, consiste en rezar durante nueve días consecutivos para confiar una intención o pedir una gracia particular a Dios a través de la Santísima Virgen María. Esta costumbre de rezar la novena a la Inmaculada es una forma de prepararnos interiormente para la fiesta de la Inmaculada Concepción los nueve días previos. Se puede asistir a misa, rezar el Santo Rosario u otras devociones marianas, lo más importante es vivirla personalmente.
¡La Inmaculada Concepción es un misterio tan grande que nueve días no son suficientes para contemplarla! Sin embargo, el tiempo dedicado a la novena a la Inmaculada permite que nuestros corazones se preparen para celebrar con alegría la primera gran fiesta mariana del año litúrgico. Esta novena a la Inmaculada, que ha sido fomentada y bendecida por la Iglesia, se reza, cada año en todo el mundo, del 30 de noviembre al 8 de diciembre.
Nueve ideas para vivir la novena de la Inmaculada
Para vivir esta novena, te proponemos meditar diariamente el Evangelio. san Josemaría aconsejaba poner más empeño en la conversación asidua con la Virgen, con un delicado esmero en la oración, la mortificación, el trabajo profesional; y procurando vivir detalles pequeños de cariño con Ella.
«A Jesús siempre se va y se vuelve por María». (San Josemaría, Camino, 495).
Te recomendamos la siguiente guía que con ayuda de algunas ideas surgidas del cariño de san Josemaría y del Papa Francisco a la Virgen, pueden ayudarte a prepararte durante los días previos a la fiesta de la Inmaculada Concepción.
Día 1 - La Anunciación: reflexionamos sobre el momento en que el ángel Gabriel anunció a María que sería la Madre del Salvador.
Día 2 - La Visitación: meditamos sobre la visita de María a su prima Isabel y la alegría que trajo consigo.
Día 3 - La Natividad de María: celebramos el nacimiento de la Virgen María y su importancia en la historia de la redención.
Día 4 - La Presentación de María en el templo: consideramos el acto de presentar a María en el templo como un símbolo de consagración.
Día 5 - La Perpetua Virginidad de María: reflexionamos sobre el compromiso de María con la virginidad perpetua.
Día 6 - María, Espejo de Justicia: contemplamos a María como un modelo de virtud y justicia.
Día 7 - María, Refugio de los Pecadores: nos acercamos a María en busca de refugio y perdón.
Día 8 - María, Reina del Cielo y de la Tierra: reconocemos la realeza de María en la familia divina.
Día 9 - La Inmaculada Concepción: celebramos el dogma central, la concepción sin pecado original de María.
¡Que esta novena a la Inmaculada sea un camino de gracia y bendiciones para todos!
Tabla de contenidos
¿Qué es la indulgencia plenaria y cómo obtenerla?
La indulgencia plenaria, es un regalo extraordinario de la Iglesia Católica, que permite la remisión completa de la pena temporal que queda después de que los pecados han sido perdonados en el sacramento de la confesión.
Desde el año 1983 el Código de derecho canónico (c. 992) y el Catecismo de la Iglesia católica (n. 1471), definen la indulgencia de la siguiente manera:
«La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos».
San Josemaría también resaltó la profundidad espiritual de las indulgencias al afirmar: «las indulgencias son una manifestación de la misericordia infinita de Dios» (Camino, 310).
Diferencia entre indulgencia plenaria y parcial
La indulgencia plenaria y la parcial son expresiones de la infinita misericordia de Dios. Aunque difieren en su alcance, ambas nos animan a buscar la santidad a través de la fe, la oración y las obras de caridad.
La indulgencia plenaria es un regalo extraordinario, ya que remite por completo la pena temporal que queda tras el perdón de los pecados en el sacramento de la confesión. Es un acto de amor que nos permite presentarnos ante Dios purificados libres de cualquier mancha que nos aleje de Su presencia.
Por otro lado, la indulgencia parcial remite solo una parte de esta pena, pero no por ello es menos significativa. Es un paso importante que nos motiva a seguir avanzando en nuestro camino espiritual, ofreciendo nuestras oraciones, sacrificios y buenas obras como signos concretos de arrepentimiento y fe.
El Papa Francisco, lo explicó con claridad durante su Audiencia General, 9 de marzo de 2016 que «la indulgencia plenaria es un don que nos ayuda a acercarnos más a Dios y a vivir una vida más santa». Es por ello que debemos recordar que las indulgencias plenarias son una invitación a caminar hacia la santidad con esperanza y confianza en la divina misericordia.
Cada vez que recurrimos a las indulgencias, renovamos nuestro compromiso de conversión, confirmamos que el amor de Dios siempre está dispuesto a acogernos y a darnos una nueva oportunidad. ¿Qué mayor consuelo podemos tener que saber que, a través de estas prácticas, nos acercamos más al corazón amoroso del Padre?
Requisitos para obtener una indulgencia plenaria
El Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Cuaresma de 2008, afirmó: «La indulgencia no puede ser entendida como una especie de 'descuento' sobre la pena debida al pecado, sino como una ayuda para una conversión más radical». La Indulgencia es una oportunidad sincera de comprometernos con el camino hacia la santidad y renovar nuestra relación con Dios.
Confesión sacramental: este sacramento nos permite estar en estado de gracia y reconciliarnos con Dios. En el acto de la confesión, encontramos el abrazo amoroso del Padre que siempre está dispuesto a perdonarnos.
Comunión eucarística:recibir la Eucaristía con devoción. Al acercarnos al altar, encontramos la fortaleza para vivir en santidad.
Oración por las intenciones del Papa: rezar un Padrenuestro y un Avemaría nos une a la Iglesia universal. Este acto sencillo nos invita a pensar más allá de nuestras propias necesidades y a rezar por el bien común.
Desapego total del pecado: este paso no exige perfección, pero sí un sincero deseo de rechazar el pecado, incluso venial. Es una llamada a examinar nuestro corazón y a vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.
Realizar la obra indulgenciada: por ejemplo, rezar el Rosario en comunidad, leer la Sagrada Escritura durante al menos media hora o adorar al Santísimo Sacramento o llevar a cabo obras de misericordia, tanto espirituales como corporales.
Cumplir con estos requisitos es un recordatorio de que la gracia de Dios está siempre disponible para aquellos que la buscan con humildad y sinceridad.
¿Cuándo se puede obtener una indulgencia plenaria?
Existen momentos especialmente significativos para obtener indulgencias plenarias:
En el Año Santo o Jubileo: una oportunidad excepcional para recibir gracias abundantes. Se celebra cada 25 años o en circunstancias especiales designadas por el Papa.
El 1 de noviembre, Festividad de Todos los Santos: al visitar un cementerio y orar por los difuntos, recordamos a aquellos que nos han precedido en la fe y ofrecemos nuestra oración por sus almas.
El 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos: un día dedicado a interceder por las almas del purgatorio, mostrando nuestra caridad y unión con la comunión de los santos.
Durante la Semana Santa: un tiempo de especial intensidad espiritual, donde el Vía Crucis y las celebraciones de la Pasión de Cristo nos unen profundamente con el misterio de la Redención.
El primer domingo después de Pascua, Fiesta de la Divina Misericordia: instituida por san Juan Pablo II, esta celebración resalta la infinita misericordia de Dios, un momento privilegiado para obtener indulgencias.
El 15 de septiembre, Memoria de la Santísima Virgen María de los Dolores (en 2024): un día para acompañar a la Virgen en su dolor y profundizar en el misterio del sufrimiento redentor.
En actos litúrgicos como el Vía Crucis: participar con devoción en esta representación de la Pasión de Cristo nos invita a unirnos a Su sacrificio y renovar nuestra conversión.
Además de estas fechas específicas, el Papa puede designar otras ocasiones especiales para obtener indulgencias. Cada una de estas oportunidades nos acerca al corazón misericordioso de Dios y nos invita a vivir nuestra fe.
Indulgencia plenaria y medalla de san Benito
En momentos puntuales, la Iglesia concede la posibilidad de ganar indulgencias plenarias relacionadas con el uso de la medalla de san Benito, siempre que se cumplan las condiciones habituales: confesión, comunión, oración por las intenciones del Papa, desapego del pecado y realización de una obra indulgenciada.
Entre las ocasiones más destacadas para ganar una indulgencia plenaria vinculada a la medalla de san Benito se encuentran:
En la festividad de san Benito (11 de julio): participando en actos litúrgicos o devocionales en honor a este santo, portador de la fe y protector contra el mal.
Al utilizar la medalla de san Benito con devoción: especialmente cuando se acompaña de la oración del exorcismo inscrito en ella, un acto que reafirma la confianza en la gracia de Dios para protegernos del mal y renovar nuestra fe.
Al recibir la medalla de san Benito bendecida: en el contexto de una ceremonia religiosa, donde se manifiesta la intención de vivir según los principios del Evangelio que San Benito promovió.
Reverso y anverso de una medalla de San Benito.
Al conocer en el significado y la belleza del don de la indulgencia plenaria, nos acercamos a la misericordia infinita de Dios. En este camino de fe, la labor de la Fundación CARF es fundamental, al formar con tu apoyo a sacerdotes y seminaristas para la Iglesia Católica, que serán quienes nos guíen y acompañen en nuestra relación con Dios. Apoyar a la Fundación CARF significa que más cristianos puedan acercarse a la gracia redentora de Dios en todo el mundo.
¡Vuelve el 28º mercadillo solidario de la Fundación CARF!
El mercadillo, en su 28ª edición, se celebra del 26 al 30 de noviembre en los locales de la parroquia de san Luis de los Franceses, en la calle Padilla 9, de Madrid, todos los días desde las 11 a las 21 horas.
El voluntariado del PAS lleva muchos años organizando este mercadillo, cuyo objetivo principal es cooperar con la Iglesia diocesana en todo el mundo.
Gracias a la venta de muebles restaurados, antigüedades, alguna obra de arte, prendas vintage, ropa de bebé hecha a mano, menaje y objetos de decoración, se consigue sufragar ayudas al estudio, pero, sobre todo, contribuir al coste de las mochilas de vasos sagrados que reciben los seminaristas que se gradúan y regresan a sus países.
¿Dónde y cuándo?
???? Fechas: del 26 al 30 de noviembre
???? Lugar: Padilla, 9 - Madrid
⏰ Horario: de 11:00 a 21:00 horas
¡Ven y contribuye a una gran causa! Ayuda a la Fundación CARF a seguir formando sacerdotes comprometidos, mientras encuentras regalos especiales para tus seres queridos. ¡Te esperamos!
El mercadillo solidario con más solera del barrio de Salamanca
El mercadillo solidario, uno de los de más solera de la capital española, se vuelve a celebrar en los salones de la parroquia de san Luis de los Franceses en el barrio de Salamanca. «Este año alcanzamos la vigésimo octava edición, todo un éxito», señalan Carmen y Rosana, coordinadoras del PAS.
Gracias al trabajo de las voluntarias del PAS, el mercadillo solidario cuenta con una gran variedad de muebles, vestidos y ropa de bebé hecha a mano por las propias voluntarias, también puedes encontrar obras de arte, cuberterías de estilo vintage, entre otras cosas.
La recaudación va destinada a cubrir los gasto de formación de seminaristas, sacerdotes diocesanos y religiosas y religiosas de todo el mundo. Además, también nos ayuda a cubrir los gastos de las mochilas de vasos sagrados que cada seminarista recibe al terminar sus estudios en Roma y Pamplona (seminarios Sedes Sapientiae y Bidasoa).
Desde primera hora, numerosos anticuarios , fieles a su cita anual y conscientes del valor y calidad de los objetos a la venta, acudirán a los locales de la calle Padilla, 9.
El equipo detrás del mercadillo solidario
Rosana Diez-Canseco y Carmen Ortega, como presidentas del patronato, han liderado un equipo, mayoritariamente femenino, cuya labor alcanza su culmen en el mercadillo, pero que se desarrolla durante todo el año. Mes a mes, las voluntarias reciben y catalogan los objetos que se pondrán a la venta, restauran los muebles, tejen la ropa de bebé y bordan las albas que también se entregarán a los seminaristas.
Las mochilas de vasos sagrados con un alba a medida
Estas mochilas contienen todo lo necesario para poder celebrar la Santa Misa en cualquier lugar del mundo: una pequeña superficie de seda para usar de altar, cáliz, patena, copón, dos vinajeras, estola, hisopo, aceite crismal, cíngulo, un alba hecha a medida y hasta dos velas y un crucifijo.
Emmanuel, Paul, Modest, Halalisane, Thomas, John… son algunos de los nombres de de los 19 seminaristas que se graduarán este curso en el seminario internacional Bidasoa (Pamplona) y que estudian en la Universidad de Navarra.
Mochila de vasos sagrados con todo lo necesario para celebrar la Santa Misa.
Todos ellos recibirán, de manos de las responsables del PAS, su mochila con los objetos litúrgicos y las albas cosidas a medida para cada uno de los seminaristas.
Con esta ayuda, podrán celebrar la Eucaristía y los sacramentos con dignidad, ya sea en un pueblo perdido de Latinoamérica o de África donde la presencia de sacerdotes es escasa.
La mochila y todo su contenido, que cuesta 600 euros, está elaborada por Granda, un reconocido taller artesanal de objetos litúrgicos ubicado en Madrid. El mercadillo solidario es uno de los eventos que nos ayuda a cubrir este gasto.
Cada curso se forman unos 300 seminaristas entre Pamplona y Roma. Y aproximadamente 1.700 sacerdotes diocesanos en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, y en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra, en Pamplona, además de un centenar de personas de vida consagrada.
Rezar por los sacerdotes: por qué y cómo rezar
Rezar por los sacerdotes es una misión de amor y responsabilidad. El papa Francisco nos recuerda que un sacerdote no se hace solo; necesita el apoyo y la oración de todos nosotros. En su exhortación Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio) y en muchas homilías, el Papa subraya que el camino del sacerdocio está profundamente ligado a todos los cristianos.
La vocación sacerdotal implica grandes sacrificios y desafíos, y los sacerdotes se enfrentan a dificultades que pueden debilitar su misión, si no reciben el apoyo necesario. Por eso, nuestras plegarias son un acto de amor y compromiso, una manera de cuidar a aquellos que, a su vez, nos cuidan y nos acercan a Dios.
La mujer y el hombre deberían estar siempre rezando por los sacerdotes.
¿Por qué debemos rezar por los sacerdotes?
San Josemaría Escrivá enseñó que el sacerdote, aunque hombre entre los hombres, ¡es el mismo Cristo! A través de nuestra oración, podemos ser su escudo y fortaleza. Los sacerdotes son directores espirituales y ejemplos vivos de amor y entrega a Cristo, pero también necesitan de nuestras plegarias para mantenerse firmes en su vocación. Rezar por ellos es un acto de empatía y apoyo profundo, un gesto de amor que los acompaña y fortalece en su misión diaria de servicio. Y las oraciones son de ida y vuelta, ya que todos los sacerdotes rezan a diario en la Liturgia de las Horas por todos los seres humanos de todo el planeta.
3 razones para rezar por los sacerdotes
Para ofrecerles apoyo espiritual en su misión: la oración de la Iglesia cristiana es una fuerza poderosa que sostiene a los sacerdotes en su misión. Como expresó el papa san Juan Pablo II en su Carta a los Sacerdotes en 1979, existe una profunda conexión entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común de los fieles. Mientras los sacerdotes guían y forman al pueblo de Dios, los fieles participan a través de sus propias vidas y oraciones. Al rezar por ellos, fortalecemos su vocación y los ayudamos a llevar a Cristo a todos.
Para que sean instrumentos de gracia y encuentren fortaleza en su vocación: el sacerdocio es un don que se ofrece en favor de la comunión (Catecismo de la Iglesia Católica, 1.533). A través de los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Confesión, la gracia de Dios llega a todos los cristianos, nutriendo y guiando sus vidas. Sin embargo, los sacerdotes también necesitan un apoyo constante para permanecer fieles a su vocación en medio de los desafíos y pruebas. La gracia divina es esa fuerza que impulsa y sostiene el camino cristiano, que actúa en lo más profundo del alma frente a las dificultades. Al rezar por ellos, pedimos que esa gracia los envuelva, los fortalezca y los llene de alegría para que puedan cumplir su misión con fidelidad; a su vez, ellos contribuyen a la santidad y al crecimiento de toda la Iglesia.
Protección contra las tentaciones y el desgaste espiritual: san Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, expresó con gran claridad la importancia de la labor sacerdotal: «sin el sacerdote, la Pasión y la Muerte de nuestro Señor no servirían de nada. Es el sacerdote quien continúa la obra de la redención en la tierra». Rezar por ellos es ayudarles a resistir las pruebas y renovar su compromiso de santidad, que requiere la ayuda de Dios y el apoyo de toda la comunidad.
¿Cómo rezar por los sacerdotes?
Rezar por los sacerdotes es una forma sencilla y profunda de acompañarlos en su misión. Hay muchas formas de hacerlo; una opción fácil y al alcance de todos es incluirlos en nuestras intenciones diarias: dedicar una plegaria por ellos, cada día, como perla de amor que enriquece a la Iglesia.
También puedes ofrecer un rosario o la celebración de la Misa en su nombre; o participar en una novena especialmente dedicada a su santidad y fortaleza.
Además, en momentos de silencio y meditación, pide a Dios que les dé fuerza y sabiduría para afrontar los retos de la soledad o las incomprensiones. Estas oraciones los sostienen espiritualmente y les recuerdan que no están solos en su camino.
¿Cuál es la oración de los fieles por los sacerdotes?
La oración de los fieles es un momento puntual de la Santa Misa en el que, unidos como un solo corazón, elevamos las peticiones a Dios por distintas intenciones, entre ellas, no te olvides de la santidad de vida y de la misión de los sacerdotes. En esta oración pedimos por quienes se han entregado al servicio de la Iglesia.
Esta plegaria tiene un valor incalculable, porque reconocemos que los sacerdotes, como todos seres humanos, necesitamos de la gracia y la fortaleza de Dios para ser fieles y serviciales. Es una muestra de gratitud, pues al pedir por ellos, también reconocemos su sacrificio y dedicación. Esa oración conjunta refleja el deseo de todos de ver a los sacerdotes como modelos de Cristo que, como el buen pastor, cuida de su rebaño con ternura y valentía.
¿Qué es la oración de intercesión por los sacerdotes?
La oración de intercesión es una plegaria en la que pedimos a Dios por el bien de otros, en este caso, por los sacerdotes.
Intercesión en tiempos de crisis: cuando la Iglesia o los sacerdotes atraviesan momentos difíciles, rezar marca la diferencia. El papa Francisco ha enfatizado la importancia de no juzgar a los sacerdotes con dureza, sino rezar por ellos. En la homilía pronunciada el 23 de junio de 2014, el Papa afirmó: «No juzgues, porque, si lo haces, cuando tú hagas algo malo, serás juzgado. Es una verdad que es bueno recordar en la vida de cada día, cuando nos vienen las ganas de juzgar a los demás, de criticar a los demás, que es una forma de juzgar. Al contrario, debemos ser hombres y mujeres de oración, interceder por los demás, especialmente en tiempos de crisis, cuando necesitan más de la gracia y el apoyo de Dios».
Intercesión diaria: incluir a los sacerdotes en nuestras plegarias cotidianas es una práctica sencilla. Esta intercesión puede integrarse en el rosario, ofreciendo cada misterio por su vocación, o en nuestras oraciones de la mañana y de la noche, pidiendo a Dios que los sostenga y los ilumine.
Rezar por los sacerdotes
La oración aporta una riqueza incalculable a la Iglesia por el don del ministerio sacerdotal y de la vida consagrada en sus múltiples carismas e instituciones. Damos las gracias a Dios por la vida y por el testimonio de tantos sacerdotes y personas de vida consagrada.
En la Fundación CARF trabajamos con dedicación para apoyar la formación integral de sacerdotes diocesanos de todas partes del mundo. Este esfuerzo es posible gracias a la generosidad de los benefactores y amigos, y, sobre todo, a las oraciones constantes de quienes valoran la misión sacerdotal.
Los benefactores de la Fundación CARF forman un grupo de cristianos comprometidos que además de apoyar económicamente, se unen en oración, no solo por las vocaciones de los futuros sacerdotes, sino también por aquellos que ya están desarrollando su misión.
Rezamos para que todos ellos, presentes y futuros, reciban la gracia necesarias para llevar adelante su vocación, superando los desafíos y viviendo con alegría su servicio a la Iglesia diocesana y al mundo.
Guardini: el encuentro y su papel en la pedagogía
Dejemos a un lado, aunque el autor lo considera brevemente, el encuentro entre dos objetos materiales, entre dos plantas, entre dos animales, que en cada caso sigue unas leyes diversas según sus respectivos modos de ser.
Condiciones para que se dé el encuentro personal
Hablamos de encuentro, se nos dice, propiamente cuando un hombre contacta con la realidad. No es todavía un encuentro si solo busca, por ejemplo satisfacer su hambre, aunque puede ir más allá del instinto. Como todavía no lo es tampoco un simple choque entre dos personas.
Dos condiciones iniciales para que se dé un encuentro (personal), según Romano Guardini, serían: 1) el toparse con la realidad más allá de una interacción simplemente mecánica, biológica o psicológica; 2) establecer una distancia respecto a esa realidad, fijarse en su singularidad, tomar postura ante ella y adoptar una conducta práctica respecto a ella.
Para todo ello se requiere la libertad. En la libertad se pueden ver dos lados: una libertad material, por la que podamos entrar en relación con todo lo que nos rodea; una libertad formal, como facultad de actuar (o no) desde la energía inicial propia de la persona. A veces la persona puede llegar a la convicción de que no se debe confiar en todo lo que sale al encuentro: «Puede cerrar las puertas de su corazón, y dejar fuera el mundo. La antigua Stoa [escuela del estoicismo] lo hizo así, y así se comporta la ascesis religiosa, para dirigir el amor solo a Dios» [1].
El encuentro puede partir solamente de parte de la persona, por ejemplo, frente a una cosa que despierta nuestro interés, como una fuente, un árbol o un pájaro y se puede convertir en una imagen de algo más profundo o incluso puede ayudar a comprender radicalmente la existencia. Esto, siempre que se venza la costumbre, la indiferencia o el esnobismo, la presunción engreída y llena de sí mismo [2]. Tales son los enemigos principales del encuentro.
Pero el encuentro puede ser también bilateral, y entonces surge una relación especial, en la que dos personas se valoran más profundamente, más allá de su mera presencia o sus funciones sociales: se convierten en un “tú”.
Como contenidos del encuentro Guardini enumera:
1) el conocimiento de la persona y de su conducta que de ahí se deriva;
2) una “vivencia peculiar de la familiaridad y de la extrañeza”: familiaridad que puede crecer y convertirse en confianza en unión; y aquí, la relación con el carácter y la actividad, el pueblo y el grupo social, las ideas, la relación con el mundo, etc., pero también con las diferencias, la extrañeza y la irritación, la antipatía y la enemistad;
3) Siempre, incluso entre las personas más íntimas, está ese elemento de extrañeza, por el carácter irreductible de la individualidad. Esto marca necesariamente la distancia de la persona.
Además, el encuentro requiere que se dé un buen momento, un momento propicio, que se constituye a partir de miles de elementos más o menos conscientes o inconscientes: vivencias del pasado e imágenes, energías y tensiones, necesidades, ambiente, estado de ánimo, elementos creativos y afectivos, etc. De ahí la dificultad o la imposibilidad de confeccionar un encuentro, y la apertura del encuentro hasta acercarse a la Providencia y a la suerte.
El encuentro requiere, pues, a la vez, la libertad y la espontaneidad, en el sentido de que solo acontece si no se busca, como sería el encuentro con una flor azul que abre el camino hacia el tesoro.
Dimensiones del encuentro: metafísica, psicología y religiosa
El fenómeno del encuentro puede ser descrito por su lado metafísico, es decir, lo que se refiere al ser mismo del encuentro: ¿porqué es como es?, ¿cómo ha surgido?, Esto lo testimonia la experiencia de los sabios. Sobre todo, que las grandes cosas tienen que ser regaladas, no son exigibles ni pueden ser forzadas.
«Esto apunta a una creatividad objetiva que está por encima de la individual y humana; a una instancia que dirige, condensa y ‘escribe’ la situación con una sabiduría y una originalidad ante cuya soberanía las acciones humanas resultan bobas y elementales.
Por esto todo encuentro auténtico despierta el sentimiento de hallarse uno ante algo inmerecido, y también de gratitud o, al menos, de sorpresa por lo curiosamente y bien que ha salido todo.
Estas reacciones no es necesario que se den siempre en el plano consciente; pero conforman una actitud (un elemento que, según lo que resulte y las circunstancias, puede hacerse arrollador» 3].
El encuentro puede describirse, como también hace Guardini, por su lado psicológico: pues el encuentro se sustrae ante lo que llamamos concentración, ya que esta tensiona, ordena y cierra. El encuentro resiste a la búsqueda de lo útil, lo sistemático, lo pedante y diligente.
«Frecuentemente los encuentros se regalan a personas que no se esfuerzan en conseguirlos, que incluso puede que aparentemente no los merezcan (la felicidad)…» [4]. Se siente que ha sido una encrucijada regalada de libertad y necesidad: se han dado muchas circunstancias, quizá aparentemente casuales, para que sucediera, y surge el sentimiento curioso de que «no podía ser de otra manera».
El encuentro tiene, en tercer lugar, relación con lo espiritual y con lo religioso, en cuanto que supone un logro o un éxito de lo personal, gracias a un factor que no viene simplemente del trabajo o de la previsión humana, que podría degenerar en puro hábito sin alegría ni emociones.
Este factor, respetando la libertad, orienta la existencia hacia una cierta plenitud, sin dejarla convertirse, por el otro extremo, en una aventura inestable y juguete del momento. Por eso el encuentro afecta al centro espiritual o interior de la persona.
Esto es así, señala Guardini, «porque en el encuentro lo que brota no es únicamente lo esencial y singular, sino también el misterio» [5]. «En el momento en que yo me encuentro con una cosa o con una persona, éstas pueden adquirir una nueva dimensión, la religiosa.
Entonces todo se convierte en misterio; y a eso responde la admiración, el agradecimiento, la emoción». Guardini aduce el acontecimiento narrado por san Agustín, de cómo se le quitó un fuerte dolor de muelas después de acudir a la oración propia y ajena (cf. Confesiones, IX, 4, 12).
La médula del sentido del encuentro
Para mostrar lo que considera como «la médula del sentido del encuentro», Guardini recurre a unas palabras de Jesús camino de Jerusalén. Conviene notar que estas palabras tiene siempre para Guardini un significado especial, pues se vinculan a un momento trascendental de su vida, en que experimentó una conversión a la vez intelectual y espiritual [6]: «Quien quisiere poner a salvo su vida (psyche, vida o alma), la perderá; mas quien perdiere su vida por mi causa, la hallará», Mt 16, 25).
Se refieren estas palabras a la manera de comportarse el hombre en la relación con Cristo y, según Guardini, son claves para entender la existencia humana en general. Vienen a significar: «Quien se aferra a su sí mismo en su propio ser, lo perderá; quien lo pierde por causa de Cristo, lo encuentra» [7].
Y explica Guardini esta expresión en cierto modo paradójica (pues es el perderse lo quelleva a encontrarse): «El hombre llega a ser él mismo liberándose de su egoísmo. Pero no en forma de ligereza, de superficialidad y vacío existencial, sino en pro de algo que merece que por su causa corra uno el riesgo de no ser él» [8].
¿Cómo puede uno liberarse de sí mismo en este sentido? Esto, responde Guardini, puede suceder de formas muy diversas. Por ejemplo, ante un árbol, puedo pensar simplemente en comprarlo, aprovecharlo, etc., es decir en su relación conmigo. Pero también puedo considerarlo de otra manera, en sí mismo, contemplando su estructura, su belleza, etc.
Otro ejemplo que pone Guardini es el de dos estudiantes universitarios: uno trabaja con la vista puesta en su futuro, en sus oportunidades y en el provecho que puede sacar de tal asignatura o tal examen, y acabará siendo un buen abogado, médico o lo que sea. Al otro le interesan los temas en sí, la investigación, la verdad, y puede llegar a realizar una carrera razonable.
Para el primero, la ciencia es un medio con vistas a un fin, que consiste en afirmarse a sí mismo en la vida. El segundo se abre al objeto, poniendo en el centro no a sí mismo sino la verdad. Y este se autorrealizó al crecer su yo en contacto con los avances de sus planteamientos e investigaciones.
Otros ejemplos servirían, apunta Guardini, en relación con la amistad y el amor (la amistad calculadora y la auténtica; el amor basado en el apetito y el amor personal).
«La amistad nace solamente cuando reconozco al otro como persona; le reconozco la libertad de existir en su identidad y esencia; consiento que se convierta en un centro de gravedad por derecho propio y experimento una solicitud viva para que esto ocurra realmente… Entonces se convierten la forma y la estructura de la relación personal, y el estado de ánimo con el que la abordo.
La relación se centra en la otra persona. Al darme cuenta de esto, me distancio continuamente de mí mismo y de este modo me encuentro a mí mismo, como amigo, en lugar de como explotador; libre en lugar de atado a mi propio beneficio; verdaderamente magnánimo, más que lleno de pretensiones»[ 9].
Guardini concluye su reflexión ofreciendo una interpretación conclusiva del sentido último del encuentro, diríamos nosotros, a la luz de una antropología cristiana. Es, por tanto, importante como clave para una pedagogía de la fe.
Primero desde un nivel antropológico. Y luego, antropológico-teológico, en relación con la revelación cristiana: «El hombre está hecho de manera tal que de entrada se manifiesta a sí mismo en una forma inicial, como un proyecto. Si se aferra a ese proyecto, permanece encerrado en sí mismo y no pasa a la entrega, se hace cada vez más estrecho y mezquino. Ha ‘conservado su alma’, pero la ha ido perdiendo cada vez más.
En cambio, si se abre, si se entrega a algo, se convierte en campo donde puede aparecer lo otro (el país que ama, la obra a la que sirve, la persona a la que está unido, la idea que lo inspira), y entonces se hace cada vez más profunda y propiamente él mismo» [10]. Además, en el encuentro con el mundo circundante, el hombre encarna lo que es y crea haciendo cultura en su sentido más amplio [11].
«Este salir de uno mismo puede ser cada vez más completo. Puede alcanzar una intensidad religiosa. Tengamos en cuenta que el término con que se expresa una muy elevada forma de conmoción religiosa es el de ‘éxtasis’, que significa precisamente ser sacado de uno mismo, estar fuera de sí.
Hay que pensar que, como sucede en todas las relaciones, el éxtasis no es unilateral, es decir que no afecta sólo a la persona que sale fuera de sí misma en busca de quien le sale al encuentro, sino que también éste sale de sí mismo; su ser sale fuera del arcano de su propio yo. Se revela, se abre» [12].
El hombre se hace verdaderamente hombre cuando sale de sí mismo respondiendo en los acontecimientos propiamente humanos. Pues bien: «El encuentro es el comienzo de ese proceso; o, al menos, puede serlo.
Representa el primer toque por parte de lo que nos sale al paso, en virtud del cual el individuo es llamado a salir de su inmediato yo y renunciar a su egoísmo, animado a ir más allá de sí mismo en pos de lo que le sale al encuentro y se le abre» [13].
Sin duda todo ello puede ser educado en el sentido de facilitado, fomentado, orientado mediante una pedagogía del encuentro.
El encuentro en la pedagogía
En sus escritos pedagógicos, Guardini muestra el papel que juega el encuentro en el conjunto de la educación. Sobre la base constituida por la forma (estructura de la existencia personal concreta) que se va desplegando en la «formación con la ayuda de la educación, la persona se realiza también gracias al encuentro, en medio del movimiento del hacerse y de la multiplicidad de sus fases en la diversidad de factores del propio ser y en la pluralidad de sus determinaciones» [14].
Todo ello compete a la pedagogía del aspecto subjetivo o inmanente de la persona.
A esto habrá que añadir el aspecto objetivo o transcendente de la persona (en relación con las ideas, normas y valores: la realidad, el mundo, los hombres, la historia, la cultura, Dios, la Iglesia, etc., que valen por sí y no ante todo por su significado para mí).
Esto segundo se lleva a cabo mediante la pedagogía de la aceptación (acogida de lo objetivo, tal como es) y del servicio (entrega a lo que me pide la realidad)[15]. En ese aspecto transcendente, dirá Guardini, se funda la dignidad humana.
La educación debe enseñar el discernimiento de cuál debe ser el centro de gravedad de cada acción personal, teniendo en cuenta el conjunto: la forma personal, el encuentro o el servicio. Enseñar a tomar con auténtica libertad esas decisiones: eso es lo propio de la pedagogía.
REFERENCIAS:
(*) Cf. R. Guardini, “El encuentro” en Id., Ética. Lecciones en la Universidad de Múnich (redcoge textos de 1950-1962), BAC, Madrid 1999 (original alemán de 1993), pp. 186-197; Id., “L’incontro” (ensayo publicado en alemán en 1955),en Id., Persona e libertà. Saggi di fondazione della teoria pedagogica, a cura di C. Fedeli, ed. La Scuola, Brescia 1987, pp. 27-47. [1] Persona e libertà, 32. [2] Cf. Ib., 34. [3] Ética, p. 192. [4] Ibid. [5] Ib., 193. [6] Cf. https://iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com/2018/10/50-aniversario-de-romano-guardini.html. [7] Ética, o. c., p. 194. [8] Ib., 195. Recuérdese, al respecto, lo que dirá diez años después el Concilio Vaticano II en Gaudium et spes, 24: “El hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí mismo, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”. [9] Persona e libertà, 45. [10] Ética, 196. [11] Cf. R. Guardini, Fundamentación de la teoría de la formación, Eunsa, Pamplona 2020, 51s. [12] Ética, 196. Así ha sucedido, en efecto, con la Revelación cristiana (en la que Dios se autocomunica al hombre) y, de otro modo, en toda auténtica toma de conciencia sobre la propia vocación. [13] Ética., 197. [14] Fundamentación de la teoría de la formación, 80s. [15] Cf. Ib., 82-88.
Don Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.
Publicado en su blog Iglesia y nueva evangelización.
Purgatorio: ¿qué es y cuál es su origen y significado?
¿Qué es el Purgatorio?
Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, pasan después de su muerte por una purificación, para obtener la santidad necesaria y entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados, aunque está segura de su eterna salvación.
Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos y de eventuales indulgencias plenarias de las que ya habla la Escritura: "Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado". 2 M 12, 46
El Papa Benedicto XVI, explicaba en 2011 que el purgatorio es un estado temporal que la persona atraviesa tras la muerte mientras expía sus pecados. El purgatorio nunca es eterno, la doctrina de la Iglesia indica que todas las almas, logran acceder al Cielo.
«El purgatorio no es un elemento de las entrañas de la Tierra, no es un fuego exterior, sino interno. Es el fuego que purifica las almas en el camino de la plena unión con Dios", afirmó el Papa». Papa Benedicto XVI en la audiencia pública de los miércoles en 2011.
¿Cuáles son los orígenes del Purgatorio?
El origen etimológico del término purgatorio viene del Latín ”purgatorium”, que puede traducirse como “que purifica” y que deriva, a su vez, del verbo “purgare”, equivalente a limpiar o purificar. Y aunque la palabra Purgatorio no aparezca literalmente en la Biblia, sí aparece su concepto.
Santa Catalina habló del Purgatorio
Este mismo día el Santo Padre, resalto la figura de santa Catalina de Génova (1447-1510), conocida por su visión sobre el purgatorio. La santa no parte del más allá para contar los tormentos del purgatorio e indicar después el camino de la purificación o la conversión, sino que parte de la "experiencia interior del hombre en su camino hacia la eternidad".
Benedicto XVI añadió que el alma se presenta ante Dios aún ligada a los deseos y a la pena que derivan del pecado y que eso le imposibilita gozar de la visión de Dios y que es el amor de Dios por los hombres el que la purifica de las escorias del pecado.
Jesús habló del Purgatorio
En el sermón de la montaña nuestro Jesús les muestra a quien lo escucha, lo que nos espera después de la muerte como consecuencia de sus acciones en vida. Comienza con las bienaventuranzas. Avisa a los fariseos que no entrarán al Reino de los cielos y finalmente menciona las palabras recogidas en el Evangelio de Mateo:
"Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan a la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último céntimo". Mateo 5, 25-26.
San Pablo habló del Purgatorio
En su primera carta a los Corintios, san Pablo habla sobre el juicio personal de los que tiene fe en Jesucristo y su doctrina. Son personas que alcanzaron la salvación, pero deben pasar por el fuego para que sus obras sean probadas. Algunas obras serán tan buenas que recibirán inmediata recompensa; en cambio, otros “sufrirán el daño”, pero igual “quedarán salvos”. Esto es precisamente el purgatorio, una purificación que algunos necesitarán para poder disfrutar plenamente de la amistad eterna con Dios:
"Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquel cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego". 1 Corintios 3, 11-15
En el siglo XVIII, por devoción a los difuntos, los vecinos de Santiago de Compostela construyeron la capilla de As Ánimas. Su construcción fue sufragada por los propios vecinos, con sus limosnas y donaciones. Un templo para aliviar las penas de las ánimas del Purgatorio con planos del arquitecto Miguel Ferro Caaveiro y dirección de obra del maestro de obras Juan López Freire.
"El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El". San Josemaría Escrivá de Balaguer, Surco, 889.
Muchas son las razones para creer en el Purgatorio
Como hemos visto es una enseñanza fundamentada en la Palabra de Dios: a esta realidad que la Sagrada Escritura nos muestra le llamamos purgatorio que es lo mismo que purificación.
En el cielo no entrará nada manchado. Quien es fiel a Dios, pero no se encuentra en un estado de gracia plena a la hora de morir, no puede disfrutar del cielo porque la misma Biblia dice que en la ciudad celestial: "No entrará nada manchado (impuro)" Ap 21,27.
Desde los primeros siglos los cristianos creemos en su existencia: el purgatorio como estado temporal de purificación fue creído desde el principio por los primeros cristianos, Padres de la Iglesia que destacaron por su fe y santidad. En el año 211, Tertuliano: "Nosotros ofrecemos sacrificios por los muertos..."; Año 307, Lactancio: "El justo cuyos pecados permanecieron será atraído por el fuego (purificación)..."; Año 386, Juan Crisóstomo: "No debemos dudar que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo..."; Año 580, Gregorio Magno: "Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador...".