Cuaresma 2026: significado, definición y oraciones

"La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto" Catecismo de la Iglesia Católica, 540

¿Qué es la Cuaresma?

El significado de Cuaresma viene del latín quadragesima, período litúrgico de cuarenta días reservado a la preparación de la Pascua de Resurrección. Cuarenta días en alusión a los 40 años que pasó el pueblo de Israel en el desierto con Moisés y los 40 días que pasó Jesús en el desierto antes de iniciar su vida pública.

Este es un tiempo de preparación y de conversión para participar en el momento culminante de nuestra liturgia, junto a toda la Iglesia Católica.

En el Catecismo, la Iglesia propone seguir el ejemplo de Cristo en su retiro al desierto, como preparación de las solemnidades pascuales. Es un tiempo particularmente apropiado para los ejercicios espirituales, las liturgias penitenciales, las peregrinaciones como signo de penitencia, las privaciones voluntarias como el ayuno y la limosna, y la comunicación cristiana de bienes por medio de obras caritativas y misioneras.

Este esfuerzo de conversión es el movimiento del corazón contrito, atraído y movido por la gracia a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero.

No podemos considerar esta Cuaresma como una época más, repetición cíclica del tiempo litúrgico. Este momento es único; es una ayuda divina que hay que acoger. Jesús pasa a nuestro lado y espera de nosotros —hoy, ahora— una gran mudanza. Es Cristo que pasa, 59.

¿Cuándo empieza la Cuaresma?

La imposición de la ceniza en la frente de los fieles, el Miércoles de Ceniza, es el inicio de este camino. Constituye una invitación a la conversión y a la penitencia.  Es una invitación a recorrer el tiempo de Cuaresma como una inmersión más consciente y más intensa en el misterio pascual de Jesús, en su muerte y resurrección, mediante la participación en la Eucaristía y en la vida de caridad.

El tiempo de Cuaresma termina el Jueves Santo, antes de la Misa in coena Domini (la cena del Señor) con la que comienza el Triduo Pascual, Viernes Santo y Sábado de Gloria.

Durante estos días miramos nuestro interior y asimilamos el misterio del Señor siendo tentado en el desierto por Satanás y su subida a Jerusalén para su Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión a los cielos.

Recordamos que hemos de convertirnos y creer en el Evangelio y que somos polvo, hombres pecadores, criaturas y no Dios.

¿Qué mejor manera de comenzar la Cuaresma? Renovamos la fe, la esperanza, la caridad. Esta es la fuente del espíritu de penitencia, del deseo de purificación. La Cuaresma no es sólo una ocasión para intensificar nuestras prácticas externas de mortificación: si pensásemos que es sólo eso, se nos escaparía su hondo sentido en la vida cristiana, porque esos actos externos son —repito— fruto de la fe, de la esperanza y del amor. Es Cristo que pasa, 57.

 
cuaresma miercoles de ceniza iglesia semana santa

¿Cómo vivir la Cuaresma?

La Cuaresma puede vivirse a través del sacramento de la Confesión, la oración y las actitudes positivas.

Los católicos nos preparamos para los eventos claves de la Semana Santa a través de los pilares de la oración, el ayuno y la limosna. Estos, nos guían en la reflexión diaria sobre nuestra propia vida mientras nos esforzamos por profundizar nuestra relación con Dios y con el prójimo, sin importar en qué parte del mundo viva el prójimo. La Cuaresma es un tiempo de crecimiento personal y espiritual, un tiempo para mirar hacia afuera y hacia adentro. Son jornadas de misericordia.

El arrepentimiento y la Confesión

Como tiempo de penitencia, la Cuaresma es un buen momento para confesarse. No es obligatorio, ni hay ningún mandato de la Iglesia que obligue a ello pero encaja muy bien con las palabras del Evangelio que repite el sacerdote el día Miércoles de Ceniza.

«Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás» «Conviértete y cree en el Evangelio»

En estas palabras santas hay un elemento común: la conversión. Y ésta es solo posible con el arrepentimiento y el cambio de vida. Por ello, la confesión en la Cuaresma es una manera práctica de pedir perdón a Dios por nuestros pecados y recomenzar. El modo ideal de comenzar este ejercicio de introspección, es por medio de un examen de conciencia.

La Penitencia

La penitencia, traducción latina de la palabra griega "metanoia" que en la Biblia significa la conversión del pecador. Designa todo un conjunto de actos interiores y exteriores dirigidos a la reparación del pecado cometido, y el estado de cosas que resulta de ello para el pecador. Literalmente cambio de vida, se dice del acto del pecador que vuelve a Dios después de haber estado alejado de Él, o del incrédulo que alcanza la fe.

La Conversión

Convertirse es reconciliarse con Dios, apartarse del mal, para establecer la amistad con el Creador. Una vez en gracia, después de la confesión y lo que ello implica, hemos de proponernos cambiar desde dentro todo aquello que no agrada a Dios.

Para concretar el deseo de conversión, se puede hacer obras de conversión, como son, por ejemplo: Acudir a los sacramentos; superar las divisiones, perdonar y crecer en espíritu fraterno; practicando las Obras de Misericordia.

El ayuno y la abstinencia

La Iglesia invita a sus fieles a cumplir el precepto del ayuno y la abstinencia de carne, compendio del Catecismo 432

El ayuno consiste en hacer una sola comida al día, aunque se puede comer algo menos de lo acostumbrado por la mañana y la noche. Salvo caso de enfermedad. Invita a vivir el ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que tengan cumplido cincuenta y nueve años. Tanto el Miércoles de Ceniza como el Viernes Santo.

Se llama abstinencia a privarse de comer carne, los viernes de Cuaresma.  La abstinencia puede comenzar a partir de los catorce años.

Debe cuidarse el no vivir el ayuno o la abstinencia como unos mínimos, sino como una manera concreta con la que nuestra Santa Madre Iglesia nos ayuda a crecer en el verdadero espíritu de penitencia y alegría.

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 

El Papa Francisco propone, que “en este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo”. (Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours)

En este camino de preparación para la noche de Pascua, en la que, recuerda Francisco, renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, “para renacer como hombres y mujeres nuevos”:

  1. Fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.
  2. Esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino
  3. Caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

El Papa también hace hincapié en las grandes dificultades que atravesamos como humanidad, especialmente en este tiempo de pandemia, “en el que todo parece frágil e incierto” y donde “hablar de esperanza podría parecer una provocación”. Pero ¿Dónde encontrar esa esperanza? Precisamente “en el recogimiento y el silencio de la oración”

Oraciones para la Cuaresma

La oración con el corazón abierto es la mejor preparación para la Pascua. Podemos leer el reflexionar sobre el Evangelio, podemos hacer oración realizando el Via Crusis. Podemos recurrir al Catecismo de la Iglesia Católica y seguir las celebraciones litúrgicas con el Misal Romano. Lo importante es que nos encontremos con el amor incondicional que es Cristo.

«Señor Jesús, con tu Cruz y Resurrección nos has hecho libres. Durante esta Cuaresma,

dirígenos por tu Espíritu Santo a vivir más fielmente en la libertad cristiana. Mediante la oración,

aumento en caridad y las disciplinas de este Tiempo sagrado, acércanos más a Ti.

Purifica las intenciones de mi corazón para que todas mis prácticas cuaresmales sean para

tu alabanza y gloria. Concede que por nuestras palabras y acciones,

podamos ser mensajeros fieles del mensaje del Evangelio a un mundo necesitado de la

esperanza de tu misericordia. Amén».


Bibliografía:

OpusDei.org
Catecismo de la Iglesia Católica
Catholic.net
Aciprensa

La escuela de María

En la escuela de María se aprende lo que todos necesitamos. Ella, como anticipo y madre de la Iglesia, y a la vez como primera discípula, es modelo y corazón del discernimiento cristiano y eclesial.

María custodia meditando

En el escándalo del pesebre (un comedero para animales), María aprende que Dios quiere ser cercano y familiar. Que viene en la pobreza y trae la alegría y el amor, no el miedo. Y que se quiere hacer comida para nosotros. Allí contempla la belleza de Dios acostado en un pesebre.

Mientras otros simplemente pasan y viven, y algunos se asombran, la Virgen María conservaba –guardaba, custodiaba– todas estas cosas, meditándolas en su corazón (Lc 2, 19; cf. también el v. 51).

Entrelazar los acontecimientos

Su actitud es la expresión de una fe madura y fecunda. Desde el oscuro establo de Belén, ella da a luz la Luz de Dios en el mundo. Como en un anticipo de lo que vendrá después, María pasa, ya ahora, por la cruz, sin la cual no hay resurrección.

Y así, María –encuentra Francisco– nos ayuda a superar el choque entre lo ideal y lo real.

¿Cómo? Custodiando y meditando. Cabría decir, como hace luego el Papa, que esto sucede en el corazón y en la oración de María: porque ama y reza, María, antes, durante y después de su oración, es capaz de ver las cosas desde el punto de vista de Dios.

«En primer lugar, María custodia, es decir, no se dispersa. No rechaza lo que sucede. Guarda todo en su corazón, todo lo que ha visto y oído. Las cosas bonitas, como las que le había dicho el ángel y las que le habían contado los pastores. Pero también las cosas difíciles de aceptar: el peligro de quedar embarazada antes del matrimonio, ahora la estrechez desoladora del establo donde dio a luz. Esto es lo que hace María: no selecciona, sino que custodia. Acoge la realidad tal como viene, no trata de disfrazarla, de maquillar su vida, la conserva en su corazón».

Y luego está la segunda actitud. ¿Cómo custodia María? Lo hace meditando, entrelazando los acontecimientos:

«María compara diferentes experiencias, encontrando los hilos ocultos que las unen. En su corazón, en su oración realiza esa operación extraordinaria: une lo bello y lo feo; no los mantiene separados, sino que los une». Y por eso –deduce el Papa– María es la Madre de la catolicidad, porque une, no separa. Y así capta el sentido pleno, la perspectiva de Dios.

Escuela de María
«...Las madres saben cómo proteger, saben cómo mantener unidos los hilos de la vida...», dice el Papa Francisco.

La mirada de las madres

Pues bien, «esa mirada inclusiva, que supera las tensiones guardando y meditando en el corazón, es la mirada de las madres, que en las tensiones no separan, las custodian y así crece la vida. Es la mirada con la que tantas madres abrazan las situaciones de sus hijos. Es una mirada concreta, que no se desanima, que no se paraliza ante los problemas, sino que los sitúa en un horizonte más amplio».

«Las madres –continúa– saben superar obstáculos y conflictos, saben infundir paz. Así logran transformar la adversidad en oportunidades de renacimiento y oportunidades de crecimiento. Lo hacen porque saben custodiar. Las madres saben cómo proteger, saben cómo mantener unidos los hilos de la vida, todos».

Hoy necesitamos «personas que sean capaces de tejer hilos de comunión, que contrasten los demasiados hilos de púas de las divisiones. Y eso las madres saben hacerlo», dice Francisco.

El Papa insiste en la capacidad que tienen para esto las madres y las mujeres: «Las madres, las mujeres miran el mundo no para explotarlo, sino para que tenga vida: mirando con el corazón, logran mantener unidos los sueños y la concreción, evitando la deriva del pragmatismo aséptico y la abstracción».

Le gusta destacar que la Iglesia es madre y mujer. «Y la Iglesia es una madre, es una madre así, la Iglesia es una mujer, es una mujer así».

Y deduce como ha hecho en otras ocasiones, esta consecuencia, para la Iglesia:

«Por eso no podemos encontrar el lugar de la mujer en la Iglesia sin reflejarla en ese corazón de mujer-madre. Ese es el lugar de la mujer en la Iglesia, el gran lugar del que derivan otros más concretos, más secundarios. Pero la Iglesia es madre, la Iglesia es mujer».

Y termina con una exhortación para este nuevo año: «…que, mientras las madres dan vida y las mujeres protegen el mundo, trabajemos todos para promover a las madres y proteger a las mujeres».


Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología en la Universidad de Navarra.

Cátedra de san Pedro y su celebración en la Iglesia

Cada 22 de febrero, la Iglesia católica celebra la festividad de la Cátedra de san Pedro, una ocasión especial que resalta el papel del Papa como sucesor de Pedro y su misión de guiar a los fieles en la fe y la unidad.

Es un día que nos invita a mirar hacia el liderazgo espiritual con una visión renovada, recordándonos que el Papa es un guía, pero también un apoyo en tiempos difíciles, alguien que nos impulsa a seguir adelante en la fe. La Cátedra de san Pedro nos recuerda la importancia de la fe en nuestras vidas y en la comunidad, mostrándonos el camino a seguir.

La celebración de la Cátedra de san Pedro se convierte en una oportunidad para unirnos en oración y fortalecer nuestra fe. La Cátedra simboliza la enseñanza y la guía que el Papa ofrece a la Iglesia y a todos los fieles.

El significado de la Cátedra de san Pedro

Este día de la Cátedra de san Pedro nos invita a recordar nuestro compromiso con la enseñanza de la Iglesia.

La palabra cátedra proviene del latín cathedra, que significa silla o asiento, y simboliza la autoridad docente del obispo. En este contexto, la Cátedra de san Pedro representa el papel de Pedro como primer obispo de Roma y la responsabilidad del Papa como su legítimo sucesor.

Ubicada en la Basílica de san Pedro en la Ciudad del Vaticano, Roma, esta cátedra es un símbolo de la continuidad apostólica y la unidad de la Iglesia. Según el Evangelio de Mateo, Jesús le dijo a Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18). Con estas palabras, Cristo dejó clara la misión de Pedro como guía de la Iglesia, una misión que sigue viva hoy en el Papa y en su labor de servicio.

La Cátedra de san Pedro es un recordatorio constante de que la comunidad de creyentes está unida en la fe. Rezar por el Papa, sucesor de Pedro y la Cátedra de san Pedro, es parte fundamental de nuestra vida espiritual.

https://images.rapidload-cdn.io/spai/ret_img,q_lossless,to_avif,w_500,h_281/https://fundacioncarf.org/wp-content/plugins/unusedcss/assets/images/yt-placeholder.svg

A lo largo de más de dos mil años, la Iglesia ha mantenido la sucesión apostólica, asegurando la continuidad de la misión encomendada por Cristo a sus apóstoles. Pedro, al trasladarse a Roma, estableció allí la sede del primado, convirtiendo a la ciudad en el centro de la cristiandad y en símbolo de unidad para todos los fieles.

Esta celebración es un recordatorio de que la Iglesia sigue siendo una institución viva, que se renueva constantemente y que encuentra en la figura del Papa un punto de referencia para todos los católicos.

La Cátedra de san Pedro nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre nuestro papel en la misión de la Iglesia.

La Iglesia y la ayuda a los fieles en su camino de fe

A lo largo de la historia, la Iglesia ha sido un faro de ayuda y orientación espiritual para millones de fieles en todo el mundo. En la actualidad, la figura del Papa sigue desempeñando un papel crucial en la transmisión del Evangelio y la promoción de la paz y la solidaridad entre los cristianos.

La Cátedra de san Pedro a nos recuerda que la Iglesia no solo guía a los creyentes, sino que también los sostiene con su enseñanza y apoyo. Es un espacio donde muchas personas encuentran refugio cuando la vida se complica, donde se encuentran con una comunidad que no los deja solos y con una fe que da esperanza. Al celebrar esta fiesta de la Cátedra de san Pedro, reafirmamos nuestra fe y nuestro compromiso con la Iglesia.

San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, enfatizaba la importancia de la comunión con el Papa y la oración por su persona e intenciones. En sus escritos, animaba a los fieles a rezar por el Santo Padre, reconociendo en él al «dulce Cristo en la tierra» y subrayando la necesidad de mantenernos unidos al sucesor de Pedro para fortalecer nuestra fe y la unidad de la Iglesia. La oración por el Papa no es solo una tradición, sino un acto de apoyo y comunión con la Iglesia universal.

Ser sacerdote en Bolivia Fundación CARF

Sacerdotes formados gracias a la Fundación CARF, un puente entre la Iglesia y la ayuda social

Los sacerdotes formados gracias a las ayudas de la Fundación CARF llevan la enseñanza de la Iglesia a todas partes del mundo. Gracias a su formación, se convierten en mensajeros del Evangelio y en ejemplos vivos de ayuda y comunión con el Papa.

Su misión no solo fortalece la unidad dentro de la Iglesia, sino que también brinda apoyo a comunidades necesitadas a través de iniciativas pastorales y sociales, como puede leerse en los testimonios que nos mandan. Son sacerdotes que no solo hablan de fe, sino que la viven en el día a día, en barrios donde la pobreza aprieta, en hospitales donde la soledad pesa y en cárceles donde la esperanza parece agotarse. Son los pies y las manos de la Iglesia en el mundo real.

En la actualidad, esta festividad nos invita a renovar nuestro compromiso con la Iglesia y a reconocer la guía del Papa como un faro que nos orienta en medio de las dificultades y desafíos del mundo moderno. Es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra propia participación en la misión de la Iglesia y cómo, desde nuestra vida cotidiana, podemos contribuir a la construcción de una comunidad más unida y solidaria.

Una llamada a la comunión y la oración por la Iglesia

En este día de celebración, se invita a todos los fieles a orar por el Papa y por la Iglesia, para que continúe siendo un instrumento de unidad y ayuda para el mundo. La fiesta que celebramos es un recordatorio de que, a pesar de los desafíos, la Iglesia sigue siendo un pilar de esperanza y un punto de referencia para millones de personas que buscan orientación espiritual y apoyo en su camino de fe.

En un mundo que a veces parece más dividido que nunca, recordar que la Iglesia es un hogar para todos nos devuelve la fe en que la unidad es posible. Es el momento de reforzar nuestro compromiso con la fe y la comunidad, porque solo juntos podemos seguir construyendo una Iglesia que realmente ayude y acompañe a todos.

Al celebrar esta fiesta, reafirmamos nuestra fe en la promesa de Cristo de estar siempre con su Iglesia y reconocemos la importancia de mantenernos en comunión con el Papa, sucesor de Pedro, para ser testigos auténticos del Evangelio en el mundo de hoy.

7 domingos: san José, corazón de padre

Qué tipo de padre fue san José y la misión que Dios le confió

Es lo que el Papa comienza explicando en su carta. San José no fue lo que hoy llamaríamos “padre biológico” de Jesús, sino solo su “padre legal”. Sin embargo, él vivió la paternidad sobre Jesús y el ser esposo de María de manera eminente.

Así lo han considerado muchos santos desde san Ireneo y san Agustín, pasando por diversos doctores de la Iglesia entre los que destaca el caso de santa Teresa de Ávila, hasta san Josemaría y san Juan Pablo II.

Leyendo y meditando la carta de Francisco, se puede llegar a redescubrir cómo san José es no solo custodio de la Iglesia, sino también de la humanidad, particularmente de su parte más frágil, aquellos miembros más necesitados.

En todo caso se trata de un santo importante. Más aún, como escribe Francisco, “después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo”.

¿Por qué ahora esta carta?

Francisco señala que, junto con la circunstancia del 150 aniversario de la declaración de san José como patrono de la Iglesia universal, hay una razón “personal”: hablar de aquello que llena su corazón (cf. Mt 12, 34).

Además confiesa en la introducción: “Este deseo ha crecido durante estos meses de pandemia”. Así vamos conociendo algunos pensamientos y procesos espirituales que han tenido lugar en el corazón del Papa durante la pandemia.

La ayuda de san José

Concretamente el Papa, como ha hecho en diversas ocasiones, subraya y agradece el testimonio de tantas “personas comunes, corrientemente olvidadas, que (...) están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia”; porque trabajan, infunden esperanza y rezan, casi siempre de modo discreto, pero sujetándonos a todos.

A todos ellos y a nosotros nos propone el ejemplo y la ayuda de san José: “Todos pueden encontrar en san José, el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta,  un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad."

"San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en 'segunda línea' tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud”.

En su carta, Francisco le dedica a san José siete epígrafes en forma de “títulos”, que podrían equivaler a siete oraciones de una pequeña “letanía del padre”:

Padre amado, en la ternura, en la obediencia, en la acogida,
en la valentía creativa, en el trabajo, siempre en la sombra
.

Junto a las “raíces” históricas y bíblicas de san José (cf. Gn 41, 55; 2 Sam 7, Mt 1, 16.20), padre amado, y los fundamentos de su identidad y de su veneración por parte nuestra (su vínculo con la encarnación del Hijo de Dios y su papel de San José padre de Jesús y esposo de María), en la carta van apareciendo grandes temas del magisterio de Francisco, con acentos y expresiones propias.

san jose el greco corazón de padre

Padre en la ternura, la obediencia y la acogida

“Jesús vio la ternura de Dios en José” (n. 2), cosa que entra en lo que cabe esperar de todo buen padre (cf. Sal 110, 13). José enseñó a Jesús, mientras le protegía en su debilidad de niño, a “ver” a Dios y a dirigirse a Él en la oración. También para nosotros “es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la Reconciliación, teniendo una experiencia de verdad y ternura” (Ibid.).

Ahí Dios nos acoge y nos abraza, nos sostiene y nos perdona. José también “nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca” (Ibid.).

De un modo parecido al de la Virgen María, José también pronunció su “fiat” (hágase) al plan de Dios. Fue obediente a lo que Dios le pedía, aunque esto se manifestara en sueños. Y además, lo que parece asombroso, “enseñó” la obediencia a Jesús. “En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre” (n. 3). Y ello, pasando por la pasión y la cruz (cf. Jn 4, 34; Flp 2, 8; Hb 5, 8).

Como escribió san Juan Pablo II en su exhortación Redemptoris custos (1989), sobre san José, “José ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente ‘ministro de la salvación’”.

Todo ello pasó por la “acogida”, por parte de José, de María y del plan de Dios sobre ella. José asumió ese plan, su paternidad, para él misterioso, con responsabilidad personal, sin buscar soluciones fáciles. Y estos acontecimientos configuraron su vida interior.

Padre en su valentía creativa

Aunque esos planes de Dios sobrepasan las expectativas de José, él no se resigna pasivamente, sino que actúa con fortaleza. Y así nos da ejemplo y nos apoya a la hora de acoger con “valentía creativa” nuestra vida tal como es, también con su parte contradictoria, inesperada e incluso decepcionante. Luego dirá san Pablo que “todo contribuye al bien de los que aman a Dios” (Rm 8, 28).

Es fácil suponer que estos, los que aman verdaderamente a Dios, son los mismos que traducen ese amor en el interés por los demás. De hecho escribe Francisco, dando otro toque muy personal: “Deseo imaginar que Jesús tomó de las actitudes de José el ejemplo para la parábola del hijo pródigo y el padre misericordioso (cf. Lc 15,11-32)” (Ibid.).

Señala el Papa que acoger lo que no hemos elegido en nuestra vida, y actuar con valentía creativa, son ocasiones de las que Dios se sirve para sacar “a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener(n. 5). Concretamente, José “sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia”.

¿Cómo respondió Dios a esta confianza de san José?

Pues precisamente confiando a su vez en san José, como puede suceder con nosotros, en lo que él podía planear, inventar, encontrar. Así, cabría deducir por nuestra parte, es siempre la misión cristiana: una oferta de confianza de Dios que pide la nuestra para hacer cosas grandes.

Y así como fue custodio de Jesús y de su madre María, "san José no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia, porque la Iglesia es la extensión del Cuerpo de Cristo en la historia, y al mismo tiempo en la maternidad de la Iglesia se manifiesta la maternidad de María” (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 963-970)

san José custodio de la Iglesia

En efecto, y esta carta podría haberse llamado “custodio de la Iglesia”. También Francisco, de manera original, nos anima a percibir que cuando cuidamos de la Iglesia, estamos cuidando de Jesús y de María. Recuérdese la función de “custodiar y servir” que el Papa atribuyó a san José en su homilía en la misa de inicio del ministerio petrino (19-III-2013).

Y no solo eso, sino que, coherentemente, los más necesitados son, por voluntad de Jesús (cf. Mt 25, 40), también ese “Niño” que José sigue cuidando: “Cada persona necesitada, cada pobre, cada persona que sufre, cada moribundo, cada extranjero, cada prisionero, cada enfermo son ‘el Niño’ que José sigue custodiando. Por eso se invoca a san José como protector de los indigentes, los necesitados, los exiliados, los afligidos, los pobres, los moribundos” (Patris corde, n. 5).

Es bien interesante esta profundización en san José como custodio de la Iglesia en y a través; aunque no exclusivamente; de los más pobres, sugiriendo también nada menos que María se identifica con ellos. Esto no es extraño, cabe pensar, puesto que ella es madre de misericordia y esposa de Cristo que se identifica con todo lo que a él le afecta y le importa.

De José, propone el Papa, debemos aprender el mismo cuidado y responsabilidad: amar al Niño y a su madre; amar los sacramentos y la caridad; amar a la Iglesia y a los pobres. En cada una de estas realidades está siempre el Niño y su madre”.


Don Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Publicado en Iglesia y nueva evangelización.

14F, san Valentín, la celebración del amor

El día de san Valentín,???? cada 14 de febrero, millones de personas en todo el mundo celebran una fecha dedicada al amor y la amistad.

Sin embargo, más allá de los chocolates, flores y tarjetas, esta festividad tiene un origen sorprendente que se remonta al siglo III. Un sacerdote llamado Valentín desafió las órdenes del emperador romano para unir en matrimonio a jóvenes enamorados en secreto.

Con el tiempo, su historia se fue transformando hasta convertirse en una de las celebraciones más populares del año. En este artículo del blog, te contamos su verdadero origen, su evolución y cómo ha llegado hasta nuestros días.

El origen de san Valentín: un mártir del amor

El día de san Valentín tiene sus raíces en la historia de Valentín de Roma, un sacerdote cristiano del siglo III. En aquella época, el emperador Claudio II gobernaba el Imperio Romano y, en un intento por fortalecer su ejército, prohibió los matrimonios entre los jóvenes soldados. Creía que los hombres solteros eran mejores guerreros, pues no tenían familia a la que debían regresar o en la que estar pensado en el campo de batalla.

Sin embargo, Valentín, convencido de que el amor debía estar por encima de estas restricciones, comenzó a celebrar matrimonios en secreto. Su labor pronto fue descubierta y, tras ser arrestado, se le ordenó renunciar a su fe. Valentín se negó y fue condenado a muerte.

Finalmente, este sacerdote fue ejecutado el 14 de febrero del año 270. Su valentía y sacrificio lo convirtieron en un símbolo del verdadero amor y en un mártir que empezó a ser venerado por la Iglesia católica.

San Valentín, reconstrucción facial en 3d. | De Cicero Moraes - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0,

San Valentín y la Iglesia católica

Debido a su historia y a su muerte en defensa del amor y de la amistad, san Valentín fue reconocido como mártir en la Iglesia católica. En el año 494, el papa Gelasio I estableció oficialmente el 14 de febrero como su festividad. Sin embargo, esta fecha también tenía un propósito adicional: sustituir las celebraciones paganas de las Lupercales, una antigua festividad romana que tenía lugar a mediados de febrero y que estaba dedicada a la fertilidad y al dios Fauno.

Las Lupercales eran celebraciones desenfrenadas en las que los jóvenes sorteaban el nombre de una mujer con la que debían emparejarse durante la festividad. Al considerarlas inadecuadas para la nueva moral cristiana, la Iglesia promovió el culto a san Valentín como un modelo de amor puro y fiel.

La evolución de san Valentín: del martirio al amor romántico

Aunque san Valentín fue venerado durante siglos, la conexión con el amor romántico se fortaleció en la Edad Media. Se cree que la asociación moderna con el amor nació en Inglaterra y Francia durante los siglos XIV y XV.

Uno de los primeros escritores en relacionar san Valentín con el romance fue Geoffrey Chaucer, autor de Los cuentos de Canterbury. En su poema Parlamento de las aves (1382), menciona que el 14 de febrero era el día en que las aves escogían pareja, lo que reforzó la idea de que esta fecha estaba ligada al amor.

Desde entonces, comenzó a popularizarse la tradición de enviar mensajes de amor en esta fecha. En el siglo XVII, las cartas escritas a mano se convirtieron en una costumbre común entre los enamorados.

Con la llegada de la Revolución industrial en el siglo XIX, se comenzaron a producir tarjetas de san Valentín en masa, dando origen a la mercantilización de esta festividad.

san-valetin-amor-amistad-14-febrero
San Valentín bautizando a santa Lucila, 1575. Un óleo sobre lienzo de Jacopo Bassano del Grappa.

San Valentín en la actualidad: un día para celebrar el amor y la amistad

Hoy, san Valentín se ha convertido en una celebración mundial. En muchos países, las parejas intercambian regalos, flores, chocolates y tarjetas como muestra de amor y aprecio. Aunque en sus inicios fue una festividad religiosa, ha trascendido las barreras culturales y se celebra en diferentes partes del mundo con multitud de costumbres:

Además, durante los últimos años, san Valentín ha dejado de ser solo una festividad para parejas y también se ha convertido en una oportunidad para celebrar la amistad y el amor en todas sus formas.

Otras personas organizan reuniones con amigos o incluso celebran el Galentine’s Day, una tendencia popularizada por la serie Parks and Recreation, que consiste en un día dedicado a celebrar la amistad femenina.

Para la Fundación CARF, lo más impresionante y bonito de este día inolvidable de amor y amistad es que estamos hablando de un sacerdote, san Valentín, que bautizaba e impartía el sacramento del Matrimonio para que muchas familias fuesen germen y semilla de las vocaciones sacerdotales para servir a la iglesia en todo el mundo.

La esperanza, motor de la educación

En este año jubilar de la esperanza se preguntaba el Papa, ¿cuál es el método educativo de Dios? Y se respondía: es el de la proximidad y cercanía, la esencia es fundamental en este proceso educativo”. Así comenzó Francisco su discurso para un grupo de educadores católicos italianos, el pasado 4 de enero de 2025

La pedagogia de Dios

Sobre el telón de fondo de la cercanía, compasión y ternura, características del “estilo” Dios, se perfila la pedagogía divina: «Como un maestro que entra en el mundo de sus alumnos, Dios elige vivir entre los hombres para enseñar a través del lenguaje de la vida, del amor y de la esencia. Jesús nació en una condición de pobreza y sencillez: esto nos llama a una pedagogía que valora lo esencial y pone en el centro la humildad, la gratuidad y la acogida». 


«La de Dios –señala Francisco– es una pedagogía del don, una llamada a vivir en comunión con Él y con los demás, como parte de un proyecto de fraternidad universal, un proyecto en el que la familia ocupa un lugar central e insustituible». Es una síntesis, en clave educativa, de las líneas principales de su pontificado.

La pedagogía de Dios, prosigue, es “una invitación a reconocer la dignidad de cada persona, empezando por los descartados y marginados, como se trataba a los pastores hace dos mil años, y a apreciar el valor de cada etapa de la vida, incluida la infancia. La familia es el centro, ¡no lo olvidemos!” (cf. Declaración del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Dignitas infinita, 8-IV-2024)

La educación en el marco del jubileo

¿Cómo queda la educación iluminada en el jubileo de la esperanza?

«El Jubileo –señaló el Papa– tiene mucho que decir al mundo de la educación y de la escuela. De hecho, ‘peregrinos de la esperanza’ son todas las personas que buscan un sentido para su vida y también quienes ayudan a los más jóvenes a recorrer este camino».

Destaca Francisco la evidencia de que la educación tiene que ver de modo central con la esencia: la esencia, apoyada en la experiencia de la historia de la humanidad, de que las personas pueden madurar y crecer. Y esta esencia sostiene al educador en su tarea:

“Un buen profesor es un hombre o una mujer de esencia, porque se entrega con confianza y paciencia a un proyecto de crecimiento humano. Su esencia no es ingenua, está arraigada en la realidad, sostenida por la convicción de que todo esfuerzo educativo tiene valor y de que toda persona tiene una dignidad y una vocación que merecen ser cultivadas”.

En suma, y es el centro del discurso: «La esencia es el motor que sostiene al educador en su compromiso diario, incluso en las dificultades y los fracasos».

Pero, se pregunta el Papa, «¿cómo no perder la esperanza y alimentarla cada día?»

La pedagogía de la esencia

Sus consejos comienzan por la relación personal del educador con el Maestro y compañero de maestros y alumnos: «Mantened la mirada fija en Jesús, maestro y compañero de camino: esto os permite ser verdaderamente peregrinos de esencia. Pensad en las personas que encontráis en la escuela, niños y adultos».

Ya lo decía en la bula para la convocación del jubileo: «Todos esperan. En el corazón de toda persona anida la esencia como deseo y expectativa del bien, aun ignorando lo que traerá consigo el mañana” (Spes non confundit, 1).

Recurriendo a ese argumento en continuidad con la encíclica Spe salvi, de Benedicto XVI, dice Francisco: «Estas esencias humanas, a través de cada uno de vosotros –los educadores–, pueden encontrar la esencia cristiana, la esencia que nace de la fe y vive de la caridad». Y, subraya: «no lo olvidemos: la esencia no defrauda. El optimismo defrauda, pero la esencia no defrauda. Una esencia que supera todo deseo humano, porque abre las mentes y los corazones a la vida y a la belleza eterna».

¿Cómo hacer, en concreto para que esto pueda acontecer en las escuelas o en los colegios de inspiración cristiana?

He aquí la propuesta de Francisco: «Estáis llamados a elaborar y transmitir una nueva cultura, basada en el encuentro entre generaciones, en la inclusión, en el discernimiento de lo verdadero, lo bueno y lo bello; una cultura de la responsabilidad, personal y colectiva, para hacer frente a desafíos globales como las crisis medioambientales, sociales y económicas, y al gran reto de la paz. En la escuela se puede ‘imaginar la paz’, es decir, sentar las bases de un mundo más justo y fraterno, con la contribución de todas las disciplinas y la creatividad de niños y jóvenes».

Se trata, como vemos, de una propuesta incisiva y articulada: la esperanza cristiana asume todas nuestras esperanzas (especialmente la paz); es una esperanza activa y responsable que trabaja por una nueva cultura; requiere el diálogo y la interdisciplinariedad (cf. const. ap. Veritatis gaudiium, 4c), el discernimiento y la creatividad, que han de pasar de los profesores a los alumnos.

Es una propuesta exigente, pero no utópica. Todo depende de la calidad de nuestra esperanza (la de cada educador, la de cada familia, la de cada comunidad educativa). Ese es el motor.

El Papa concluye apelando a las tradiciones educativas y animando al trabajo en conjunto de los educadores:

«No olvidéis nunca de dónde venís, pero no caminéis con la cabeza vuelta hacia atrás, lamentándoos de los viejos tiempos. Pensad más bien en el presente de la escuela, que es el futuro de la sociedad, en plena transformación epocal. Pensad en los jóvenes profesores que dan sus primeros pasos en la escuela y en las familias que se sienten solas en su tarea educativa. Proponed a cada uno vuestro estilo educativo y asociativo con humildad y novedad».

La esencia, en la medida de su calidad, es el motor de la educación.


Don Ramiro Pellitero Iglesias, profesor de Teología pastoral de la Facultad de Teología en la Universidad de Navarra.