Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús 2025

En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús celebramos la solemnidad litúrgica del amor de Dios: hoy es la fiesta del amor, dijo hace unos años el Papa Francisco. Y añade «el apóstol Juan nos dice qué es el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos ha amado primero. Él nos esperaba con amor. Él es el primero en amar». San Juan Pablo II decía que «esta fiesta recuerda el misterio del Amor que Dios alberga por los hombres de todos los tiempos».

¿Cuándo se celebra la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús?

Todo el mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, aunque su fiesta es después de la octava de Corpus Christi. Este 2025 se celebra el viernes 27 de junio.

Durante la fiesta, san Josemaría invita a meditar sobre el Amor de Dios: «Son pensamientos, afectos, conversaciones que las almas enamoradas han dedicado a Jesús desde siempre. Pero, para entender ese lenguaje, para saber de verdad lo que es el corazón humano y el Corazón de Cristo hace falta fe y hace falta humildad».

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

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San Josemaría hace hincapié en que como devotos tengamos presente toda la riqueza que se encierra en estas palabras: Sagrado Corazón de Jesús.

Cuando hablamos de corazón humano no nos referimos sólo a los sentimientos, aludimos a toda la persona que quiere, que ama y trata a los demás. Un hombre vale lo que vale su corazón, podemos decir.

En la Biblia se habla del corazón, para referirse a la persona que, como manifestó el mismo Jesucristo, se dirige toda ella –alma y cuerpo– a lo que considera su bien. «Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón» (Mt VI, 21).

Por eso al hablar de la devoción al Corazón, san Josemaría pone de manifiesto la certeza del amor de Dios y la verdad de su entrega a nosotros. Al recomendar la devoción a ese Sagrado Corazón de Jesús, nos recomienda dirigirnos íntegramente –con todo lo que somos: nuestra alma, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones, nuestros trabajos y nuestras alegrías– a todo Jesús.

En esto se concreta la verdadera devoción al Corazón de Jesús: en conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, y en mirar a Jesús y acudir a Él, que nos anima, nos enseña, nos guía. No cabe en la devoción más superficialidad que la del hombre que no siendo íntegramente humano, no acierta a percibir la realidad de Dios encarnado. Sin olvidarnos que siempre a su lado está el Sagrado Corazón de María.

Representación del Sagrado Corazón de Jesús con halo de luz, mostrando el corazón ardiente en su pecho y las heridas de la crucifixión en sus manos, sobre fondo oscuro.

¿Qué significado tiene el Sagrado Corazón?

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús nos ama tanto, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

El Papa Francisco nos dijo que el Sagrado Corazón de Jesús invita a aprender «del Señor que se ha hecho alimento, para que cada uno pueda estar todavía más disponible para con los otros, sirviendo a todos los necesitados, especialmente a las familias más pobres».

Que el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, que celebramos, nos ayude a mantener nuestro corazón lleno de amor misericordioso, con todos los que sufren. Por ello, pidamos un corazón:

Nosotros podemos demostrar nuestro amor con nuestras obras; en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

La paz de los cristianos

En esta fiesta, los cristianos tenemos que proponernos que hemos de luchar por obrar el bien. Es mucho lo que falta para que la convivencia terrena esté inspirada por el amor.

Aun así, no desaparecerá el dolor. Ante esas pesadumbres, los cristianos tenemos una respuesta auténtica, una respuesta que es definitiva: Cristo en la Cruz, Dios que sufre y que muere, Dios que nos entrega su Corazón, que una lanza abrió por amor a todos.

Nuestro Señor abomina de las injusticias, y condena al que las comete. Pero, como respeta la libertad de cada individuo, permite que las haya.

Su Corazón lleno de Amor por los hombres le hizo cargar sobre sí, con la Cruz, todas esas torturas: nuestro sufrimiento, nuestra tristeza, nuestra angustia, nuestra hambre y sed de justicia. Vivir en el Corazón de Jesús, es unirnos a Cristo estrechamente, es convertirnos en morada de Dios.

«El que me ama será amado por mi Padre, nos anunció el Señor. Y Cristo y el Padre, en el Espíritu Santo, vienen al alma y hacen en ella su morada», escribe san Josemaría.

Valen tanto los hombres, su vida y su felicidad, que el mismo hijo de Dios se entrega para redimirlos, para limpiarnos para elevarnos. ¿Quién no amará su corazón tan herido? Preguntaba ante eso un alma contemplativa. Y seguía preguntando: ¿quién no devolverá amor por amor?, ¿quién no abrazará un Corazón tan puro?, termina de añadir san Josemaría Escrivá.

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Roma

¿Cómo surgió la fiesta? Historia del Sagrado Corazón de Jesús

Fue un pedido explícito de Jesús, quien el 16 de junio de 1675 se le apareció y le mostró su Corazón a santa Margarita María de Alacoque. Jesús se le apareció en varias ocasiones y le comunico lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.

Durante estas visitas, Jesús le pidió a santa Margarita que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

Más adelante santa Margarita con su director espiritual, propagarían los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús. En 1899, el papa León XIII publicó la encíclica Annum Sacrum sobre la consagración del género humano, que se realizó ese mismo año.

San Juan Pablo II en su pontificado estableció que en esta fiesta además se celebrase la Jornada Mundial de Oración por la santificación de los sacerdotes. Muchos grupos, movimientos, órdenes y congregaciones religiosas, desde antiguo, se han puesto bajo su protección.

En Roma se encuentra la Basílica del Sacro Cuore (Sagrado Corazón) construida por San Juan Bosco por encargo del papa León XIII y con donaciones de fieles y devotos de varios países.

Oración al Sagrado Corazón de Jesús en el devocionario católico

¿Cómo se reza al Sagrado Corazón de Jesús? Podemos conseguir una estampa o una figura en donde se vea el Sagrado Corazón de Jesús y, ante ella, llevar a cabo la consagración familiar a su Sagrado Corazón, de la siguiente manera:

Escrita por santa María de Alacoque:

«Yo, (decir aquí tu nombre), me doy y consagro al Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, mi persona y mi vida, mis oraciones, penas y sufrimientos, para no querer servirme de ninguna parte de mi ser, sino para honrarlo, amarlo y glorificarlo. Es mi voluntad irrevocable ser todo de Él y hacer todo por su amor, renunciando de todo corazón a todo lo que pueda disgustarle.

Yo os tomo, pues, Oh Sagrado Corazón, por el único objeto de mi amor, el protector de mi vida, la seguridad de mi salvación, el remedio de mi fragilidad y de mi inconstancia, el reparador de todos los defectos de mi vida, y mi asilo en la hora de mi muerte».


Bibliografía

Es Cristo que pasa, san Josemaría Escrivá.
Confesiones, San Agustín.
Carta, 5 de octubre de 1986, al M. R. P. Kolvenbach, san Juan Pablo II.
Opusdei.org
Vaticannews.va

El agua dulce del Espíritu Santo

Encuentro con fieles católicos en Baréin

En la introducción a su discurso, les ha dicho que “es bello pertenecer a una Iglesia formada por la historia de rostros diversos, que encuentran la armonía en el único rostro de Jesús”. Tomando pie de la geografía y cultura del país, les ha hablado del agua que riega y hace fructificar tantas zonas de desierto. Una bella imagen de la vida cristiana como fruto de la fe y del Espíritu Santo:

“Emerge a la superficie nuestra humanidad, demacrada por muchas fragilidades, miedos, desafíos que debe afrontar, males personales y sociales de distinto tipo; pero en el fondo del alma, bien adentro, en lo íntimo del corazón, corre serena y silenciosa el agua dulce del Espíritu, que riega nuestros desiertos, vuelve a dar vigor a lo que amenaza con secarse, lava lo que nos degrada, sacia nuestra sed de felicidad.

Y siempre renueva la vida. Esta es el agua viva de la que habla Jesús, esta es la fuente de vida nueva que nos promete: el don del Espíritu Santo, la presencia tierna, amorosa y revitalizadora de Dios en nosotros".

Papa Francisco.

Los cristianos, responsables del agua viva de Espíritu Santo

En un segundo momento, el Papa se detiene en una escena del Evangelio según san Juan. Jesús esta en el templo de Jerusalén. Se celebra la fiesta de los Tabernáculos, en la que el pueblo bendice a Dios agradeciendo el don de la tierra y de las cosechas y haciendo memoria de la Alianza. El rito más importante de esa fiesta era cuando el sumo sacerdote tomaba agua de la piscina de Siloé y la derramaba fuera de los muros de la ciudad, en medio de los cantos jubilosos del pueblo, para expresar que de Jerusalén fluiría una gran bendición para todos los pueblos (cfr Sal 87, 7 y sobre todo Ez 47, 1-12).

En ese contexto Jesús, puesto en pie, grita: “¡Quien tenga sed, venga a mí y viva!, y de sus entrañas brotarán ríos de agua viva” (Jn 7, 37-38). El evangelista dice que se refería al Espíritu Santo que recibirían los cristianos en Pentecostés. Y observa Francisco: "Jesús muere en la cruz. En ese momento, ya no es del templo de piedras, sino del costado abierto de Cristo que saldrá el agua de la vida nueva, el agua vivificante del Espíritu Santo, destinada a regenerar a toda la humanidad liberándola del pecado y de la muerte".

Expertos Fundación CARF

Viaje del Papa Francisco al reino musulmán de Baréin. Fuente VaticansNews.

Los dones del Espíritu Santo

A partir de ahí, el Papa señala tres grandes dones que vienen con la gracia del Espíritu Santo, y nos pide acoger y vivir: la alegría, la unidad y la 'profecía'.

Fuente de alegría

En primer lugar, el Espíritu Santo es fuente de alegría. Con ella viene la certeza de no estar nunca solos, porque Él nos acompaña, nos consuela y nos sostiene en las dificultades; nos anima para lograr los deseos más grandes y nos abre al asombro ante la belleza de la vida. No se trata –observa el sucesor de Pedro– de una emoción momentánea. Y menos, de esa especia de alegría consumista e individualista presente en algunas experiencias culturales de hoy.

Al contrario, la alegría que proviene del Espíritu Santo, viene de saber que, cuando estamos unidos a Dios, incluso en medio de nuestras fatigas y 'noches oscuras', podemos afrontar todo, incluso el dolor, el duelo y la muerte.

Y la mejor manera de conservar y multiplicar esa alegría –señala Francisco–­ es darla. A partir de la Eucaristía, podemos y debemos contagiar esa alegría especialmente entre los jóvenes, las familias y las vocaciones, con entusiasmo y creatividad.

Fuente de unidad

En segundo lugar, el Espíritu Santo es fuente de unidad porque nos hace hijos de Dios Padre (cfr Rm 8, 15-16) y por tanto hermanos y hermanas entre nosotros. Y por eso no tienen sentido los egoísmos, las divisiones y las murmuraciones entre nosotros. El Espíritu Santo –­señala el Papa– inaugura el único lenguaje del amor, abate las barreras de la desconfianza y del odio, y crea espacios de acogida y diálogo.

Nos libera del miedo y nos da valentía para ir al encuentro de los otros con el poder desarmarte de la misericordia. El Espíritu es capaz de forjar la unidad pero no en la uniformidad sino en armonía, en medio de una gran diversidad de personas, razas y culturas.

Y, subraya Francisco, “esta es la fuerza de la comunidad cristiana, el primer testimonio que podemos dar al mundo. (…) Vivamos la fraternidad entre nosotros (…), valorando los carismas de todos”.

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Fuente de 'profecía'

Finalmente, el Espíritu Santo es fuente de profecía. En la historia de la salvación encontramos muchos profetas que Dios llama, consagra y envía como testigos e intérpretes de lo que Él quiere decir al pueblo. Con frecuencia las palabras de los profetas son penetrantes. Así, señala Francisco, ellos “llaman por su nombre a los proyectos de mal que se anidan en el corazón de la gente, ponen en crisis las falsas seguridades humanas y religiosas, e invitan a la conversión".

Pues bien, todos los cristianos tenemos esta vocación profética. Desde el bautismo, el Espíritu Santo nos ha hecho profetas. “Y como tales no podemos fingir que no vemos las obras del mal, quedarnos en una vida tranquila para no ensuciarnos las manos".

Por el contrario –añade– todo cristiano antes o después debe implicarse con los problemas de los demás, dar testimonio, llevar la luz del mensaje evangélico, practicar las bienaventuranzas en las situaciones de cada día, que nos llevan a buscar el amor, la justicia y la paz, y a rechazar toda forma de egoísmo, violencia y degradación.

Y pone el ejemplo del interés por los presos y sus necesidades. “Porque en el trato a los últimos (cfr Mt 25, 40) se encuentra la medida de la dignidad y de la esperanza de una sociedad”.

En definitiva, y este es el mensaje de Francisco, los cristianos estamos llamados –también en un tiempo en que abundan los conflictos– a llevar alegría, a promover la unidad (comenzando dentro de la Iglesia) y a implicarnos con las cosas que no van bien en la sociedad. Para todo ello tenemos la luz y la fuerza de la gracia que proviene del Espíritu Santo.

Como fruto de la entrega de Cristo, el Espíritu nos hace hijos de Dios y hermanos entre nosotros para que extendamos por el mundo el mensaje del Evangelio, que es buena noticia para todos, a la vez que nos invita a trabajar por el bien de todos.


Don Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en Iglesia y nueva evangelización.

«Testigos de misericordia y esperanza»: Enseñanzas del papa Francisco

El pasado 21 de abril pasará a la historia como una fecha de profundo significado para la Iglesia católica. Ese día, el mundo recibió la noticia del fallecimiento del papa Francisco, el primer pontífice jesuita y latinoamericano, que marcó con fuerza el rumbo de la Iglesia en el siglo XXI. En una coincidencia que muchos han interpretado como providencial, esa misma jornada vio la publicación de un libro titulado «Testigos de misericordia y esperanza. Las enseñanzas del papa Francisco para el siglo XXI», escrito por el teólogo español Ramiro Pellitero.

Editado por San Pablo, el volumen ofrece una profunda y sistemática exposición del pensamiento del papa Francisco, desde la perspectiva teológica y pastoral. Se trata de una obra destinada tanto a especialistas como al público general, que desee comprender a fondo las claves de un pontificado que ha dejado una huella indeleble en la historia reciente de la Iglesia.

Descargar 1º capitulo: Testigos de misericordia y esperanza. Las enseñanzas del papa Francisco para el siglo XXI

Un testamento espiritual en vida

La publicación de este libro el mismo día de la muerte del Papa ha otorgado a la obra un carácter casi testamental. Aunque no fue escrito por el propio pontífice, Testigos de misericordia y esperanza recoge con rigor sus grandes intuiciones y prioridades: una Iglesia en salida, centrada en la misericordia, comprometida con los pobres y llamada a sanar las heridas del mundo.

Ramiro Pellitero, profesor de Teología de la Universidad de Navarra y autor de múltiples ensayos sobre eclesiología, presenta en este volumen una síntesis clara, profunda y bien documentada del magisterio del papa Francisco. A través de sus páginas, los lectores podrán recorrer las ideas que han animado las encíclicas, exhortaciones, discursos y gestos del pontífice argentino durante su pontificado.

Cardenal José Tolentino de Mendoça

Prólogo del cardenal José Tolentino de Mendonça

La obra cuenta con un valioso prólogo a cargo del cardenal José Tolentino de Mendonça, Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, quien destaca el valor teológico y pastoral del libro. En sus palabras, el cardenal portugués subraya que este volumen «no es solamente una lectura del pensamiento de Francisco, sino una invitación a vivirlo, a encarnarlo en el compromiso cotidiano de los creyentes con la esperanza cristiana».

Tolentino, reconocido por su sensibilidad espiritual y su capacidad de tender puentes entre la fe y la cultura contemporánea, señala también la oportunidad de la publicación, que coincide con la necesidad de conservar y profundizar el legado del papa Francisco: «La enseñanza de Francisco no termina con su vida terrena; sigue viva en cada gesto de misericordia, en cada palabra de consuelo, en cada decisión valiente de quienes buscan renovar la Iglesia desde el Evangelio».

Testigos de misericordia y esperanza

Montaje hecho por ChatGPT del libro Testigos de misericordia y esperanza.

Una obra de referencia para nuestro tiempo

Estructurado en capítulos temáticos, Testigos de misericordia y esperanza aborda cuestiones centrales del pensamiento de Francisco: la misericordia como núcleo del mensaje cristiano, el papel de los pobres como sujetos evangelizadores, la ecología integral como expresión de la justicia, la reforma eclesial como camino de conversión, y la sinodalidad como estilo de una Iglesia que escucha, discierne y camina unida.

El autor pone especial énfasis en el carácter pastoral del papa Francisco: un estilo de gobierno que privilegia el encuentro, la cercanía y la ternura. Lejos de proponer una teología abstracta o académica, Francisco ha querido hablar al corazón de las personas, especialmente de las que sufren. El libro recoge esta dimensión con fidelidad, mostrando cómo Francisco ha ejercido su ministerio petrino con un espíritu profundamente evangélico.

Un homenaje providencial

La coincidencia entre la publicación del libro y el fallecimiento del papa Francisco ha sido recibida con emoción por muchos sectores de la Iglesia. No pocos ven en ello un homenaje providencial: un resumen escrito de su legado que llega al mundo justo en el momento en que el Papa regresa a la casa del Padre. El título mismo del libro Testigos de misericordia y esperanza resume perfectamente el espíritu de Francisco y el mensaje que deja a la humanidad.

Ya disponible en librerías religiosas y plataformas digitales, la obra se perfila como una lectura indispensable para quienes deseen profundizar en la riqueza espiritual del pontificado de Francisco y continuar haciendo fructificar su herencia en las comunidades cristianas del mundo.

Un legado que continúa

El fallecimiento del papa Francisco marca el fin de una etapa, pero no el fin de su influencia. Su pensamiento, sus gestos y su ejemplo seguirán iluminando el camino de millones de creyentes. Libros como el de Ramiro Pellitero ayudan a conservar y transmitir este legado, y ofrecen herramientas para vivir hoy el Evangelio con audacia, compasión y esperanza.

Con esta publicación, la Iglesia no solo mira hacia atrás con gratitud, sino que se prepara para seguir adelante, inspirada por uno de los pontificados más significativos de nuestra era.

León XIV: dos sacerdotes de Perú hablan de él

El padre Erick Vílchez es un peruano que conoció personalmente al papa León XIV. Cuando era seminarista y se estaba formando para ser sacerdote, asistió a la ordenación episcopal de Robert Francis Prevost como maestro de ceremonias. Pertenece a la prelatura territorial de Chota, sufragánea de la archidiócesis de Piura.

«Conozco al papa León XIV desde que era Administrador Apostólico de la diócesis de Chiclayo. Como han declarado aquellos que le conoce, yo siempre le vi como una persona muy cercana, con mucha capacidad de diálogo, que sabe escuchar, sonriente y muy obediente. Tiene mucha fuerza. Pero sobre todo destacaría su profundo amor a la Iglesia», enfatiza don Erick.

Pero lo que recuerda con más ilusión fue el día que participo como maestro de ceremonias en la ordenación episcopal de León XIV un 12 de diciembre del 2014.

El primer encuentro de Erick con el papa León XIV dejó este recuerdo: «La primera vez que conversé con Monseñor Robert, con él recién llegado a Chiclayo, me presenté y le dije: "Monseñor estamos a cargo de la liturgia, aquí estamos para servir". Recuerdo que él con su sencillez y con una sonrisa me contestó: "qué bueno, por si acaso, yo soy muy obediente. Entonces preparemos de la mejor manera". Ahí, vi esa cercanía, su sencillez de aquel entonces Monseñor Robert, ahora Santo Padre», declaró Erick.

Un convenio con la Universidad de Navarra

Don Erick se formó y estudió en el seminario de santo Toribio de Mogrovejo de la Chiclayo (Perú) cuando monseñor Robert Francis Prevost Martínez era obispo de la diócesis. Se ordenó en 2019 con 26 años. Actualmente estudia la Licenciatura en Teología Dogmática en las Facultades Eclesiásticas de Universidad de Navarra.

El seminario tiene un convenio con la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra para la afiliación del cuadrienio teológico del seminario. Dicho convenio quedó refrendado con un decreto de la congregación de educación católica, sobre seminarios e institutos de estudio que se renueva cada cinco años.

Sin ir más lejos, el pasado 8 de mayo tuvo logar el examen de Bachillerato del seminario de cuatro seminaristas de Santo Toribio con la visita del Prof. Félix María Arocena, de la Universidad de Navarra.

En una cárcel de Chiclayo

Erick recuerda también que coincidió con el obispo Prevost en una cárcel de Chiclayo para asistir a los presos y celebrar los sacramentos en prisión. «En alguna conversación que he mantenido con él me insistía en que debemos formarnos con mentalidad misionera, poner en valor el sentido de misión, empezando por los nuestros, por los más cercanos», apunta.

Este sacerdote peruano alberga la esperanza de que el nuevo papa León XIV, con doble nacionalidad americana y peruana, animará a que muchos jóvenes peruanos se planteen su vuelta a la Iglesia Católica y otros profundicen en su vocación, ya sea para ser sacerdote, para la consagración religiosa o como laicos, célibes o en un compromiso vocacional matrimonial.

¡Siento una emoción muy grande!

«El Papa siempre es el Papa, pero estamos muy contentos de tener un ¡Papa peruano! ¡Siento una emoción muy grande!», exclama Erick.

Don Christian, estudiante de Derecho Canónico en Navarra

Christian Munayco Peves es otro sacerdote peruano, natural de Cañete, que acaba de concluir la Licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra. Pertenece a la diócesis de Ayacucho en las alturas de los andes peruanos. Realizó sus estudios filosófico-teológicos en el seminario mayor san Martín de Porres de Lima y los concluyó en el instituto superior de estudios teológicos Juan XXIII.

Se ordenó sacerdote en la festividad de san Josemaría Escrivá, el 26 de junio de 2021. Christian relata cómo conoció a León XIV: «Mi arzobispo fue elegido dos veces presidente de la conferencia episcopal. Eso suponía que me acercara de manera constante a la conferencia episcopal para encontrarnos y despachar asuntos. En los pasillos de la conferencia recuerdo haberme cruzado con quien es ahora el santo Padre. Intercambiamos un saludo cordial, pero más allá de ello no. De aquellas pocas experiencias, puedo decir que es una persona afable, amigable, de pocas palabras, pero sobre todo sumamente sencillo y cercano».

El espíritu misionero de León XIV

Para él, el papa León XIV ha sido un pastor en constante comunión y comunicación con sus fieles y, su paso por Perú, no hace sino reconocer que se puede seguir y servir a Dios, fuera de nuestras propias tierras, con espíritu misionero de servicio, abnegación y olvido personal.

Cuenta también que, entre sus compañeros peruanos, a sabiendas que el Papa conoce muy bien su territorio, «apreciamos con mucho valor, su postura de enfrentar siempre con la verdad, realidades y circunstancias que han exigido su defensa y escucha, en torno a problemáticas concernientes al orden social, la caridad y la justicia».

El Papa y los jóvenes

Para este sacerdote, que proviene de una familia profundamente católica que le guiaron en el camino de su vocación, la elección de un Papa peruano va a remover la conciencia de los jóvenes de Perú a plantearse su vocación: «Sin duda, esta elección es un testimonio vivo y eficaz de que se puede ser feliz en medio del mundo, sirviendo y trabajando en la empresa de Dios, salvando almas.

El ambiente en el que trabajaba el Papa León, –tanto como religioso agustino y como obispo siempre fue en medio de los jóvenes, los mismos que desde su elección, han sido llamados a replantearse con mayor interés su cercanía a la Iglesia y a la parroquia, para reconsiderar que, paralelamente a la vida y el trabajo profesional que cada uno ejerce, se puede ser santo, con esa inquietud patente de saber que muchas veces Dios pide más, porque sabe más, y porque quiere más de quienes ama», afirma.

«¡No tengáis miedo!»

Para él, las primeras palabras del Santo Padre el domingo en el Regina Coeli a los jóvenes: ¡No tengáis miedo, acepten la invitación de Cristo! nos remiten con especial cariño a las palabras de san Juan Pablo II, también en el inicio de su pontificado.

«Por ello, no deja de ser un mensaje esperanzador, ya que no podemos tener miedo a experimentar una vida que, por cuestiones meramente humanas, suele ir en contracorriente a los designios y a las propuestas de amor y perdón trazados por Jesús.

Ante esta disonancia, Dios cuenta con nosotros para ser corredentores, para cargar con Él la cruz de la lógica humana, que muchas veces intenta restarle valor y vigencia a su mensaje. Por eso, el mensaje de «no tener miedo» nos invita a apostar por la verdad, a pesar de que su defensa conlleve la ofensiva del sufrimiento, la exclusión, o la injusticia, pero que detrás de ella nos abre una enorme puerta al cielo», explica Christian.

Erick Vilchez y

Testimonio de vida sacerdotal

Este joven sacerdote considera que hoy en día, para cuidar las vocaciones en general, y en Perú en particular, la respuesta es: con un verdadero testimonio de vida sacerdotal. «Por ello, no puedo dejar de dar gracias a los sacerdotes misioneros españoles, que, dejando sus tierras, promovieron las vocaciones sacerdotales en mi parroquia. Fueron testimonios fieles y modelos creíbles de que optar por el sacerdocio, era una decisión que nos llevaba a la felicidad».

Para don Christian la elección papal ha sido una noticia de mucha alegría para todos los peruanos, porque «no solo ha despertado emociones desbordantes y gratificantes, sino también, nos ha devuelto la ilusión por las cosas de Dios, y ese importante sentido espiritual de identificación y pertenencia a nuestra Iglesia local».

El Papa habla de unidad

Le llama también la atención, con un profundo sentimiento de esperanza, que el Papa haya hablado de unidad, en medio de un mundo dividido por odios, cálculos políticos, guerras armamentistas, pero también de guerras de índole espiritual que intentan dividir a la Iglesia.

«Confiamos en que, asistido por el Espíritu Santo, y unido a nuestras oraciones, la Iglesia irá por buen rumbo, porque tiene un buen pastor que tiene por meta, velar porque cada una de sus ovejas no solo camine por buen redil, y sobre todo que no se pierda. Quiero aprovechar para dar las gracias a la Fundación CARF por permitirnos a muchos sacerdotes poder formarnos para poder servir con mejores medios académicos al pueblo que Dios nos encomienda», concluye Christian Munayco Peves.


Marta Santín, periodista especializada en religión.

¿Qué es el Rosario y por qué es importante la Virgen del Rosario?

El Santo Rosario es una oración mariana que adquiere un significado aún más durante el mes de mayo, mes dedicado a la Virgen. Rezarlo durante todo el mes (¡y toda la vida!) es un acto de amor y gratitud hacia María, nuestra Madre, que siempre nos guía hacia su Hijo, Jesucristo.

También hay que señalar otra fecha importante, el 7 de octubre, día dedicado a la Fiesta de la Virgen del Rosario. Como decía san Josemaría Escrivá de Balaguer: «el Rosario es un arma poderosa que tenemos los cristianos para enfrentarnos al mal».

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Ofrecerlo por los sacerdotes y las vocaciones resulta especialmente valioso y va en línea con las oraciones que el papa León XIV nos ha pedido. En la Fundación CARF (conoce nuestra labor de ayuda a seminaristas y sacerdotes) comprendemos la importancia de estas oraciones para sostener la misión de formar integralmente a seminaristas y sacerdotes diocesanos y religiosos y religiosas sin recursos económicos de todo el mundo. Cada avemaría es un acto de fe que puede transformar vidas, apoyando a quienes han entregado la suya al servicio de Dios y de su Iglesia.

Virgen María

Cómo rezar el rosario: guía práctica

Queremos invitarte a unirte en oración ofreciéndolo de manera especial por nuestros sacerdotes y por las vocaciones que construirán el futuro de la Iglesia. Es una oportunidad para que pongamos en manos de nuestra Madre a quienes ya sirven, y a aquellos que están en su proceso de formación. Sigue estos sencillos pasos y ofrece cada misterio con el corazón lleno de fe:

  1. Persígnate: «Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén».
  2. Reza un Señor Mío Jesucristo, y pide perdón de los pecados. Puedes pedir también por el fortalecimiento de todos los sacerdotes y por los desafíos que enfrentan en su misión.
  3. En cada misterio, antes de empezarlo medita brevemente su contenido, dependiendo del día de la semana, rezaremos uno distinto. Y ofrécelo por alguien o algo en especial. Para rezar el misterio correspondiente, comienza con un padrenuestro y diez avemarías. Repite este ciclo cinco veces, una decena de avemarías por cada misterio, completando la contemplación de los cinco misterios del día.
  4. Al terminar, un Gloria después de cada decena, agradeciendo todas las ayudas que estamos pidiendo. Terminas el misterio con esta oración: María, Madre de Gracia, Madre de piedad y misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
  5. Tras los cinco misterios, puedes rezar las letanías lauretanas.
  6. Al finalizar, si quieres, finaliza el Rosario con el rezo de una Salve.

Los misterios del Rosario: un camino de oración por nuestros sacerdotes

Al rezarlos reflexionamos sobre los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. Cada uno de estos momentos nos invita a contemplar la vida de Jesús y de María, y nos da la oportunidad de ofrecer nuestras oraciones por quienes más lo necesitan.

Misterios gozosos

Misterios gozoso: lunes y sábado

Los misterios gozosos nos invitan a reflexionar sobre los primeros años de la vida de Jesús y el gozo de su llegada al mundo: la anunciación o encarnación del hijo de Dios; la visitación de María a santa Isabel; el nacimiento del hijo de Dios en Belén; la purificación de nuestra Madre y la presentación de su hijo en el templo; y el niño perdido y hallado en el templo.

Misterios dolorosos

Misterios dolorosos: martes y viernes

Los misterios dolorosos nos llenan de esperanza al recordarnos todos los sufrimientos, la entrega y el amor de Jesús antes de la resurrección y de la victoria de Cristo sobre la muerte: la oración en el huerto de los olivos; la flagelación del Señor atado a la columna; la coronación de espinas; la cruz a cuestas camino del Calvario; y la muerte de Jesús en la cruz.

Al rezar estos misterios pedimos a María que siga inspirando nuevas vocaciones sacerdotales, especialmente en estos tiempos en que el mundo necesita sacerdotes comprometidos y muy santos. Que a través de su intercesión los más jóvenes escuchen la llamada de Dios y se sientan fortalecidos para dedicar su vida al servicio de la Iglesia y de los demás.

Misterios luminosos

Misterios luminosos: jueves

Los misterios luminosos, que fueron creados por san Juan Pablo II, destacan algunos momentos de la vida pública de Jesús, como su bautismo; el milagro de las bodas de Caná; la predicación y el anuncio del reino de Dios; la transfiguración del Señor; y la institución de la Eucaristía.

Al rezar estos misterios, podemos pedir por los sacerdotes que ya están sirviendo, para que continúen guiando a sus comunidades con buen humor, sabiduría y compasión.

Misterios gloriosos

Misterios gloriosos: miércoles y domingo

Con los misterios gloriosos nos alegramos del triunfo de Jesús sobre la muerte y el pecado, sobre el mal y sobre el demonio. Meditaremos su entrega en la cruz que nos redime y con su resurrección abre las puertas del cielo; la ascensión del Señor a los cielos; la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y su madre María; la Asunción a los cielos en cuerpo y alma de Nuestra Madre; y su coronación como la reina y señora de todo lo creado.

La oración por las vocaciones sacerdotales y por los sacerdotes diocesanos es un acto de amor en esta fiesta; un gesto de fe que fortalece a quienes dedican su vida al servicio de Dios y un compromiso con el futuro de nuestra Iglesia.

Por qué es importante la Virgen del Rosario

La festividad de la Virgen del Rosario, celebrada cada 7 de octubre, es una de las conmemoraciones marianas más significativas dentro del calendario litúrgico católico. Esta celebración no solo honra a la Virgen María bajo la advocación del Rosario, sino que también rememora eventos históricos y espirituales que han marcado profundamente la devoción cristiana.

Tabla de resumen de contenidos

Cómo rezar el rosario: guía práctica

Los misterios del Rosario: un camino de oración por nuestros sacerdotes

Misterios gozoso: lunes y sábado

Misterios dolorosos: martes y viernes

Misterios luminosos: jueves

Misterios gloriosos: miércoles y domingo

Por qué es importante la Virgen de Rosario

San Juan Pablo II y su familia

San Juan Pablo II tenía un gran cariño hacia sus padres. Hay que reconocer que no es frecuente ese tipo de devoción, pues a algunos una fotografía de este tipo les produciría nostalgia y tristeza. En cambio, Karol Wojtila tuvo presentes a sus progenitores hasta su partida hacia el cielo.

Emilia Kaczorowska, la madre de san Juan Pablo II

Emilia siempre presentó parecidos con su hijo Karol, con un rostro cuadrado y macizo, ojos grandes y nariz sobresaliente. Hija de unos pobres artesanos, su vida fue dolorosa, pues pronto quedó huérfana de madre. Era una mujer de fe robusta y piedad ardiente, con una especial inclinación a las devociones marianas. Nunca gozó de buena salud, pero el nacimiento de Karol le infundió la fuerza y la alegría de ver crecer a un niño sano y robusto, en contraste con una hija que seis años antes había fallecido al nacer. Emilia había encontrado en un joven militar, que llegaría a capitán, el compañero ideal para la aventura de formar una familia.

Le atrajeron no solo su buena educación y cortesía sino también su profunda piedad. Destinado en la guarnición de la pequeña ciudad de Wadowice, el capitán Wojtyla tenía un sueldo modesto y llevaba una vida un tanto rutinaria. Pasaba muchas horas fuera del hogar, aunque llegaba a tiempo a casa para compartir una apacible vida de familia, en la que jugaban un papel destacado la oración y la meditación, aunque también las lecturas de historia y literatura de Polonia, la patria que había recuperado su independencia en 1918. Tal y como dijo un biógrafo del papa, aquel hogar era un pequeño Nazaret.

Palabras de san Juan Pablo II sobre su madre: «era una mujer excepcional… A ella debo mi primera educación religiosa».

Padres de Karol

Fotografía de los padres de Karol Wojtyla el día de su boda.

Karol Wojtyła (padre)

Siempre fue un hombre de profunda fe y disciplina, cuya vida marcó para siempre a su hijo, el futuro san Juan Pablo II. Fue un militar retirado del ejército austrohúngaro y luego oficial polaco, tras la muerte de su esposa Emilia, asumió en soledad la crianza de Karol, inculcándole devoción mariana, amor a la oración y fortaleza ante la adversidad.

Hombre austero pero afectuoso, lo llevaba a misa diaria y le enseñó a rezar de rodillas, incluso en tiempos de ocupación nazi. Su muerte repentina en 1941 dejó al joven Karol huérfano a los 21 años, pero su ejemplo de piedad silenciosa y entrega a Dios se convirtió en el cimiento espiritual de su vocación. Juan Pablo II recordaría siempre a su padre como su «primer guía espiritual», aquel que le mostró que «la santidad no es un lujo, sino un deber».

Reflexión de Juan Pablo II sobre su padre: «mi padre fue un hombre de gran vida interior… Con él aprendí a rezar».

san Juan Pablo II en brazos de su padre y su madre

El vacío que vivió en sus primeros años

A los nueve años el joven Karol, al que familiarmente llaman Lolek, asistirá a la muerte de su madre. Tiene cuarenta y cinco años, y ha sido víctima de una nefritis. El padre que en aquel 1929 ha cumplido los cincuenta, se ve obligado a retirarse del ejército para cuidar de su hijo pequeño.

Hay también un hijo mayor de veintitrés años, Edmund, que un tiempo atrás había marchado a la cercana Cracovia para estudiar medicina. Este hijo, destinado en diversos hospitales, hará frecuentes visitas al hogar familiar para encontrar a su padre y a su hermano. Sin embargo, en 1932, con tan solo veintiséis años, Edmund muere de escarlatina. Se ha contagiado de una enferma a la que se había empeñado en curar. Tal era su carácter generoso y enérgico, de una apasionada entrega a su vocación de médico.

Camino a su vocación de sacerdote

Los dos Karol, padre e hijo, permanecen en el hogar de Wadowice. El padre prepara la comida se hace cargo de la limpieza y supervisa las tareas escolares del niño. Además, en aquella casa se rezan muchos rosarios, un modo de acercarse a la Madre celestial en ausencia de la madre terrena. El hijo asiste primero a una escuela municipal, y luego al liceo de la ciudad. Es un estudiante destacado en muchas materias, especialmente en religión, y también será un esforzado portero de fútbol, que se gana la simpatía de sus compañeros, entre los que hay muchos judíos.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, aproximadamente un tercio de la población de la ciudad era judía. Al joven Karol le impresionará el sumo cuidado que los judíos ponen en sus ritos religiosos, lo que a veces contrasta con unas iglesias cristianas vacías y con una piedad rutinaria. Muchos años después, al visitar la sinagoga de Roma, siendo ya papa, afirmará que «los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe».