Purgatorio: ¿Qué es el purgatorio? ¿Cuál es su origen y significado?

¿Qué es el Purgatorio?

Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, pasan después de su muerte por una purificación, para obtener la santidad necesaria y entrar en la alegría del cielo. La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos, que es completamente distinta del castigo de los condenados. aunque es segura de su eterna salvación.

Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos y de eventuales indulgencias plenarias. de la que ya habla la Escritura: “Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado.” 2 M 12, 46

El Papa Benedicto XVI, explicaba en 2011 que el purgatorio es un estado temporal que la persona atraviesa tras la muerte mientras expía sus pecados. El purgatorio nunca es eterno, la doctrina de la Iglesia indica que todas las almas, logran acceder al Cielo.

"El purgatorio no es un elemento de las entrañas de la Tierra, no es un fuego exterior, sino interno. Es el fuego que purifica las almas en el camino de la plena unión con Dios", afirmó el Papa.”

Papa Benedicto XVI en la audiencia pública de los miércoles en el año 2011
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¿Cuáles son los orígenes del Purgatorio?

El origen etimológico del término purgatorio viene del Latín ”purgatorium”, que puede traducirse como “que purifica” y que deriva, a su vez, del verbo “purgare”, equivalente a limpiar o purificar. Y aunque la palabra Purgatorio no aparezca literalmente en la Biblia, sí aparece su concepto.

Santa Catalina habló del Purgatorio

Este mismo día el Santo Padre, resalto la figura de santa Catalina de Génova (1447-1510), conocida por su visión sobre el purgatorio. La santa no parte del más allá para contar los tormentos del purgatorio e indicar después el camino de la purificación o la conversión, sino que parte de la "experiencia interior del hombre en su camino hacia la eternidad".

Benedicto XVI añadió que el alma se presenta ante Dios aún ligada a los deseos y a la pena que derivan del pecado y que eso le imposibilita gozar de la visión de Dios y que es el amor de Dios por los hombres el que la purifica de las escorias del pecado.

Jesús habló del Purgatorio

En el sermón de la montaña nuestro Jesús les muestra a quien lo escucha, lo que nos espera después de la muerte como consecuencia de sus acciones en vida. Comienza con las bienaventuranzas. Avisa a los fariseos que no entrarán al Reino de los cielos y finalmente menciona las palabras recogidas en el Evangelio de Mateo:

“Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan a la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último céntimo.“ Mateo 5, 25-26

San Pablo habló del Purgatorio

En su primera carta a los Corintios, San Pablo habla sobre el juicio personal de los que tiene fe en Jesucristo y su doctrina. Son personas que alcanzaron la salvación, pero deben pasar por el fuego para que sus obras sean probadas. Algunas obras serán tan buenas que recibirán inmediata recompensa; en cambio, otros “sufrirán el daño” pero igual “quedarán salvos”. Esto es precisamente el purgatorio, una purificación que algunos necesitarán para poder disfrutar plenamente de la amistad eterna con Dios:

“Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquel cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.“

1 Corintios 3, 11-15
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En el S. XVIII, por devoción a los difuntos, los vecinos de Santiago de Compostela construyeron la Capilla de As Ánimas. Su construcción fue sufragada  por los propios vecinos, con sus limosnas y donaciones Un templo para aliviar las penas de las ánimas del Purgatorio con planos del arquitecto Miguel Ferro Caaveiro y dirección de obra del maestro de obras Juan López Freire.

"El purgatorio es una misericordia de Dios, para limpiar los defectos de los que desean identificarse con El."

San José María Escriba de Balaguer, Surco, 889

Muchas son las razones para creer en el Purgatorio

Velas para los difuntos: significado

La tradición de encender velas para los difuntos en la casa es una posible forma de mantener vivo su recuerdo. La luz representa también la unión de los vivos y los difuntos. La Fe es el mejor refugio para quienes tienen que pasar por el proceso de superar el duelo de una pérdida de cualquier tipo y particularidad. Y la vela encendida simboliza a Jesús como Luz del Mundo. Luz de la que queremos participar y ofrecer también a Dios.

Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la luz verdadera” y “Vosotros sois la luz del mundo… Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos", Mt 5,16.

¿Cuándo se deben prender las velas para los difuntos?

En los orígenes de la cristiandad se encendían velas o lámparas de aceite en las tumbas de los santos difuntos, particularmente de los mártires, utilizando el simbolismo de la luz como representación de Jesucristo. “En él estaba la vida; y la vida era la luz de los hombres”, Juan 1,4.

Es por ello que hoy en día acostumbramos a encender velas para los difuntos, poniendo en las manos de Dios la oración que ofrecemos con fe. Simboliza también el deseo de quedarnos allí, con ellos, junto a Dios, orando e intercediendo por nuestras necesidades y por las de todo el mundo, dando gracias, alabando y adorando a Jesús. Porque donde hay Dios ya no puede haber oscuridad.

Existe una dimensión íntima, relacionada con encender velas a nuestros difuntos, algo que concierne a de cada uno y a su diálogo silencioso con Dios. Esta vela encendida se convierte en el símbolo del fuego divino que arde en cada uno de nosotros, que nos convierte en parte integral de esa luz de la que Jesús es símbolo, pero de la cual todos nosotros, como cristianos, somos parte.

«Con la luz de la fe, suplicamos a la Santísima Virgen María que rece con nosotros. Y que interceda ante Dios por nuestras plegarias».

velas para difuntos
Velas para los difuntos

El significado cristiano de encender velas para los difuntos y otras velas

Las velas litúrgicas están vinculadas a la firme creencia de Jesucristo como “luz que ilumina a el mundo”. “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”, Juan 8,12.

Encender velas, significa, en este caso, conocimiento de Dios que es guía en la oscuridad y que a través de su Hijo que desciende sobre nosotros, nos abre los ojos y nos hace dignos de su presencia, de su consideración.

Es por ello que, en la Iglesia Católica, además de las velas para los difuntos, las velas se colocan en el altar y cerca del tabernáculo. Son acompañantes de las celebraciones y se usan en casi todos los sacramentos, desde el Bautismo hasta la Extrema Unción, exceptuando el sacramento de la Reconciliación como elementos simbólicos irremplazables.

El cirio pascual

Se enciende durante la Vigilia Pascual, la Santa Misa celebrada el Sábado Santo, después del atardecer y antes del amanecer del Domingo de Pascua, para celebrar la resurrección de Jesús. Luego se deja en el altar durante todo el tiempo de Pascua y se apaga en Pentecostés.

Se enciende como un signo de la luz resucitada de Cristo, que vuelve de entre los muertos para iluminar el camino de sus hijos y ofreciéndose por su salvación.

Vela bautismal

Durante el Bautismo, el sacerdote presenta una vela, que se encendió con el cirio pascual.

La vela blanca en el sacramento del Bautismo es un símbolo que representa la guía en el camino de encuentro con Cristo que a su vez es luz de nuestras vidas y luz del mundo. También simboliza la resurrección de Cristo.

Velas votivas

Proviene del latín votum, que significa promesa, compromiso o simplemente plegaria.

Son las velas similares a la velas para difuntos. Son encendidas por los fieles frente a un altar, un crucifijo, una imagen de la Virgen María o de un santo. Tienen un significado preciso: expresa el deseo de confiar nuestras palabras y nuestros pensamientos. Estas velas encendidas son comunes en la mayoría de las iglesias. Sirven para una ofrenda, una intención en particular y van acompañadas de un tiempo de oración personal.

Vela del Tabernáculo

La luz que ilumina el Tabernáculo, indicando la presencia del Cuerpo de Cristo es fácilmente reconocible para cualquier cristiano que entre en una Iglesia.

Actualmente, en muchos lugares es una lámpara, no una vela, pero aun así es una de las más importantes y preciosas: la llama ardiente que simboliza a Jesús y la fe de aquellos que le aman. Luz inagotable que permanece encendida incluso cuando abandonamos la iglesia.

Velas de Adviento

La corona de Adviento, costumbre europea, comenzó a mediados del siglo XIX, para marcar las semanas que faltan hasta Navidad.

Se compone de una corona de ramas de hoja perenne entrelazadas entre sí, sosteniendo cuatro velas. Cada domingo de Adviento se enciende una vela y se hace una oración acompañada de una lectura de la Biblia y se puede cantar un villancico.

Las velas de altar

Se utilizan durante la Santa Misa desde al menos el siglo XII. Estas velas nos recuerdan a los cristianos perseguidos en los primeros siglos que secretamente celebraron la Misa en la noche o en las catacumbas a la luz de las velas.

También se pueden usar en las procesiones de entrada y finalización de la Misa. Se llevan a donde se lee el Evangelio como una señal de gozo triunfante en la presencia de las palabras de Cristo.

Durante la Vigilia Pascual, cuando el diácono o el sacerdote entra en la iglesia oscura con el cirio pascual, recita o canta Luz de Cristo, a lo que los fieles responden: Demos gracias a Dios. Este canto nos recuerda cómo Jesús llegó a nuestro mundo de pecado y muerte para traernos la luz de Dios.

Encender velas para los difuntos

Esta antigua costumbre de encender velas para los difuntos era ya practicada por los romanos, incluso antes por los etruscos y, aún más atrás, por los egipcios y los griegos, que usaban velas para los difuntos en los ritos funerarios, En la religión cristiana, visitar la tumba de un ser querido, llevarle flores, encender velas para difuntos y detenerse a rezar, es algo reconfortante y consolador.

Porque las velas para los difuntos son centinelas palpitantes, pequeños fragmentos de luz que dibujan el camino hacia la paz para nuestros seres queridos difuntos, por ello es una buena costumbre encender velas para los difuntos y dejarlas en las lápidas para que iluminen la noche de los cementerios. En la luz de las vela para los difuntos que se consume, alimentándose de su propia cera, reconocemos la vida humana que se apaga lentamente.

La ofrenda que dejamos al encender velas para los difuntos, es un sacrificio que acompaña nuestra oración con hechos y hace que nuestra intención de Fe sea tangible. Protección, por lo tanto, y guía, estas son las funciones principales de encender velas para los difuntos luto. Que cada año es costumbre volver a encender, el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, y el día 2, de los difuntos o día de los muertos.

Días para encender velas según color

Además de las velas para difuntos, las velas tienen un papel importante en la bendición de cenizas y palmas de Domingo de Ramos. También en los sacramentos, la consagración de iglesias y cementerios y la misa de un sacerdote recién ordenado. Por color y por día, las velas nos pueden ayudar a mejorar y estimular los momentos de oración.

Estas velas que encendamos, pueden ser bendecidas por un sacerdote para ayudarnos a orar por los enfermos y ponernos en manos de Dios.

Velas blancas

En el siglo II, fueron los romanos quienes decidieron que el color oficial del luto fuese el blanco, por lo que las velas para difuntos eras blancas. Un color reconocido por las reinas europeas hasta el siglo XVI. Un luto blanco nos recuerda la palidez de la muerte y lo frágiles que somos ante ella, reafirmando la pureza de nuestra alma.

Para simbolizar el tiempo de especial espera y preparación, por ejemplo, podemos encender las velas blancas de la corona de Adviento, durante la cena de Navidad. Mientras podemos realizar oración en familia pidiendo que el Niño Jesús nazca en el corazón de cada uno de sus integrantes.

Es blanca también, la vela pascual. Quizás la más reconocible por su tamaño y apariencia, ya que puede medir más de un metro de alto y tiene diseños coloridos.

Velas rojas

En el Antiguo Egipto, el color rojo se consideraba símbolo de la ira y del fuego. También se asociaba con el desierto, lugar que guarda relación con la muerte. En la Antigua Roma, se asociaba con el color de la sangre derramada e iba unido, tanto con el luto, como con la muerte.

Por ejemplo, encender las velas rojas, rosas o burdeos en la corona de adviento representan nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve. Corresponden al tercer domingo de Adviento, y su significado es de alegría y gozo, porque ya está cerca el nacimiento de Jesús.

Velas negras

Los Reyes Católicos dictaron, en el 1502, que el negro fuera el color oficial del luto. Todo esto queda recogido en la “Pragmática de Luto y Cera”, un protocolo escrito sobre cómo se debía llevar el luto en aquella época.

Virgen del Pilar en Zaragoza: ¿qué celebramos?

Patrona de la Hispanidad, de la ciudad de Zaragoza y también de Correos y de la Guardia Civil. Miles son los peregrinos y de todas las nacionalidades que acuden a rezar a La Virgen del Pilar en Zaragoza, donde se encuentra su Catedral-Basílica.

Zaragoza, durante todo el año, pero muy especialmente durante las fiestas del Pilar, es la cuidad desde donde surge la unión nacional y universal: la Virgen del Pilar. Desde que Colón abriera las puertas al Nuevo Mundo en 1492, se difundieron los valores cristianos a naciones de América, África y Asia, ahora unidas por el sólido pilar de un pasado, un idioma y una rica y diversa cultura en común.

Virgen del Pilar

¿Cuál es la historia de la Virgen del Pilar?

Tal y como se recoge en unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, la historia se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión.

En el año 40 después de Cristo, los Apóstoles habían empezado a cumplir la misión de predicar el Evangelio. Cada uno buscando una parte del mundo.

Los documentos dicen textualmente que Santiago, «pasando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro.

El Apóstol fue viendo que aquella civilización era increíblemente dura. Era muy difícil hacer llegar a esas gentes las palabras del Evangelio, por lo que Santiago comienza a desanimarse al ver que su esfuerzo no da frutos.

Pero en la noche del 2 de enero del año 40 AD, Santiago, que se encontraba descansando con sus discípulos junto al río Ebro, en la Cesaraugusta Romana, que era el nombre que daba Roma a la actual Zaragoza, de repente oyó voces de ángeles que cantaban "Ave, María, gratia plena" y la Virgen se apareció de pie sobre un pilar de mármol».

La Santísima Virgen, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que «permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio».

Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El apóstol Santiago y los ocho testigos comenzaron a edificar una iglesia en aquel sitio. Pero antes que estuviese terminada, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresar a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.

Años más tarde...

El Papa Clemente XII es consciente de esta devoción e instaura el 12 de octubre como día en el que se celebra la festividad de la Virgen del Pilar.

El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón pone el primer pie en América y así queda patente que hay mundo más allá de Hispania. Por este motivo a Nuestra Señora del Pilar se le encomienda la Hispanidad, porque se puso bajo su manto la evangelización de las nuevas tierras.

La devoción del pueblo es tan profunda entre los españoles, y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen como «una antigua y piadosa creencia».

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La ciudad de Zaragoza y la basílica de Nuestra Señora del Pilar su patrona

A orillas del Ebro se levanta en Zaragoza la basílica de Nuestra Señora del Pilar. Comienza su construcción en tiempos del Renacimiento, atraviesa el Barroco y remata, en pleno siglo XVIII, con soluciones neoclásicas.

Dentro de la basílica está la santa capilla de Nuestra Señora del Pilar, magnífico estuche que encierra la columna en donde se apareció la Virgen al Apóstol Santiago, y que los visitantes han venerado a lo largo de los siglos. Ese pilar está forrado de bronce y plata, y sostiene una estatuilla que representa a una Virgen del Pilar, con imponente manto y el niño Jesús en brazos.

La imagen de la Virgen

La talla de la Virgen no alcanza los cuarenta centímetros. Sus líneas son gótico tardías, y por la forma de abotonar la túnica, el cinturón con su hebilla, el alto talle y los zapatos, podría datarse en el siglo XV.

La figura del Niño sostiene en una mano un pajarillo y con la otra se agarra con fuerza al manto de su Madre. Puede decirse que no sigue el estilo escultórico de la Virgen, aunque sí la completa.

El conjunto se asienta sobre el Pilar, la lisa columna de jaspe recubierta de plata labrada que a excepción de los días 2, 12 y 20 de cada mes, la Virgen, no se cubre con manto.

Algunas curiosidades:

De la importancia actual de la Basílica

La basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza es el monumento más visitado de España en los últimos años prepandemia. Es, además de la principal atracción turística de Zaragoza y el icono de ciudad, el primer santuario mariano del mundo y un importante destino de peregrinación; millones de personas lo visitan anualmente.

Es basílica y también catedral. Zaragoza fue la primera ciudad del mundo en tener dos catedrales:la primera, desde principios del siglo XII, cuando las tropas de Alfonso el Batallador conquistaron la ciudad; la segunda, la basílica del Pilar, nada menos que desde 1676.

Se puede subir a una de las cuatro torres, por 3 €. El ascensor llega a los 63 metros de altura y se puede disfrutar de las mejores vistas panorámicas de la ciudad de Zaragoza, desde el mirador de una de las cuatro torres de la basílica. Así como también se puede contemplar desde allí la majestuosidad del río Ebro y de los Pirineos. Además, también puede accederse a la parte más alta de las torres (que se encuentra a unos 80 metros de altura) tras subir unos cuantos peldaños.

De la historia de la basílica de la Virgen del Pilar

En agosto de 1936 fue bombardeada la basílica de la Virgen del Pilar en Zaragoza. Durante la guerra civil española, un avión republicano lanzó cuatro bombas: una cayó al Ebro, otra a la plaza del Pilar y dos en el interior del templo sin que ninguna de ellas llegara a estallar ni a causar daños de consideración. Dos de esas bombas se encuentran expuestas en los pilares del templo y el hueco, con forma de cruz que dejó la que cayó en la plaza, fue rellenado con mármol.

Del valor artístico y cultural de la basílica de Nuestra Señora del Pilar

Goya pintó la cúpula en 44 días.

La primera película española de la historia se rodó en el Pilar en 1898.

También es el único edificio cristiano del mundo con simbología taoísta. Estos son los símbolos similares a los empleados en la medicina china tradicional que adornan algunas partes del templo, y que alimentan la teoría de la influencia taoísta en El Pilar. Los monjes jesuitas volvieron a Zaragoza tras pasar una etapa de misioneros en China y ésta puede ser su explicación.

Virgen del Pilar

«A una sencilla imagen de la Virgen del Pilar confiaba yo por aquellos años mi oración, para que el Señor me concediera entender lo que ya barruntaba mi alma. Domina! –le decía con términos latinos, no precisamente clásicos, pero sí embellecidos por el cariño, ut sit!: Señora, que sea de mí lo que Dios quiere que sea».

San Josemaría.

Nuestra Señora del Pilar en la vida de san Josemaría

En la infancia de san Josemaría esta advocación de la Virgen del Pilar fue de gran compañía y apoyo. Sus padres, aragoneses de nacimiento, le inculcaron desde niño su devoción. Y esta devoción le acompañó hasta el final de su vida.

En Roma, en los últimos años de su vida, lo acompañaba una pequeña imagen de la Virgen del Pilar que besaba cada mañana al despertarse; y en el cuarto de trabajo, conservaba otra representación a tamaño natural de esta advocación.

En los años que pasó en Zaragoza, tanto en el seminario como estudiando Derecho, sus visitas a la Virgen eran diarias. «Como tenía buena amistad con varios de los clérigos que cuidaban la basílica, pude un día quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas. Me dirigí hacia la Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos sacerdotes ya difunto. Subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de Nuestra Madre. Sabía que no era ésa la costumbre, que besar el manto se permitía exclusivamente a los niños y a las autoridades (...)

(...) Sin embargo, estaba y estoy seguro de que, a mi Madre del Pilar, le dio alegría que me saltara por una vez los usos establecidos en su catedral. La sigo tratando con amor filial. Con la misma fe con que la invocaba por aquellos tiempos, en torno a los años veinte, cuando el Señor me hacía barruntar lo que esperaba de mí: con esa misma fe la invoco ahora (...) Bajo su protección, continúo siempre contento y seguro». Esa oración ante la Virgen, pidiéndole que viese y fuese lo que Dios quería para él, prepararon la fundación del Opus Dei.

Domina, ut sit! Señora, que sea eso... que tú quieres

San Josemaría celebró su Primera Misa solemne en la capilla del Pilar de Zaragoza. Cuando se trasladó a Madrid luego a Roma, continuó visitando a la Virgen siempre que podía. La última vez fue el 7 de abril de 1970.

El 23 de junio de 1992, tras la recién celebrada beatificación del Fundador del Opus Dei, el entonces prelado de la Obra, D. Álvaro del Portillo ofreció un manto a la Virgen del Pilar.

Con motivo de esta fiesta, ofrecemos una oración para pedir su intercesión: ¡Virgen Santísima del Pilar, ruega por el Papa y los obispos, por los sacerdotes y por todos los cristianos, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Amén!

A los pies de la Virgen

«Ahora entendemos el sentido profundo del Pilar. No es, ni ha sido nunca, ocasión para un sentimentalismo estéril: establece una base firme en la que se asienta una norma de conducta cristiana, real y sólida. En el Pilar, como en Fátima y en Lourdes, en Einsiedeln y en Loreto, en la Villa de Guadalupe, y en esos miles de lugares que la piedad cristiana ha edificado y edifica para María, se educan en la fe los hijos de Dios.

La historia nos remonta a los comienzos apostólicos, cuando se iniciaba la evangelización, el anuncio de la Buena Nueva. Estamos todavía es esa época. Para la grandeza y la eternidad de Nuestro Señor, dos mil años son nada. Santiago, Pablo, Juan y Andrés y los demás apóstoles caminan junto a nosotros. En Roma se asienta Pedro, con la vigilante obligación de confirmar a todos en la obediencia de la fe. Cerrando los ojos, revivimos la escena que nos ha relatado, como en una carta reciente, san Lucas: todos los discípulos, animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración, con María, la madre de Jesús», señala san Josemaría.

Es signo de fortaleza en la fe, en el amor, en la esperanza. Con María, en el cenáculo, recibimos al Espíritu Santo. Él, no abandonará a su Iglesia. Nuestra Señora multiplicará en la tierra el número de los cristianos, convencidos de que vale la pena entregar la vida por Amor de Dios.

Con la colaboración de: OpusDei.org

Amistad entre dos santos: san Juan Pablo II y el Padre Pío

El Padre Pío, generoso dispensador de la misericordia divina

Capuchino italiano, (1887-1968), canonizado en 2002 en una multitudinaria ceremonia por san Juan Pablo II bajo el nombre de san Pío de Pietrelcina, este santo sacerdote recibió un don espiritual extraordinario para servir al pueblo de Dios. Este don marcó su vida, llenándola de sufrimiento, no solo el dolor físico que provocaban sus estigmas, sino también el sufrimiento moral y espiritual, consecuencia de aquellos que lo consideraban loco o estafador.

La realidad es que este santo ayudo a miles de personas a volver a la fe, a convertirse y acercarse a Dios. El Padre Pío realizó curaciones asombrosas. Y predicciones difíciles de contrastar como la realizada al propio Karol Wojtyla vaticinando su futuro papado. El francés Emanuele Brunatto acreditaba ese mismo don de profecía que le permitía averiguar de vez en cuando lo que iba a suceder. «Es Jesús –explicaba el Padre Pío– quien me deja leer a veces su cuaderno personal...».

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Privilegio de un penitente

En la Misa de canonización el 16 de junio de 2002 en la plaza de san Pedro del Vaticano, san Juan Pablo II afirmó que "el Padre Pío fue generoso dispensador de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos a través de la acogida, de la dirección espiritual y especialmente de la administración del sacramento de la penitencia. También yo, durante mi juventud, tuve el privilegio de aprovechar su disponibilidad hacia los penitentes. El ministerio del confesionario, que constituye uno de los rasgos distintivos de su apostolado, atraía a multitudes innumerables de fieles al convento de san Giovanni Rotondo”.

¿Cómo se conocieron san Juan Pablo II y Padre Pío?

La relación entre el Padre Pío y san Juan Pablo II no sólo viene por haberse celebrado las ceremonias de beatificación y canonización del fraile capuchino durante el pontificado del papa polaco, sino que, en 1948, Karol Wojtyla conoció al Padre Pío en san Giovanni Rotondo.

El primer encuentro de dos santos

Fue en abril de 1948 cuando Karol Wojtyla, un recién ordenado sacerdote, decidió conocer al Padre Pío. “Fui a san Giovanni Rotondo para ver al Padre Pío, participar de su Misa y si resultaba posible, confesarme con él”. Este primer encuentro fue muy importante para el futuro papa. Así lo reflejó años después en una carta que envió de su puño y letra, escrita en polaco, al padre guardián del convento de san Giovanni Rotondo: “Hablé con él en persona e intercambié algunas palabras, fue mi primer encuentro con él y lo considero el más importante”. Mientras el Padre Pío celebraba la Eucaristía, el joven Wojtyla se fijó especialmente en las manos del fraile, donde se veían los estigmas tapados por una costra negra “En el altar de san Giovanni Rotondo se cumplía el sacrificio del mismo Cristo, y durante la confesión, el Padre Pío ofrecía un discernimiento claro y sencillo, dirigiéndose al penitente con gran amor”.

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Las dolorosas llagas del Padre Pío

Además, el joven sacerdote se interesó por las llagas del Padre Pío: “La única pregunta que le hice fue qué llaga le producía más dolor. Yo estaba convencido de que era la del corazón, pero Padre Pío me sorprendió mucho cuando me dijo: `No, la que más me duele es la de la espalda, la que tengo en el lado derecho´”. Esta sexta herida en el hombro, como la que Jesús sufrió llevando la cruz o el patibulum camino del Calvario. Era la llaga “que más dolía”, porque había supurado y nunca había “sido tratada por los médicos”.

Las cartas que vinculan a san Juan Pablo II y Padre Pío, se remontan al período del Concilio.

La carta con fecha del 17 de noviembre de 1962 decía: “Venerable Padre, le pido que ore por una madre de cuatro hijas, de cuarenta años que vive en Cracovia, Polonia. Durante la última guerra estuvo en los campos de concentración en Alemania durante cinco años y ahora corre un grave peligro de salud, incluso de vida, debido un cáncer. Ore para que Dios, con la intervención de la Santísima Virgen, muestre misericordia para ella y su familia. In Christo obligatissimus, Carolus Wojtyla”.

En ese entonces monseñor Wojtyla, estaba en Roma y recibió la noticia de la grave enfermedad de Wanda Poltawska. Convencido de que la oración del Padre Pío tenía un poder especial ante Dios, decidió escribirle para pedirle ayuda y oraciones por la mujer, madre de cuatro hijas. Esta carta le llegó al Padre Pío a través de Angelo Battisti, funcionario de la secretaría de Estado del Vaticano y administrador de la Casa Alivio del Sufrimiento. Él mismo cuenta que después de haberle leído el contenido, el Padre Pio pronunció la famosa frase: “¡A este no le puedo decir que no!”, y añadió: “Angelo, guarda esta carta porque un día será importante”.

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Gracias por la curación

Unos días más tarde, la mujer se sometió a un nuevo examen diagnóstico que mostró que el tumor cancerígeno había desaparecido completamente. Once días después, Juan Pablo II volvió a escribir una carta, esta vez para darle las gracias. La carta decía: “Venerable Padre, la mujer que vive en Cracovia, en Polonia, madre de 4 niñas, el día 21 de noviembre antes de la operación quirúrgica se curó repentinamente. Damos gracias a Dios y también a ti venerado Padre. Expreso mi sincero agradecimiento en nombre de la señora, de su marido y de toda la familia. En Cristo, Karol Wojtyla, obispo capitular de Cracovia”. En esa ocasión el fraile dijo: “¡Alabado sea el Señor!”.

«Mirad la fama que ha alcanzado el Padre Pío, los seguidores del mundo entero que ha congregado en torno a sí. Pero ¿por qué? ¿Acaso porque era un filósofo? ¿Porque era un sabio? ¿Porque disponía de medios? Nada de eso: porque decía la Misa humildemente, confesaba de la mañana a la noche y era, es difícil decirlo, un representante sellado con las llagas de Nuestro Señor. Un hombre de oración y sufrimiento».

Papa san Pablo VI, febrero de 1971.
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Karol Wojtyla rezando ante la tumba del Padre Pío en San Giovanni Rotondo.

Las visitas de san Juan Pablo II a la tumba del Padre Pio

Wojtyla volvió a san Giovanni Rotondo en dos ocasiones más. La primera, siendo cardenal de Cracovia, en 1974 y la segunda proclamado ya Papa, en 1987. En estos dos viajes visitó los restos mortales de Padre Pío y rezó arrodillado junto a la tumba del fraile capuchino. En el otoño de 1974, entonces cardenal Karol Wojtyla, estaba de vuelta en Roma y, “al acercarse la fecha del aniversario de su ordenación sacerdotal (1 de noviembre de 1946), decidió conmemorar el aniversario en san Giovanni Rotondo y celebrar la Misa junto a la tumba del Padre Pío. Debido a una serie de vicisitudes (el 1 de noviembre fue especialmente lluvioso) el grupo compuesto por Wojtyla, Deskur y otros seis sacerdotes polacos se retrasó bastante, llegando por la noche alrededor de las 21 horas. Desgraciadamente Karol Wojtyla no pudo cumplir su deseo de celebrar la Misa ante la tumba del Padre Pío justo el día de su ordenación sacerdotal. Así que lo hizo al día siguiente”. Stefano Campanella, director de Padre Pio TV.

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Amor a los penitentes

El Padre Pío “tenía un simple y claro discernimiento y trataba al penitente con un gran amor”, escribió ese día Juan Pablo II en el libro de visitas del convento en san Giovanni Rotondo.

En mayo de 1987, san Juan Pablo II, ya convertido en Papa, visitó la tumba del Padre Pío con motivo del primer centenario de su nacimiento. Ante más de 50.000 personas, su Santidad proclamó: “Grande es mi alegría por este encuentro y lo es por varios motivos. Como saben, estos lugares están ligados a recuerdos personales, es decir a mis visitas hechas al Padre Pío durante su vida terrena, o ya espiritualmente luego de su muerte, ante su tumba”.

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San Pío de Pietrelcina

El 2 de mayo de 1999, Juan Pablo II beatificó al fraile estigmatizado, y el 16 de junio de 2002 lo proclamó santo. El 16 de junio de 2002, su santidad Juan Pablo II lo canoniza bajo el nombre de san Pío de Pietrelcina. En la homilía de su santificación, Juan Pablo recitó la oración compuesta por él para Padre Pío: 

«Humilde y amado Padre Pío: Enséñanos también a nosotros, te lo pedimos, la humildad de corazón, para ser considerados entre los pequeños del Evangelio, a los que el Padre ha prometido revelar los misterios de su Reino. Ayúdanos a rezar sin cansarnos jamás, con la certeza de que Dios conoce lo que necesitamos antes de que se lo pidamos. Alcánzanos una mirada de fe capaz de reconocer prontamente en los pobres y en los que sufren el rostro mismo de Jesús. Sostennos en la hora de la lucha y de la prueba, y si caemos, haz que experimentemos la alegría del sacramento del perdón. Transmítenos tu tierna devoción a María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Acompáñanos en la peregrinación terrena hacía la patria feliz, a donde esperamos llegar también nosotros para contemplar eternamente la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén».


Bibliografía

- La Brújula Cotidiana entrevista al director de Padre Pio TV, Stefano Campanella.
- Sanpadrepio.es.
- Entrevista arzobispo polaco Mons. Andrés María Deskur, 2004.
- Homilía de Juan Pablo II, Misa de santificación, 2002.

Qué es una peregrinación y qué lugares visitar

¿Origen de las peregrinaciones?

Las peregrinaciones se remontan a los primeros siglos del cristianismo. Uno de los primeros registros documentados de peregrinaciones cristianas data del siglo IV, cuando se identificaron los lugares sagrados en Tierra Santa asociados a la vida de Jesucristo. Esto llevó a un número creciente de peregrinos a viajar a lugares como Jerusalén, Belén y Nazaret.

Sin embargo, uno de los eventos más significativos en la historia de las peregrinaciones fue el descubrimiento de las reliquias de san Pedro y san Pablo en Roma en el siglo I. Desde entonces, la Ciudad Eterna se convirtió en uno de los destinos preferidos de los peregrinos de todas las épocas y naciones.

¿Cuándo comenzaron las peregrinaciones cristianas?

A lo largo de los siglos, se empezaron a desarrollar rutas de peregrinación muy importantes en Europa, como el Camino de Santiago en España. Estos caminos conectaban lugares sagrados unos con otros y eran transitados por peregrinos de todas partes del mundo.

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El papa Francisco animó a visitar los santuarios marianos de Guadalupe, Lourdes y Fátima: «oasis de consuelo y misericordia». Audiencia General del miércoles 23 de agosto de 2023 en el Aula Pablo VI.

8 lugares de peregrinación católica

Repasamos a continuación los principales lugares de peregrinación de la Iglesia Católica. Lugares santos desde la antigüedad y algunos santuarios y basílicas dedicadas a la Virgen María, que convocan a multitud de peregrinos.

Cada año la Fundación CARF organiza dos peregrinaciones, en colaboración con alguna agencia de viaje y especialista en turismo religioso, con una importante participación de  benefactores y amigos que comparten estas experiencias únicas e inolvidables. Se trata de una manera diferente de acercarse al Señor.

Peregrinación a Tierra Santa

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En Tierra Santa nació, vivió y murió Jesús. Sus caminos son las páginas del ''quinto evangelio”. También fue el escenario de los acontecimientos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Fue tierra de batallas, como las Cruzadas; objeto de disputas políticas y religiosas.

Entre los lugares que se pueden visitar está Jerusalén, la ciudad donde Cristo hizo parte de su vida pública y donde entró triunfante el Domingo de Ramos. También se puede visitar el Santo Sepulcro, el Muro de los Lamentos, la iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces, la iglesia de la Condena e imposición de la Cruz, la iglesia de la Visitación, la basílica de la Natividad, y mucho más.

Peregrinación a Roma y al Vaticano

En Roma, la Ciudad Eterna, se encuentra la ciudad del Vaticano, el corazón de la Iglesia Católica. Cuenta con la basílica de san Pedro y los Museos Vaticanos, que albergan obras maestras como los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. A las afueras de Roma, se encuentran las catacumbas de san Calixto, también conocidas como la Cripta de los Papas.

Peregrinar a Roma ofrece la oportunidad de experimentar a la  Iglesia Católica como madre. Es una experiencia que fortalece la fe y ayuda a vivir la comunión con la tradición y las enseñanzas de la Iglesia Católica.

Peregrinación a Santiago de Compostela

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En España contamos con una de las peregrinaciones católicas más importantes del mundo, Santiago de Compostela. En el siglo XII, gracias al impulso del arzobispo Diego Gelmírez (1100-1140), se consolidó la Catedral de Santiago como meta de millones de peregrinos católicos. El pasado año Xacobeo 2021-2022 recorrieron el camino 38.134 peregrinos de todo el mundo.

Existen diferentes rutas para realizar esta peregrinación. La más utilizada de todas es el camino francés. Es el camino por excelencia, usado tradicionalmente por peregrinos de toda Europa y que cuenta con la red de servicios, alojamientos y señalización más completa de todas.

Peregrinación mariana al santuario de Medjugorje

Situado en Bosnia Herzegovina, la localidad de Medjugorje es famosa por las numerosas apariciones de la Virgen María desde 1981 hasta la actualidad. Pese a que la Iglesia aún no ha reconocido oficialmente estas apariciones, el papa Francisco autorizó en 2019 la organización de peregrinaciones oficiales de diócesis y parroquias, dándole un cariz de oficialidad.  

El santuario rodeado de montañas, donde se encuentra la imagen de la Virgen de Medjugorje, es una parada imprescindible para peregrinos en busca de consuelo, sanación y una profunda experiencia de fe.

Peregrinación mariana a la basílica de la Virgen del Pilar

La catedral-basílica de la Virgen del Pilar es el primer templo mariano de la cristiandad. Cuenta la tradición que en el año 40 del siglo I, la Virgen se apareció al apóstol Santiago, que se encontraba predicando en la actual Zaragoza.

La basílica, con su arquitectura impresionante y ambiente de recogimiento, es un espacio idóneo para la oración y la meditación. Los peregrinos llegan a este sagrado lugar para rendir homenaje a la Virgen del Pilar, patrona de Hispanoamérica. El día 12 de octubre, celebración de la festividad, se realizan ofrendas de flores y de frutos. También tiene lugar ese día el rosario de cristal, un desfile de 29 carrozas de cristal que están iluminadas interiormente y que representan los misterios del rosario.

Peregrinación mariana al santuario de Torreciudad

Situado en la provincia de Huesca, España, este santuario es un lugar de gran devoción mariana y es conocido en la región por ser un enclave natgural de mucha belleza. 

Los peregrinos acuden para rendir homenaje a Nuestra Señora de Torreciudad y experimentar una conversión del corazón a través, especialmente, del sacramento de la confesión. 

Este santuario, erigido gracias al impulso de san Josemaría Escrivá de Balaguer, atrae a fieles de todo el mundo que buscan fortalecer su relación con la Virgen María y crecer en su fe. La fiesta de la Virgen de Torreciudad se celebra el domingo siguiente al 15 de agosto. Todos los años, celebra la multitudinaria Jornada Mariana de la Familia que tiene lugar un sábado de septiembre.

Peregrinación mariana al santuario de la Virgen de Fátima (Portugal)

Este es uno de los santuarios marianos más importantes, en donde se apareció la Virgen de Fátima en 1917 a tres pastorcitos (Lucia, Francisco y Jacinta).

El santuario de Fátima está compuesto por varias capillas y basílicas. La principal es la basílica de Nuestra Señora del Rosario donde están las tumbas de los tres videntes. La parte exterior está flanqueada por una columnata de unas 200 columnas. Dentro de éstas hay 14 altares que también representan las estaciones del Vía Crucis.

El clima de oración que hay en Fátima ha dejado una marca indeleble en la fe de generaciones de católicos, convirtiendo este santuario en un punto de encuentro con lo divino y un símbolo de la intercesión de la Virgen María en la historia de la humanidad.

Peregrinación mariana al santuario de Lourdes (Francia)

Se trata del lugar de peregrinación para los enfermos por excelencia. Desde la gruta de Massabielle, donde la Virgen se apareció a santa Bernardita, brotó un manantial de agua pura de donde nunca ha dejado de brotar agua. Un agua milagrosa responsable de innumerables curaciones. También los visitantes dejan miles y miles de velas en acción de gracias o por una petición.

Sobre la roca donde está la gruta, se erigió la basílica de la Inmaculada Concepción, inaugurada en 1871. En Lourdes también está la basílica de Nuestra Señora del Rosario.

Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús

En la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús celebramos la solemnidad litúrgica del amor de Dios: hoy es la fiesta del amor, dijo hace unos años el Papa Francisco. Y añade “el apóstol Juan nos dice qué es el amor: no que nosotros hayamos amado a Dios, sino que “Él nos ha amado primero”. Él nos esperaba con amor. Él es el primero en amar”.

¿Cuándo se celebra?

Todo el mes de junio está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, aunque su fiesta es después de la octava de Corpus Christi. Este 2023 se celebra el lunes 18 de junio.

Durante la fiesta, san Josemaría invita a meditar sobre el Amor de Dios: "Son pensamientos, afectos, conversaciones que las almas enamoradas han dedicado a Jesús desde siempre. Pero, para entender ese lenguaje, para saber de verdad lo que es el corazón humano y el Corazón de Cristo hace falta fe y hace falta humildad".

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

San Josemaría hace hincapié en que como devotos tengamos presente toda la riqueza que se encierra en estas palabras: Sagrado Corazón de Jesús.

Cuando hablamos de corazón humano no nos referimos sólo a los sentimientos, aludimos a toda la persona que quiere, que ama y trata a los demás. Un hombre vale lo que vale su corazón, podemos decir.

En la Biblia se habla del corazón, para referirse a la persona que, como manifestó el mismo Jesucristo, se dirige toda ella –alma y cuerpo– a lo que considera su bien. "Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón" (Mt VI, 21).

Por eso al hablar de la devoción al Corazón, san Josemaría pone de manifiesto la certeza del amor de Dios y la verdad de su entrega a nosotros. Al recomendar la devoción a ese Sagrado Corazón de Jesús, nos recomienda dirigirnos íntegramente –con todo lo que somos: nuestra alma, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones, nuestros trabajos y nuestras alegrías– a todo Jesús.

En esto se concreta la verdadera devoción al Corazón de Jesús: en conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos, y en mirar a Jesús y acudir a Él, que nos anima, nos enseña, nos guía. No cabe en la devoción más superficialidad que la del hombre que no siendo íntegramente humano, no acierta a percibir la realidad de Dios encarnado. Sin olvidarnos que siempre a su lado está el Sagrado Corazón de María.

¿Qué significado tiene?

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús nos ama tanto, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.

El Papa Francisco nos dice que el Sagrado Corazón de Jesús invita a aprender “del Señor que se ha hecho alimento, para que cada uno pueda estar todavía más disponible para con los otros, sirviendo a todos los necesitados, especialmente a las familias más pobres”.

Que el Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, que celebramos, nos ayude a mantener nuestro corazón lleno de amor misericordioso, con todos los que sufren. Por ello, pidamos un corazón:

  • Bueno: Capaz de compadecerse de las penas de las criaturas, capaz de comprender.
  • Que sepa amar: Si queremos ayudar a los demás, hemos de amarles, con un amor que sea comprensión y entrega, afecto y voluntaria humildad. Como Jesús nos enseñó: el amor a Dios y el amor al prójimo.
  • Que busque a Dios: Y Jesús, que ha fomentado nuestras ansias, sale a nuestro encuentro y nos dice: si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Y que en Él encontremos descanso y fortaleza.

Nosotros podemos demostrar nuestro amor con nuestras obras: en esto precisamente consiste la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

La paz de los cristianos

En esta fiesta, los cristianos, tenemos que proponernos que hemos de luchar por obrar el bien. Es mucho lo que falta para que la convivencia terrena esté inspirada por el amor.

Aun así, no desaparecerá el dolor. Ante esas pesadumbres, los cristianos tenemos una respuesta auténtica, una respuesta que es definitiva: Cristo en la Cruz, Dios que sufre y que muere, Dios que nos entrega su Corazón, que una lanza abrió por amor a todos. Nuestro Señor abomina de las injusticias, y condena al que las comete. Pero, como respeta la libertad de cada individuo, permite que las haya.

Su Corazón lleno de Amor por los hombres le hizo cargar sobre sí, con la Cruz, todas esas torturas: nuestro sufrimiento, nuestra tristeza, nuestra angustia, nuestra hambre y sed de justicia. Vivir en el Corazón de Jesús, es unirnos a Cristo estrechamente, es convertirnos en morada de Dios.

"El que me ama será amado por mi Padre, nos anunció el Señor. Y Cristo y el Padre, en el Espíritu Santo, vienen al alma y hacen en ella su morada", san Josemaría.

Valen tanto los hombres, su vida y su felicidad, que el mismo hijo de Dios se entrega para redimirlos, para limpiarlos para elevarlos. ¿Quién no amará su corazón tan herido? Preguntaba ante eso un alma contemplativa. Y siguia preguntando ¿Quién no devolverá amor por amor? ¿Quién no abrazará un Corazón tan puro? San Josemaría Escrivá.

¿Cómo surgió la fiesta? Historia del Sagrado Corazón de Jesús

Fue un pedido explícito de Jesús. Quien el 16 de junio de 1675 se le apareció y le mostró su Corazón a Santa Margarita María de Alacoque. Jesús se le apareció en varias ocasiones y le comunico lo mucho que la amaba a ella y a todos los hombres y lo mucho que le dolía a su Corazón que los hombres se alejaran de Él por el pecado.

Durante estas visitas, Jesús le pidió a Santa Margarita que nos enseñara a quererlo más, a tenerle devoción, a rezar y, sobre todo, a tener un buen comportamiento para que su Corazón no sufra más con nuestros pecados.

Más adelante Santa Margarita con su director espiritual, propagarían los mensajes del Sagrado Corazón de Jesús. En 1899, el Papa León XIII publicó la encíclica “Annum Sacrum” sobre la consagración del género humano, que se realizó ese mismo año.

San Juan Pablo II en su pontificado estableció que en esta fiesta además la Jornada Mundial de Oración por la santificación de los sacerdotes.

Muchos grupos, movimientos, órdenes y congregaciones religiosas, desde antiguo, se han puesto bajo su protección.

En Roma se encuentra la Basílica del “Sacro Cuore” (Sagrado Corazón) construida por San Juan Bosco por encargo del Papa León XIII y con donaciones de fieles y devotos de varios países.

Oración al Sagrado Corazón de Jesús Devocionario católico

¿Cómo se reza al Sagrado Corazón de Jesús? Podemos conseguir una estampa o una figura en donde se vea el Sagrado Corazón de Jesús y, ante ella, llevar a cabo la consagración familiar a su Sagrado Corazón, de la siguiente manera:

Escrita por Santa María de Alacoque:

"Yo, __________, me doy y consagro al Sagrado Corazon de Nuestro Señor Jesucristo, mi persona y mi vida, mis oraciones, penas y sufrimientos, para no querer servirme de ninguna parte de mi ser sino para honrarlo, amarlo y glorificarlo. Es mi voluntad irrevocable ser toda de El y hacer todo por su amor, renunciando de todo corazón a todo lo que pueda disgustarle.

Yo os tomo, pues, Oh Sagrado Corazón, por el único objeto de mi amor, el protector de mi vida, la seguridad de mi salvación, el remedio de mi fragilidad y de mi inconstancia, el reparador de todos los defectos de mi vida, y mi asilo en la hora de mi muerte.

Bibliografía

Es Cristo que pasa, san Josemaría Escrivá.
Confesiones, San Agustín.
Carta, 5 de octubre de 1986, al M. R. P. Kolvenbach, san Juan Pablo II.
Opusdei.org.
Vaticannews.va.