«La formación y el temple reduce el riesgo de dudar del camino trazado por Dios»

De hecho, llegó a ejercer como profesor en la Universidad Nacional de Piura, en Perú, su país natal. Nueve años después ejerce nuevamente como docente en su ciudad, pero ahora impartiendo clases de Teología en la Universidad de Piura, una obra de apostolado del Opus Dei, de la que además es el capellán de la Facultad de Ingeniería.

El padre Chinguel se trasladó a España para formarse para ser sacerdote, y en la Universidad de Navarra completó los estudios de Bachiller en Teología. Después realizó la Licenciatura en Teología Moral y por último el Doctorado, cuya tesis defendió en 2021. Entre tanto, don José Luis fue ordenado sacerdote en 2020. Justo tras su ordenación pasó varios meses en Murcia, en dos colegios de Fomento, hasta que al fin pudo volver a Perú para proseguir con su ministerio sacerdotal.

José Luis Chinguel Beltrán sacerdote

En esta entrevista con la Fundación CARF este sacerdote evoca con gran cariño su paso por Pamplona, su ordenación sacerdotal en Roma, los frutos de la formación que ha recibido en estos años y los grandes recuerdos que ha vivido ya una vez ordenado.

Dios, el Señor de los Milagros

Ha vivido en Europa y también en Perú, su país natal. ¿Qué similitudes y qué diferencias ha visto en la fe y en la Iglesia en ambos lugares? Durante mi estancia en Europa sólo pude conocer España, Francia e Italia. Son naciones de larga tradición católica, pero que aún mantienen la fe en sectores de la sociedad de cada país. Sí que he notado el avance del proceso de secularización, pero Dios sigue suscitando en los corazones deseos de buscarle y de entrega a su servicio. De hecho, recuerdo que, en la universidad durante las jornadas de Teología y demás conferencias, notaba la presencia de alumnos de otras facultades, especialmente de Medicina, muy interesados en oír temas de fe y de religión que se nos ofrecía a nosotros.

La gran ventaja de Europa, a mi parecer, radica en estar cerca de Roma, centro del catolicismo, así como estar cerca de lugares históricos para la fe: Santiago de Compostela, Asís, Fátima, Lourdes, y otros más. Por su parte, Perú se caracteriza por ser oficial y mayoritariamente católico, aunque la práctica de fe es claramente menor. Sin embargo, la devoción popular tiene un “jale” potente entre las personas. Hay una en concreto que está muy arraigada y es la del Señor de los Milagros, a quien muchos peruanos rinden mucha devoción.

Precisamente estudió en Pamplona, ¿cómo fue su experiencia? En efecto, estudié en Pamplona, desde septiembre de 2015. Una hermosa experiencia. Llegué allí con 33 años, luego de haber ejercido la profesión de economista por más de diez años. Fue un retorno a las aulas que al principio me costó. Tuve que esforzarme un poco para ponerme al nivel del resto de mis compañeros.

¿Qué le llamó más la atención de su paso por la Universidad de Navarra? Varias cosas. Lo hermoso del campus, la gran variedad de procedencia de los alumnos y, sobre todo, lo organizada que está la universidad. Otra de las cosas llamativas fue que a los alumnos de Teología se nos consideraba igual que al resto de alumnos de otras facultades, con los mismos derechos, las mismas obligaciones y con accesos a los mismos lugares que los demás. Recuerdo gratamente la cordialidad de las secretarias, de los que atienden en la biblioteca…

José Luis Chinguel Beltrán sacerdote

¿Cómo le ha ayudado en su labor pastoral la formación que recibió? Los estudios en Pamplona en la Facultad de Teología de la UNAV, no sólo me han servido para ahondar en el conocimiento de la Sagrada Teología, sino también en el buen hábito de buscar fuentes confiables a las que acudir para la preparación de la predicación, lo que es una constante en el ministerio sacerdotal.

¿Y en el ámbito más personal y espiritual? Sin duda, el haber vivido en el Colegio Mayor Aralar, donde estuvo san Josemaría, cuya estela espiritual ha dejado mucha huella en mí y en las personas que le conocieron y que me trasmitieron en interesantísimas tertulias y, en general, en todas las actividades de estudio y de formación que allí recibí.

¿Cuáles han sido los momentos más memorables que ha vivido como sacerdote? Al día siguiente de ser ordenado en Roma fui a la plaza de san Pedro para el Ángelus con el Papa. Al terminar, las personas con las que estaba decidimos ir a almorzar al barrio del Trastévere. Estando allí, en una de las calles por las que pasamos, había un par de señoritas jóvenes que se encontraban recogiendo firmas. Una de ellas se acercó y me dijo, muy rápido, unas palabras que no entendí; y a continuación me pidió en italiano que le diera una bendición. Para mí fue el primer acto como clérigo: dar la bendición a una persona.

Pero, sobre todo, recuerdo el momento de mi ordenación, que no sabría explicar. Ese momento culmen lo noté durante la imposición de las manos que hizo el cardenal que nos ordenó.

José Luis Chinguel Beltrán sacerdote

El primer bautizo que oficié fue algo especial

¿Y alguno más? La primera Misa que me tocó celebrar, que fue en la iglesia romana san Girolamo della Caritá. Fue un regalo de Dios por ser una iglesia hermosa, porque asistió el cardenal de Lima y varios compatriotas que se enteraron de mi ordenación y quisieron asistir. Un día después, pasé por Francia, rumbo a Pamplona junto con otros cinco sacerdotes. Pernoctamos en Lyon y el anfitrión nos animó a ir a Ars y celebrar Misa allí, en la capilla donde está el santo patrono de los párrocos y sacerdotes, san Juan María Vianney. Fue otro gran regalo de Dios.

Tampoco olvidaré el primer bautizo que oficié, fue algo especial. También la primera boda celebrada en Piura. En las conversaciones previas a esa boda, les decía a los novios que yo estaba más nervioso que ellos, pero que trataría de serenarme y darles confianza.

Desde la experiencia que ya atesora, ¿qué cree que es lo que necesita el sacerdote ante los numerosos retos a los que se enfrenta cada día para llevar a Dios a los demás? Mirando en perspectiva no sólo los estudios que nos capacitan mucho y bien nos ayudan a afrontar los retos de nuestro ministerio, sino también el hecho de forjar el temple espiritual y de enriquecer el alma. Pienso que esto nos reafirma mucho en nuestra vocación y reduce así el riesgo de dudar del camino trazado por Dios.

Por otro lado, la ayuda económica recibida para los estudios incluye el alojamiento en una buena residencia o colegio mayor en condiciones suficientes, lo que nos va educando en la dignidad que como sacerdotes hemos de cuidar, si cabe con algo más de exigencia, al ejercer el ministerio.

José Luis Chinguel Beltrán sacerdote

¿Añadiría algo más? Sí, el deporte que uno procura hacer en este tiempo también constituye un hábito saludable de cara a la tarea de ayudar a las almas. Así, la sobrecarga sacerdotal se puede disipar y sobrellevar mejor. Cada domingo organizaba un partido de fútbol sala en el pabellón deportivo de la Universidad de Navarra.

¿Quiere decir algo a los benefactores de la Fundación CARF? A los benefactores de la Fundación CARF les hago saber mi más sincero agradecimiento. Querría decirles que su generosidad hace mucho bien y que Dios Nuestro Señor lo tendrá muy en cuenta como méritos para ustedes y su familia. Cuenten con mis oraciones, aunque no los conozca personalmente. Por la comunión de los santos pienso que las oraciones de los sacerdotes benefician a todos aquellos que han hecho posible su formación y su ordenación.

«Benefactores, su generosidad hace mucho bien y que Dios Nuestro Señor lo tendrá muy en cuenta como méritos para ustedes y su familia».

«La historia nos demuestra que Dios nunca deja solo a su pueblo»

Actualmente, este sacerdote guatemalteco es párroco de El Señor de Esquipulas, así como vicario episcopal de la Vicaría Sur Oriente Nuestra Señora de Guadalupe en la Archidiócesis de Santiago de Guatemala. Entre 2005 y 2007 su obispo le envió a Roma a estudiar Historia de la Iglesia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz gracias a las ayudas que financia la Fundación CARF, lo que le ayudó a comprender mejor su fe y también a transmitirla mejor a los miles de fieles en estos años. Durante su estancia en Roma vivió en el Colegio Sacerdotal Tiberino, años en los que pudo empaparse y nutrirse de la universalidad de la Iglesia. 

La semilla de la fe

En su niñez, don Luis Enrique Ortiz recibió la semilla de la fe en el hogar, en una familia llena del amor a Dios. Aprendió desde temprana edad que cada bendición era un regalo de Dios. Incluso en las pruebas familiares, la renuencia nunca fue una opción. Siempre se decía: «Dios es bueno».

Entre sus recuerdos más vivos se encuentra su Primera Comunión, el sacramento que cambió su vida. Desde el momento en que supo de su inscripción en la catequesis preparatoria, el anhelo por recibir a Jesús Sacramentado se convirtió en su faro. El día llegó y sintió algo inigualable. Entonces recordó la frase de su familia: «Dios es bueno».

La llamada silenciosa al sacerdocio

La llamada al sacerdocio no resonó como un trueno repentino, sino como un suave murmullo que se intensificaba con los años. La influencia de la familia fue el primer eco, donde el amor de Dios se vivía cotidianamente. En la universidad, la semilla germinó aún más durante voluntariados en regiones marginales de Guatemala. A donde fuera, la gente le decía: «usted sería un gran sacerdote», una afirmación que desconcertaba al joven Luis Enrique. 

Él se quedaba atónito cada vez que lo escuchaba, porque era una idea muy íntima que no le había comentado a nadie. Sin embargo, pronto comprendió que era Dios, utilizando las voces de los que estaban a su alrededor, quien lo llamaba a servir en su mies. La vida sacramental y sentir todo el amor de Dios, lo llevaron a dar el paso definitivo. Sin arrepentimientos, afirma que Dios ha sido bueno, sorprendiéndolo incluso cuando él mismo sentía no merecerlo.

sacerdote luis enrique 2

Capítulo romano: estudio en la ciudad eterna

Entre 2005 y 2007, su obispo le encomendó ir a Roma para completar su formación como sacerdote estudiando Historia de la Iglesia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Este capítulo de su vida en la ciudad eterna se convirtió en un regalo de Dios para su ministerio. Residía en el Colegio Sacerdotal Tiberino, absorbía la universalidad de la Iglesia y exploraba las profundidades de su fe.

La Universidad de la Santa Cruz no solo le brindó conocimientos históricos, sino que abrió sus ojos a la obra divina a lo largo de la historia humana. La historia de la Iglesia se convirtió en un testimonio palpable de la mano de Dios. Descubrió cómo los escritos de muchos santos y pontífices, a los que se les ha otorgado el título de Doctores de la Iglesia, siguen teniendo peso hoy en día. Cómo esa sabiduría, que emana de Dios por medio del Espíritu Santo, es latente y muy fresca. 

«Mi paso por Roma ha sido de gran ayuda para mí como sacerdote, porque he recibido herramientas para poder enseñar a los laicos que nuestra fe no es ninguna fantasía, sino que tiene cimientos fuertes que hacen que el creyente se involucre en el estudio de Dios. Y tanto en el ámbito espiritual como personal hace que tenga sentido nuestro servicio, porque en la historia se nos muestra que Dios nunca ha dejado solo a su pueblo, sino que siempre se hace presente y aún más en nuestra vida al ser otro Alter Christus».
Luis Enrique Ortiz, sacerdote de Guatemala.

Los retos de un sacerdote

Los casi 25 años de vida sacerdotal de don Luis Enrique Ortiz le han llevado por senderos innumerables. Entre las experiencias más profundas que ha vivido como sacerdote, destaca las visitas a los enfermos como momentos donde la misericordia de Dios se materializa. Estos encuentros no solo son actos de servicio, sino oportunidades para tocar la divinidad en la fragilidad humana.

Ante los retos y peligros que enfrentan los sacerdotes en la sociedad actual, el padre Ortiz enfatiza la necesidad de preparación tanto académica como espiritual. En un mundo en constante cambio, donde la fe enfrenta desafíos, el sacerdote debe ser un faro que ilumina el mensaje fundamental: el Amor de Dios.

Conclusión: un legado de fe en marcha

La historia del Padre Luis Enrique Ortiz es un relato vivo de fe, vocación y servicio. Su recorrido pastoral en la archidiócesis de Santiago de Guatemala no solo es un testimonio personal, sino una fuente de inspiración para aquellos que buscan luz en la oscuridad. Su vida, tejida con hilos divinos y humanos, continúa escribiendo un legado de amor, servicio y dedicación en el caminar de la Iglesia.

«Los sacerdotes debemos transmitir a los jóvenes, con nuestra vida, una certeza y seguridad»

La semilla de la vocación a sacerdote en la fe de su abuela

En las vastas llanuras del norte argentino, en la región de Chaco donde se encuentra la localidad de Presidencia san Roque, Danilo y sus hermanos fueron criados por su abuela. De ella, una mujer que rezaba mucho y pedía constantemente a Dios, recibió la fe. Al irse a estudiar a otro pueblo entró en contacto con la parroquia de san Antonio de Padua de Río Bermejito. Con la guía espiritual del sacerdote Ramón Roa, y acompañándole en su labor por la múltiples localidades rurales que atendía, se fue despertando el deseo de servir a la Iglesia

En una experiencia pastoral, Aranda respondió a la llamada para ser sacerdote y decidió ingresar en el seminario interdiocesano. Su camino hacia el sacerdocio se forjó en la autenticidad de la fe vivida en la cotidianidad de su hogar, y se consolidó en la entrega a las comunidades rurales que ansiaban el sustento espiritual en medio de la vastedad de las llanuras argentinas.


«Mi abuela, con sus rezos constantes, iluminó el sendero de mi fe. En la pastoral juvenil descubrí el llamado a servir, especialmente en las localidades rurales. El sacerdocio dejó de ser solo un llamado; se convirtió en mi misión».

Sacerdote Danilo Juvenal Aranda.

Teología en las calles de la Ciudad Eterna

El camino al sacerdocio de Danilo Aranda le llevó a la Ciudad Eterna, Roma, donde la teología se respira en cada rincón. En el Colegio Internacional Sedes Sapientiae y en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, no solo adquirió conocimientos, sino que también vivió una fraternidad única con jóvenes con su misma vocación de todas partes del mundo.

La Teología se convirtió en algo más que un estudio académico; fue una experiencia que abrazó con toda su mente, corazón y alma. Estudiar en Roma le permitió conocer a los papas Benedicto XVI y Francisco que dejaron una huella imborrable en su camino.

La especial vida de la Ciudad Eterna se reflejó en cada clase en la universidad, en cada experiencia con compañeros que compartían las mismas inquietudes espirituales. La vitalidad de Roma no solo nutrió su formación académica, sino que también fortaleció su compromiso con la vocación sacerdotal a través de la formación humana y espiritual. 


«Roma no solo me brindó conocimientos; me sumergí en la historia viva de la Iglesia. En esos días, experimenté la universalidad de nuestra fe. Dialogar con los papas no solo fue un honor, sino una lección viva de humildad y servicio».

Sacerdote Danilo Juvenal Aranda.

Memorias imperecederas de Roma

Entre los callejones empedrados con los sanpietrini y las majestuosas basílicas de Roma, don Danilo atesora recuerdos que le acompañarán toda la vida. El día de la elección del papa Francisco, por ejemplo. El 13 de marzo del 2013 estaba estudiando, repasando una materia, cuando comenzó a sonar el timbre, empezó a escuchar voces y a sentir mucho movimiento. Hasta que escuchó a alguien decir «habemus papam». Todos desde el colegio salieron corriendo hacia la plaza de san Pedro, aunque estuviera lloviendo, mientras oían el sonido de las campanas de las iglesias repicar anunciando la elección del papa Bergoglio.


«Cada adoquín de Roma tiene una historia. Recordar el día del Habemus Papam es revivir una epopeya de fe que marcó mi corazón. La lluvia no apagó la alegría; la hizo más intensa».

Sacerdote Danilo Juvenal Aranda.
sacerdote

De la ordenación a la pastoral parroquial

Desafiando pandemias y descubriendo la belleza en el servicio

La ordenación en 2015 marcó un nuevo capítulo en la vida del padre Danilo Juvenal Aranda. Desde el cargo de secretario episcopal hasta párroco de san Bernardo, su camino ha estado marcado por el servicio y el acompañamiento.

La pandemia, desafiante pero llena de oportunidades, le reveló la belleza del servicio pastoral. Acompañar a su comunidad en medio de la incertidumbre se convirtió en una expresión tangible de su compromiso y devoción. Cada etapa de su trayectoria le ha permitido descubrir nuevas dimensiones de su vocación de sacerdote, desde los roles administrativos hasta el servicio directo en la parroquia. 


«La pandemia no fue solo un desafío; fue una oportunidad para descubrir la esencia misma del servicio, encontrar belleza en medio de la adversidad. Mi labor como sacerdote tomó un nuevo significado en esos días».

Sacerdote Danilo Juvenal Aranda.
sacerdote
Escuchar, acompañar y testimoniar: claves para conectar con los jóvenes

En un mundo donde los jóvenes se alejan de la Iglesia cada vez más, el padre Aranda aborda el desafío de acercarlos a Dios. Su experiencia en diversas parroquias y en la pastoral juvenil revela la importancia de la escucha activa.

La autenticidad y la cercanía son esenciales para conectar con la generación actual. Los jóvenes anhelan más que discursos; buscan un testimonio vivo de la fe, y don Danilo se esfuerza por ser esa presencia llena de esperanza y alegría. En cada comunidad donde ha servido, ha comprendido que la conexión genuina con los jóvenes se construye sobre la base de la autenticidad y la empatía.


«Los jóvenes buscan autenticidad y una fe encarnada. Necesitan testigos que reflejen la alegría y la esperanza que solo Dios puede ofrecer. La pastoral juvenil no es solo un deber, es un llamado apasionado».

Sacerdote Danilo Juvenal Aranda.
Fe, fraternidad y formación continua: pilares del sacerdote moderno

Ante los desafíos del siglo XXI, para don Danilo Aranda, es fundamental la confianza en Dios y la fraternidad entre sacerdotes. También la perseverancia en la oración y el servicio, un buen director espiritual y la formación continua. Son los pilares que sostienen la misión del sacerdote. 


«La fe, la fraternidad y la formación continua son como las columnas que sostienen al sacerdote en tiempos turbulentos. Confiar en Dios y apoyarnos mutuamente son claves para el éxito. Además, la formación constante nos mantiene preparados para enfrentar los desafíos emergentes con sabiduría y discernimiento».

Sacerdote Danilo Juvenal Aranda.

«Vivir el Evangelio es vivir siempre esperando lo mejor»

Durante un tiempo ejerció la profesión así como la docencia en varias universidades. Sin embargo, había una llamada de Dios desde niño que él siempre intentaba ocultar o postergar. Hasta que hubo un día que ya no pudo decir no, y fue a hablar con el obispo. Y fue enviado a Roma para ser sacerdote, gracias a las ayudas de la Fundación CARF, donde estudió en una primera etapa el bachiller de Teología, y en una segunda, la licenciatura.

A su vuelta a Ecuador, concretamente a la diócesis de Guayaquil, el padre Sojos ha ejercido importantes responsabilidades pastorales, tanto en el ámbito de la comunicación, como de profesor en el seminario. Además de haber estado destinado en distintas parroquias, actualmente es el rector de la catedral diocesana.

Situación social y religiosa de Ecuador

Don Francisco considera que la situación es complicada, con problemáticas presentes en toda Latinoamérica y también a nivel global. En los últimos años, se ha observado un aumento significativo de la violencia en Ecuador, alcanzando niveles preocupantes. Este fenómeno, que constituye un profundo problema moral, se entrelaza de manera inherente con el cuestionamiento de los fundamentos de la sociedad, dando lugar a pensamientos e ideologías destructivas.

La salud de la Iglesia de Ecuador

En Ecuador hay mucha fe. «Miren, yo me paro cinco minutos en la puerta de entrada de la catedral en cualquier momento del día y, para mí, es una inyección de esperanza. ¿Por qué? Porque no para de entrar gente, nunca. No entran para perder el tiempo, sino que entran buscando la capilla del Santísimo, que siempre está llena. Entran buscando tener un momento de oración, para esperar la Santa Misa o buscando la confesión». 

El 50 % de los católicos asiste a Misa todos los domingos. Una cifra muy alta, a pesar de los desafíos de secularización y el avance de grupos evangélicos. También se destaca un alto porcentaje de retorno de personas que, habiendo ingresado en sectas, vuelven a la Iglesia Católica al darse cuenta de que algo fallaba.

El don de la fe

Don Francisco Sojos se sabe protegido por el Señor. Su mayor duda de fe duró apenas unos pocos segundos, a los 15 años, mientras leía el libro El Caballo de Troya. Le hizo dudar de si la Iglesia no ha sido fundada por Cristo. Inmediatamente, se dio cuenta de la "porquería" de libro que estaba leyendo y lo tiró a la basura. En su familia, de Misa dominical, nunca hubo dudas de fe y se vivía la religiosidad con naturalidad. Era parte de la vida cotidiana.

Vocación al sacerdocio

En cuanto al sacerdocio, su vocación estuvo presente desde siempre. Pero no se materializó hasta los 28 años, cuando decidió ingresar en el seminario. Durante siete años había estudiado Periodismo y Filosofía en la Universidad de Los Andes, de Chile. Y durante otros tres trabajó como profesor en diferentes universidades y realizando proyectos comunicativos propios. Cuando le venía a la cabeza el sacerdocio se decía «para más adelante, para después».

El llamado definitivo se produjo en un programa de televisión en Chile. Se encontró con un compañero de universidad que estudiaba para ser sacerdote. Éste le preguntó si no debería haber ingresado ya al seminario. Al volver a Ecuador habló con el obispo, y éste decidió que no ingresara en el seminario de Guayaquil, sino enviarle a Roma, para hacer todo el seminario en el Colegio Internacional Sedes Sapientiae y estudiar en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

Para don Francisco, la experiencia en Roma fue maravillosa, conociendo la Iglesia, conociendo su profundidad Roma, seminaristas y sacerdotes de todo el mundo, con tantas formas de vivir con fidelidad el Evangelio. Esto le abre a uno el corazón y la mente para entender más profundamente el Evangelio y la misión de evangelizar. La formación en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz le ha aportado un profundo amor a la doctrina y a la liturgia, transmitiéndole la importancia de no desviarse de la doctrina y de respetar la liturgia como un elemento que pertenece a la Iglesia, no al sacerdote.

sacerdote

Los momentos más importantes como sacerdote

«Espero que todavía no hayan llegado, sino que estén por venir. Vivir en el Evangelio significa vivir siempre esperando lo mejor. Si ya hubiera venido lo mejor, ¿entonces hacia dónde camino? Yo camino hacia el Cielo, por tanto, lo mejor ciertamente no ha llegado aún». 

Cuando volvió de Roma como diácono, el obispo le encomendó enseguida la reconstrucción de una parroquia que estaba destruida. A los pocos meses le nombró portavoz de la archidiócesis de Guayaquil para llevar la comunicación y la relación con la prensa en un momento político muy conflictivo, en un choque entre el Gobierno y la Iglesia por la nueva Constitución.

Además, don Francisco Sojos ha sido director de Radio Católica Nacional, una etapa dura porque le tocaba estar a cargo de una parroquia y viajar a Quito, a la sede de la radio. Ida y vuelta en un mismo día.

Después de diez años en una parroquia de mucha actividad, desde hace poco tiempo, es el rector de la catedral de Guayaquil.

Qué necesita un sacerdote para no sucumbir a los peligros a los que se enfrenta hoy

En relación con los desafíos que enfrenta un sacerdote en la actualidad, destaca la importancia de tener buenos amigos sacerdotes para evitar el aislamiento y subraya la necesidad de la prudencia, una virtud que debe moderar la vida y prevenir los riesgos del mundo. Ante la crisis de la Iglesia, propone revertir la situación a través del amor a Cristo, destacando que ser un evangelizador implica hablar desde el amor personal a Dios. El que está enamorado de Cristo convence sobre lo que ama. Hablar del amor a Dios, en lugar de predicar sobre teorías, es la clave para ser un evangelizador convincente.

Las cuatro armas de un sacerdote del siglo XXI

Renars Birkovs es un sacerdote que nació en Letonia, un pequeño país báltico más pequeño en territorio que Andalucía y con apenas dos millones de habitantes. Está situado entre Lituania y Estonia, pero también comparte frontera con Rusia y Bielorrusia, lo que en estos momentos sitúa a este pequeño estado en un lugar estratégico para la seguridad mundial.

sacerdote letón

Una Iglesia fiel y perseguida

Letonia es una sociedad multiconfesional. Los católicos representan aproximadamente una quinta parte de la población, siendo la Iglesia Ortodoxa letona la que más fieles reúne. Una situación muy distinta a la de su vecinas Lituania –de gran mayoría católica–, y Estonia –una de las naciones más ateas del mundo, y donde los católicos apenas superan los seis mil–.

La Iglesia Católica letona cuenta con cuatro diócesis, un seminario y varias instituciones religiosas. El comunismo, como en el resto de países vecinos, persiguió duramente a la Iglesia, especialmente a sus representantes. Durante las más de cinco décadas de dictadura, el gobierno emprendió persecuciones de diferentes formas. Desde el principio, con Stalin, la persecución fue concreta: detención de sacerdotes, deportaciones… Más tarde, cuando vieron que estos métodos no eran tan eficaces como pensaban para combatir a la Iglesia, comenzaron a engañar y manipular a los fieles y a los jóvenes sacerdotes con informaciones que les chantajeaban para que decidieran abandonar la fe y el ministerio. Algo que dejó una profunda herida en la comunidad eclesiástica.

Renars Birkovs creció con un comunismo agonizante y en plena transición democrática, pero sus padres y sus abuelos le han contado las historias de cómo tenían que ingeniárselas para vivir su fe en medio de una dictadura atea y comunista. Si tenían que bautizar a un hijo, lo hacían de manera discreta y, por ejemplo, como la Navidad era día laborable, tenían que ir a la iglesia de noche o muy temprano, porque nadie podía saberlo.

sacerdote letón

Un sacerdote hijo espiritual de los mártires

Este joven sacerdote letón tiene especial devoción al obispo Teofilus Matulionis, primer mártir lituano del comunismo, y que ejerció como sacerdote muy cerca de su parroquia de origen. En su tierra fueron muchos los mártires, algunos de ellos están en pleno proceso de beatificación. En los primeros años, tras la II Guerra Mundial, hubo muchos sacerdotes encarcelados, mucha persecución externa... Para Renars son como sus padres en el sacerdocio. Su testimonio conforta su fe y su vocación.

Renars creció en una familia católica, pese a los ataques durante décadas a la Iglesia y pese a ser una zona de mayoría ortodoxa. Fue en esta vivencia de la fe como se fue produciendo la llamada al sacerdocio. Sentía una fuerte atracción, en primer lugar porque le parecía algo sobrenatural y especial y, en segundo, porque las muchas obras buenas que hacen los sacerdotes para que la gente se pueda acercar a Dios. Entonces sintió que este era su lugar.

Entró en el seminario y, una vez ordenado sacerdote, su obispo le envió a España a estudiar Derecho Canónico en la Universidad de Navarra gracias a la ayuda de la Fundación CARF. 

Eucaristía, oración y formación, sus pilares

En su primer año ordenado estaba sirviendo en una residencia de ancianos, y una señora que estaba en el pasillo le dijo que era atea, empezó a insultarle y a soltar improperios con una actitud despectiva. Renars se sentó a su lado durante diez minutos y la escuchó. Después le contó su vida, sus experiencias, etc. También le contó que su abuela era muy religiosa. Al final se despidieron muy amablemente. Se dio cuenta de lo importante que es no tener miedo a pararse humildemente donde un sacerdote no es bienvenido. Igual que Jesús, invitando humilde y amablemente a todo el mundo.

La pancha de acero del secularismo

En sociedades cada vez más laicistas y alejadas de Dios, este joven tiene claro cuáles deben ser las armas que los sacerdotes deben tener a mano para afrontar estos numerosos peligros: «Lo más importante es celebrar la Eucaristía con plena devoción; tener una profunda vida de oración; y además tiene que existir comunión con los sacerdotes, así como una formación y una educación constante».

Scott Borgman, converso de la Iglesia Pentecostal, hoy sacerdote católico

A través del conocimiento de las Escrituras llegaron al catolicismo

El padre de Scott, misionero pentecostal, solía recordar que Dios les amaba y que tenía un plan para sus vidas. Un plan que entenderían a través de una relación personal con Jesucristo y del conocimiento de las Sagradas Escrituras. De hecho, los niños de la familia Borgman memorizaban versículos de las Escrituras desde muy pequeños, lo que ha sido de gran ayuda a Scott en su comprensión de Dios y de su diseño de la salvación. 

Fue a través de las Escrituras como llegaron a comprender un concepto muy revolucionario para ellos como protestantes y miembros de la Iglesia Pentecostal: la idea de que la Iglesia Católica había sido fundada por Jesucristo y de que, contrariamente a lo que les habían enseñado en la Iglesia Pentecostal, hoy era fiel a todas las enseñanzas que Cristo le había confiado. Aunque  tenían un conocimiento muy profundo de las Escrituras, se dieron cuenta de que les faltaba la comprensión esencial sobre el origen de la Biblia y sobre quién estaba cualificado para interpretarla. 

«Me enamoré de la Eucaristía»

Las Sagradas Escrituras, insertas en el contexto de las celebraciones litúrgicas católicas, les dio la claridad que tanto habían buscado. Supuso un auténtico alivio para ellos descubrir la interpretación magisterial de la Iglesia que garantiza el auténtico significado de las Escrituras, tal como las entendían los Padres de la Iglesia. Estas respuestas les abrieron al mar de plenitud de la fe cristiana que es la Iglesia Católica. Scott empezó a asistir a Misa y, aunque nunca comulgaba consciente de las advertencias de san Pablo, se enamoró perdidamente de la Eucaristía. Empezó a asistir diariamente durante dos años antes de recibir el sacramento. 

Al principio no sabía cuándo ponerse de pie o qué estaba pasando en el altar, pero cada vez que salía, tenía una profunda sensación de paz. Recibió la Primera Comunión en 2003, a la edad de 32 años, y tenía tanta hambre de la Eucaristía que incluso ¡mordió los dedos del obispo que se la dio! 

¿Qué le dio la Iglesia Católica que no tuviera la Iglesia Pentecostal?

Una vez en la Iglesia Católica, sus horizontes se ampliaron, dirigiéndole hacia una verdadera intimidad con Dios, a una santidad más allá de sus prejuicios, felicidad a pesar de los obstáculos y las alegría a través de la cruz. Le dio a su alma y a su mente un lugar para expandirse y crecer. Pronto descubrió que la Iglesia Católica contiene las respuestas a cada interrogante de la condición humana, a cada pregunta que hay en los corazones de protestantes, judíos, musulmanes, hindúes e incluso ateos y de la multitud woke. A través de la Iglesia Católica, Dios ha proporcionado las respuestas a la pérdida de un familiar, al sufrimiento en este mundo, a las familias rotas, a las guerras, a las inundaciones, incluso a la riqueza desmesurada, a la alarmante falta de cultura... a cada pregunta que surge en el alma humana.

La llamada al sacerdocio

Antes de convertirse al catolicismo, Scott nunca había oído hablar del celibato en la Iglesia Pentecostal, de la posibilidad de una entrega total de sí mismo a Dios y a la Iglesia. Ni siquiera sabía que existían sacerdotes, monjas y monjes

A partir de su conversión desde la Iglesia Pentecostal fue conociendo a sacerdotes y monjas completamente entregados a Dios y felices con sus vocaciones. Esto le intrigó hasta el punto que se puso a estudiar vidas y enseñanzas de santos. Aprendió que el designio de amor que la Santísima Trinidad tiene sobre cada uno de nosotros implica una intimidad con Cristo que abarca cada momento del día y llena nuestros corazones del amor para el que fuimos creados. 

Su experiencia con los sacramentos fue tan profunda que quería poder brindar estos mismos gozos y gracias para llevar muchas almas a Cristo, y de esta forma sintió su llamada al sacerdocio. Así que decidió mudarse a Francia para ingresar en el seminario de Toulon, diócesis en la que fue ordenado. 

En el movimiento provida

Estando en Roma, donde estudió varios años gracias a una beca de la Fundación CARF, todavía como diácono, la Iglesia le encomendó una misión: ser el secretario coordinador de la Academia Pontificia para la Vida, desarrollando especialmente su labor en el mundo de habla inglesa y francesa. Ocupó el cargo durante seis años. Unos años que fueron clave para desarrollar su sentido de la belleza de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Los cientos de académicos y de almas comprometidas que luchan en todo el mundo por la protección y promoción de la vida le llevaron a una nueva apreciación de la importancia de las leyes que defienden la vida, de la provisión de apoyo a las madres necesitadas y de la formación de conciencias a nivel mundial.

Regreso a EE. UU.

Con una formación humana y espiritual de primer orden, Scott volvió a su país, donde actualmente ejerce como vicario judicial de la diócesis de Orange. Además, es responsable diocesano de las causas filantrópicas, capellán de un departamento de Policía y ostenta varios cargos más que le hacen ser imprescindible en esta diócesis californiana.

Universalidad de la Iglesia

La universalidad y unidad de la fe católica no tiene igual en ninguna institución en la tierra. Como converso pentecostal ha sido interesante observar los diversos enfoques de la fe y descubrir, incluso dentro de la formación de un seminario internacional, cómo el cristianismo, específicamente desde una perspectiva católica, tiene una profunda relevancia para todas las culturas. Sorprendentemente, el catolicismo atrae a todas las culturas y todos los grupos lingüísticos. La universalidad de los dogmas católicos con la unidad en torno al Santo Padre es un anhelo tan hermoso como necesario de Nuestro Señor. 

Cada país y cultura trae su propia expresión única y preciosa del rostro de Dios en la creación. Aunque es imposible generalizar, hay particularidades. Como en Francia, donde es importante dibujar las almas a través de su intelecto. En los EEUU, quieren más un sentimiento de pertenencia. África, donde creció, es viva, apasionada y piadosa, mientras que en Italia tienen el desafío de desarrollar un rico contexto histórico cultural en una relación personal con Nuestro Señor.

“Me encanta ser sacerdote”

Poco tiempo después de su ordenación, en una iglesia en París se asombraba del hecho de poder escuchar confesiones donde perfectos extraños, pero con una gran confianza en Dios y en la Iglesia Católica, llegaban a recibir la gracia de la absolución. Esta es la increíble historia de la misericordia de Dios vivida cada día. Cada experiencia de la unción de los enfermos, cada bautismo, cada funeral se convierte en parte esencial de la experiencia humana de lo divino. Dios ha provisto alimento para nuestras almas en la Eucaristía y esta maravillosa experiencia de su Crucifixión vivida en cada altar en todo el mundo es una expresión del eterno amor de Dios.

«Me encanta ser sacerdote, no puedo imaginarme haciendo otra cosa. Llevar adelante esta obra del Corazón de Nuestro Señor Jesús en este mundo para la redención de las almas es un don divino».

Scott Borgman, converso de la Iglesia Pentecostal, hoy sacerdote.

Hay que convertir a los sacerdotes en caballeros, no en solterones

Como vicario judicial de la diócesis de Orange, en California, a menudo tiene que afrontar asuntos complicados de la vida de la de la Iglesia, como atender a víctimas de mala conducta o defender a sacerdotes que han sido acusados, mientras protege los derechos de todos los involucrados. Para Scott, en los casos de sacerdotes, es evidente que a menudo ha habido falta de formación ya desde el seminario

A menudo, en los seminarios y en la formación continua de los sacerdotes, hay una falta de formación humana. En la mayoría de los casos por falta de recursos, formadores, etc. Para el padre Borgman hay que convertir a los sacerdotes en caballeros, no en solterones. Para responder a este desafío la formación en el seminario tiene que ser eficaz, permanente, sistemática, personalizada y completa. Scott opina que una de las condiciones para que este don divino de la formación del seminario fructifique es que los mejores sacerdotes de la diócesis salgan a formarse en los mejores lugares para que luego se conviertan en formadores en sus seminarios. Porque los seminaristas llegarán a ser como quienes los forman. 

«Por supuesto, el desafío del orgullo está detrás de cada pecado, y no somos inmunes a la secularización que sufre el mundo moderno. La oración es el principal sistema de apoyo, porque cuando un sacerdote deja de orar se pone en grave peligro. La madre Teresa decía que la principal tentación para los sacerdotes no es la sensualidad, sino el dinero. Por eso, crecer en santidad sólo es posible con la virtud del desapego».