3 Parte | Jesús o Mahoma: ¿quién tiene razón?

Analizar el asunto de los orígenes del Islam es necesario para comprender las consecuencias históricas del advenimiento de esta doctrina.

Aquí puedes leer la primera entrega de este análisis.

La palabra clave: herejía

San Juan Damasceno (alrededor de 676 - 749), Doctor de la Iglesia, fue uno de los primeros teólogos cristianos en tener contacto con el islam (cuando era joven incluso fue consejero del califa omeya de Damasco) y lo definió herejía cristiana, como otros más tarde lo hicieron, especialmente el poeta italiano Dante.

En la era en que nació y se difundió el Islam, la presencia de sectas heréticas era algo bastante común, como lo había sido en la época de Jesús, en la que el judaísmo conocía diferentes escuelas y corrientes (saduceos, fariseos, esenios, etc.). Por esta razón, al principio no se consideró en absoluto inusual el surgimiento de un nuevo sedicente profeta, o más bien heresiarca.

Antes de continuar, por lo tanto, es necesario enmarcar más en detalle lo que hay detrás del término “herejía”, que deriva del sustantivo latino haerĕsis, a su vez derivado del griego αἵρεσις, que significa “elección”. El verbo principal, en griego, es αἱρέω, “elegir”, “separar”, “recoger” o incluso “quitar”.

Entonces podemos afirmar que un hereje no es aquel que propugna una verdad totalmente diferente de la proclamada por la doctrina oficial contra la cual se arroja, sino alguien que cuestiona solo una parte de esa verdad.

De hecho, el gran historiador, autor e intelectual inglés Hilaire Belloc, en su libro de 1936 The great heresies [1],  (Las grandes herejías), definió la herejía como un fenómeno que tiene la característica de destruir no toda la estructura de una verdad, sino solo una parte de ella y, al extrapolar un componente de la misma verdad, deja un vacío o lo reemplazar con otro axioma.

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Las herejías de Belloc

El autor identifica cinco grandes herejías, cuya importancia es fundamental no solamente en la historia del cristianismo, sino de toda la civilización occidental, y del mundo en consecuencia. No parece excesivo, de hecho, afirmar que la mala interpretación de la verdad cristiana, o de ciertas partes de ella, ha producido algunos de los peores males en la historia de la humanidad.

Primera herejía

La primera es el arrianismo, que consiste en la racionalización y simplificación del misterio fundamental de la Iglesia: la Encarnación y la divinidad de Cristo (Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios) y, por lo tanto, cuestiona la autoridad sobre la cual se funda la Iglesia misma.

Se trata esencialmente de un ataque al “misterio” en sí mismo, llevado a cabo con el ataque a lo que se considera el misterio de los misterios. La herejía en cuestión pretende bajar al nivel del intelecto humano lo que, en cambio, va mucho más allá de la comprensión y visión limitadas del hombre.

El Concilio de Nicea (325) elaboró ​​un “símbolo”, es decir una definición dogmática relacionada con la fe en Dios, en la cual aparece el término ὁμοούσιος (homooùsios = consustancial con el Padre, literalmente “de la misma sustancia”), que se atribuye a Cristo.

Esta definición constituye la base dogmática del cristianismo oficial. El “Símbolo de Nicea” contrastaba fuertemente con el pensamiento de Arrio, quien en cambio predicó la creación del Hijo por el Padre y por lo tanto negó la divinidad de Cristo y la transmisión de los atributos divinos del Padre al Hijo y al cuerpo místico de Ésta, o sea la Iglesia y sus miembros.

Segunda herejía

Que identifica Belloc, es el maniqueísmo, fundamentalmente un ataque a la materia y a todo lo que concierne al cuerpo (los albigenses son un ejemplo de esta herejía): la carne es vista como algo impuro y cuyos deseos siempre se tienen que combatir.

Tercera herejía

La Reforma protestante: un ataque contra la unidad y la autoridad de la Iglesia, más que contra la doctrina de por sí, lo que produce una serie de herejías más.

El efecto de la Reforma protestante en Europa es la destrucción de la unidad del continente, un hecho muy grave, especialmente si consideramos que el concepto mismo de Europa moderna nace de las raíces de nuestra civilización, fundada en la combinación armoniosa de los principios espirituales cristianos y del sistema de pensamiento grecorromano.

Con la Reforma, en cambio, cada referencia a la universalidad, a la catolicidad, se reemplaza por el criterio de nación y etnia, con consecuencias evidentes y catastróficas.

Cuarta herejía

Es la más compleja. Según Belloc puede llamarse modernismo, pero el término alogos puede ser otra definición posible de ella, ya que aclara cuál es el corazón de esta herejía: no hay una verdad absoluta, a menos que no sea empíricamente demostrable y medible.

El punto de partida, como el arrianismo, siempre es la negación de la divinidad de Cristo, precisamente por la incapacidad de comprenderlo o definirlo empíricamente, pero el modernismo va más allá, y en esto también puede llamarse positivismo: se identifican, pues, como positivos o reales solamente los conceptos científicamente probados, dando por descontada la no existencia o la irrealidad de todo lo que no se puede demostrar.

La herejía en cuestión se basa esencialmente en una suposición fundamental: solo se puede aceptar lo que se puede ver, comprender y medir. Es un ataque materialista y ateo no solo al cristianismo, sino también a la base misma de la civilización occidental, que es una derivación de este, un ataque a las raíces trinitarias de Occidente.

No estamos hablando aquí solo de la Santísima Trinidad, sino de ese vínculo trinitario e inseparable que los griegos ya habían identificado entre la verdad, la belleza y la bondad. Y como no es posible realizar un ataque contra una de las Personas de la Trinidad sin atacar a las demás, de la misma manera no se puede pensar en cuestionar el concepto de verdad sin perturbar incluso los de belleza y bondad.

Diferencias entre el cristianismo y el islam

Hilaire Belloc (La Celle, 1870 - Guildford, 1953) Ensayista, novelista, humorista y poeta británico. Estudió en Oxford, sirvió durante algún tiempo en la artillería de Francia y más tarde, en 1902, tomó la ciudadanía británica. Fue miembro del Parlamento desde 1906 hasta 1910, año en que, no satisfecho por la política inglesa, se retiró a la vida privada.

Que tienen todas ellas

Las cuatro herejías enumeradas hasta ahora tienen todas unos factores comunes: provienen de la Iglesia Católica; sus heresiarcas eran católicos bautizados; casi todas se han extinguido, desde un punto de vista doctrinal, en unos pocos siglos (las Iglesias protestantes, nacidas de la Reforma, aunque siguen existiendo, sin embargo conocen una crisis sin precedentes y, excepto la pentecostal, se prevé su ocaso dentro de unos años) pero sus efectos persisten en el tiempo, de manera sutil, contaminando el sistema de pensamiento de una civilización, la mentalidad, las políticas sociales y económicas, la visión misma del hombre y sus relaciones sociales.

Los efectos del arrianismo y el maniqueísmo, por ejemplo, todavía envenenan la teología católica y los de la Reforma protestante (aunque la Reforma en sí misma ya ha sido aceptada por muchos católicos, o incluso se ha considerado una cosa buena y justa y sus herejes casi santos) son ante nuestros ojos: desde el ataque a la autoridad central y la universalidad de la Iglesia, hemos llegado a afirmar que el hombre es autosuficiente, solo para construir en todas partes ídolos para adorar y sacrificar.

La consecuencia extrema de las ideas de Calvino, entonces, en la cuestión de la negación del libre albedrío y de la responsabilidad de las acciones humanas ante Dios, ha convertido al hombre en esclavo de dos entidades principales: el Estado en primer lugar y las corporaciones supranacionales privadas en segundo.

Quinta herejía de Belloc

Y aquí Belloc llega a hablar del Islam, que él define como la herejía cristiana más particular y formidable, completamente similar al docetismo y al arrianismo, al querer simplificar y racionalizar máximamente, según criterios humanos, el misterio insondable de la Encarnación (produciendo una degradación cada vez mayor de la naturaleza humana, que ya no está vinculada de ninguna manera con lo divino), y con el calvinismo, al dar un carácter predeterminado de Dios a las acciones humanas.

Sin embargo, si la “revelación” predicada por Mahoma ha comenzado como una herejía cristiana, su vitalidad y durabilidad inexplicables pronto le han dado la apariencia de una nueva religión, una especie de “post-herejía”.

De hecho, el islam se diferencia de otras herejías por el hecho de que no ha nacido en el mundo cristiano y porque su heresiarca no era un cristiano bautizado, sino un pagano que de repente ha hecho propias unas ideas monoteístas (una mezcla de doctrina heterodoxa judía y cristiana con pocos elementos paganos presentes desde tiempos inmemoriales en Arabia) y ha comenzado a difundirlos.

La base fundamental de la enseñanza de Mahoma es, en el fondo, lo que la Iglesia siempre ha profesado: solo hay un Dios, el Todopoderoso.

Desde el pensamiento judeocristiano, el “profeta” del Islam también ha extrapolado los atributos de Dios, la naturaleza personal, la bondad suprema, la atemporalidad, la providencia, el poder creativo como el origen de todas las cosas; la existencia de los espíritus buenos y de los ángeles, así como de los demonios rebeldes a Dios encabezados por Satanás; la inmortalidad del alma y la resurrección de la carne, la vida eterna, el castigo y la retribución después de la muerte.

Diferencias con el catolicismo

Muchos de nuestros contemporáneos católicos, especialmente después del Concilio Vaticano II y de la Declaración “Nostra Aetate”, han comenzado a considerar solo los puntos en común con el islam, tanto que Mahoma casi parece ser un misionero que ha predicado y difundido, gracias a su innegable carisma, los principios fundamentales del cristianismo entre los nómadas paganos del desierto.

Insisten en que en el Islam el único Dios es el objeto de la adoración suprema, y ​​que gran reverencia está reservada para María y a su nacimiento virginal; y nuevamente que, para los musulmanes, el día del juicio (otra idea cristiana reciclada por el fundador del islam) será Jesús, no Mahoma, quien juzgue a la humanidad.

Sin embargo, no consideran que el Dios de los musulmanes no es el Dios de los cristianos; María del Corán no es la misma María de la Biblia; y, sobre todo, el Jesús islámico no es nuestro Jesús, no es Dios encarnado, no murió en la cruz, no resucitó, lo que, por lo contrario, afirmó inequívocamente Mahoma.

Con la negación de la Encarnación, toda la estructura sacramental se ha derrumbado: M. estigmatizó la Eucaristía y la presencia real del Cuerpo y de la Sangre de Cristo en el pan y el vino dentro del rito de la Misa y, en consecuencia, rechazó cualquier idea de sacerdocio.

En otras palabras, él, como muchos otros heresiarcas quizás menos carismáticos, basó su herejía en una simplificación extrema de la doctrina cristiana, liberándola de aquellas, en su opinión, falsas adiciones e innovaciones que la habían hecho excesivamente compleja; creó, en la práctica, una religión perfectamente natural, en la cual el hombre es hombre y Dios es Dios, con enseñanzas más al alcance de sus seguidores, que, recordémoslo, eran nómadas simples y groseros del desierto.

Es suficiente considerar la doctrina islámica sobre el matrimonio, que para los musulmanes no es un sacramento, monógamo e indisoluble, sino un contrato que puede rescindirse por repudio, con la posibilidad de que los hombres tengan hasta cuatro esposas e innumerables concubinas.

Por lo tanto, el éxito de esta herejía nacida de Mahoma se explica a través de algunos elementos clave:

  • Profundas divisiones doctrinales y políticas entre los cristianos;
  • Simplificación extrema de la doctrina y eliminación de misterios incomprensibles para la masa de creyentes.;
  • Crisis económica, política y religiosa en el mundo cristiano y en el Imperio Bizantino, cuya sociedad estaba, como la nuestra hoy, en un estado de desorden e inquietud perennes. Sobre los hombres libres, ya sofocados por las deudas, pesaba la carga de impuestos insostenibles, y la longa manus imperial, con la burocracia en expansión, no solo afectaba económicamente las vidas de los ciudadanos, sino también los asuntos de fe, con los contrastes entre las diversas herejías periféricas y la ortodoxia del poder central, lo que representaba no solamente una lucha religiosa sino también étnica, cultural y lingüística;
  • Una tendencia típicamente oriental de unirse bajo un único y poderoso líder carismático que encarna tanto el poder político como la autoridad religiosa;
  • Una fuerza militar que fue aumentando gradualmente, gracias sobre todo a la conversión y al reclutamiento de nuevas fuerzas entre los mongoles de Asia central y occidental (los turcos);
  • Ventajas fiscales para aquellos decidían capitular frente a la avanzada islámica (y que así podían deshacerse del opresivo yugo bizantino), junto con un sistema tributario mucho más simple e inmediato.

La intuición de Belloc

Los que acabamos de enumerar son solo algunos, aunque los principales, elementos que explican por qué el islam se ha ido extendiendo tan rápida y vigorosamente por todo el mundo.

Sin embargo, en estas pocas páginas no pretendemos abordar esta cuestión, ya que el objeto de nuestro trabajo es más el análisis de los orígenes del fenómeno y la vida de su iniciador.

Sin embargo, es curioso observar cómo, siendo un excelente analizador de la historia, Belloc previó, ya en 1936, un poderoso retorno del islam en la escena internacional, en oposición a la civilización decadente de un Occidente ya solo nominalmente cristiano:

“Will not perhaps the temporal power of Islam return and with it the menace of an armed Mohammedan world which shall shake off the domination of Europeans still nominally Christian and reappear again as the prime enemy of our civilization? [---] In the place of the old Christian enthusiasms of Europe there came, for a time, the enthusiasm for nationality, the religion of patriotism. But self-worship is not enough (2)

El análisis de Belloc

Entre otras cosas, considera particularmente el hecho de que el Islam, como se puede ver en su historia, tiende a debilitarse cuando su poder político y económico disminuye (dado el vínculo esencial entre fe y política, y por lo tanto economía, dentro del sistema de pensamiento islámico), pero, viceversa, se despierta cíclicamente por el impulso de un líder carismático.

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La aportación de Soloviev

También son muy importantes las consideraciones del gran pensador ruso Soloviev sobre Mahoma y el islam, en particular en la obra Rusia y la Iglesia universal (3) de 1889. Aquí hay algunos pasajes:

 "El islam es el bizantinismo consecuente y sincero, libre de toda contradicción interna. Es la reacción franca y completa del espíritu oriental contra el cristianismo, es un sistema en que el dogma está íntimamente vinculado a las leyes de la vida, en que ía creencia individual está en perfecto acuerdo con el estado social y político.

Sabemos que el movimiento anticristiano manifestado en las herejías imperiales había rematado en dos doctrinas, durante los siglos VII y VIII: la de los monotelitas, que negaba indirectamente la libertad humana, y  la de los iconoclastas,  que rechazaba implícitamente la fenomenalidad divina.

La afirmación directa y explícita de estos dos errores constituyó la esencia religiosa del islam, que sólo ve en el hombre una forma finita sin libertad alguna y en Dios una libertad infinita sin  forma alguna.

Fijos así, Dios y el hombre, en los dos polos de la existencia, quedan excluidas toda filiación entre ellos, toda realización descendente de lo divino y toda espiritualización ascendente de lo humano, y la religión se reduce a una relación puramente exterior entre el creador omnipotente y la criatura privada de toda libertad, que no debe a su dueño más que un simple acto de ciego rendimiento (ese es el sentido de la palabra islam). [---]

A tal simplicidad de la idea religiosa corresponde un concepto no menos simple del problema social y político: e1  hombre y la humanidad no tienen que realizar mayores progresos; no hay regeneración moral para el individuo ni, con mayor razón, para la sociedad; todo se reduce al nivel de la existencia puramente natural; el ideal queda reducido a proporciones que le aseguran inmediata realización.

La sociedad musulmana no podía tener otro objeto que la expansión de su fuerza material y el goce de los bienes de la tierra. La obra del estado musulmán (obra que mucho le costaría no ejecutar con éxito), se reduce a propagar el islam mediante las armas, y gobernar a los fieles con poder absoluto y según las reglas de justicia elemental fijadas en el Corán. [---]

Pero el bizantinismo, que fué hostil en principio  al progreso cristiano, que quiso reducir toda la religión a  un hecho consumado, a una fórmula dogmática y a  una ceremonia litúrgica, este anticristianismo disimulado bajo máscara ortodoxa, debió sucumbir en su impotencia moral ante el anticristianismo franco y honrado del islam. [---]

Cinco años bastaron para reducir a existencia arqueológica tres grandes patriarcados de la Iglesia oriental. No hubo que hacer conversiones; nada más que desgarrar un viejo velo. La historia ha juzgado y condenado al Bajo Imperio. No solamente no supo cumplir su misión (fundar el estado cristiano), sino que se consagró a hacer fracasar la obra histórica de Jesucristo.

No habiendo conseguido falsificar el dogma ortodoxo, lo redujo a letra muerta; quiso zapar por la base el edificio de la paz cristiana atacando al gobierno central de la Iglesia Universal; reemplazó en la vida pública la ley del Evangelio por las tradiciones del estado pagano.

Los bizantinos creyeron que, para ser cristiano de verdad, bastaba conservar los dogmas y ritos sagrados de la ortodoxia sin cuidarse de cristianizar la vida social y política; creyeron lícito y laudable encerrar al cristianismo en el templo y abandonar la plaza pública a los principios paganos. No han podido quejarse de su suerte. Han tenido lo que querían: les quedaron el dogma y el rito, y  sólo el poder social y político cayó en manos de los musulmanes, herederos legítimos del paganismo." (4)

Conclusión

Creemos que Belloc y Soloviev, como pensadores capaces y refinados, han podido explicar claramente la fenomenología del islam y prever su regreso a la escena internacional con mucha anticipación.

Él que escribe a menudo se ha preguntado humildemente cuál es el significado del islam y de su existencia; se lo ha preguntado por años, inclinándose sobre los libros, mientras leía y meditaba sobre los hechos y dichos de Mahoma, el sedicente “mensajero de Dios”, y comparaba, de vez en cuando, la vida del fundador del islam con la de Jesús, al cual la vida terrenal no ha reservado honores ni riquezas, ni mucho menos privilegios divinos, si bien se proclamó Maestro, Dios encarnado y Señor.

Muchas veces él que escribe se ha preguntado quién tenía razón, si Mahoma o Cristo, y si el islam podría considerarse la verdadera religión o una amonestación a la cristiandad, que ha reducido y trivializado el don que se le hizo, negando sus propias raíces y la base de sus valores.

Y un día su corazón, aunque inquieto por naturaleza, se calmó al leer un pasaje tomado de la crónica de Ṭabarī, biógrafo del “profeta del Islam” (vol. I, pp. 1460-62) sobre el episodio en donde Mahoma fue a la casa de su hijo adoptivo Zayd y encontró solamente a su esposa, ligeramente vestida

 "…y el Profeta apartó la vista de ella. Ella le dijo: [Zaid] no está, oh enviado de Alá, pero entra; tú eres para mí como mi padre y mi madre. El enviado de Alá no quería entrar. Y ella le gustó al enviado de Alá que se fue murmurando algo de que solo podía entenderse: ¡Gloria a Alá el Supremo! ¡Gloria a Alá que trastorna los corazones! Cuando Zaid regresó a casa, su esposa le contó lo que había sucedido. Zaid se apresuró a ir a ver a Mahoma y decirle: ¡Oh, enviado de Alá! Escuché que viniste a mi casa. ¿Por qué no entraste? ¿Te gustó Zainab?

En este caso la divorcio. El enviado de Alá le dijo: ¡Quédate con tu esposa! Algún tiempo después, Zaid se divorció de su esposa, y luego, mientras Mahoma estaba hablando con ‛Āʼisha, cayó en trance y se le quitó un peso de encima, sonrió y dijo: ¿Quién irá a Zainab para darle las buenas noticias? ¿A decirle que Alá me casa con ella?". (5)

 Fue en esa ocasión que Mahoma promulgó el versículo 37 de la sūra 33 (6), provocando una gran impresión también entre sus seguidores, quienes seguían siendo árabes, y por ellos la filiación adoptiva siempre había sido completamente equivalente a la natural (y por lo tanto no era legal casarse con la esposa de un hijo o un padre, tan natural como adoptivo).

Obviamente, llegaron otros versos, de la mismo sūra, en los que se afirma que la filiación adoptiva no tiene el mismo valor de la natural (33/4 (7)) y que M., por privilegio personal, puede tomar tantas esposas como desee, además de las concubinas (33/50 (8)). Fue entonces que la misma ‛Āʼisha, su esposa favorita, exclamó: “¡Veo que Alá se apresura a complacerte!”.

¡Qué diferencia tan grande entre un hombre que, mientras se proclama mortal, no desdeña ser tratado mejor que otros, tener más mujeres que otros, más oro, más poder, más éxito, prestigio, fama, y otro hombre que se proclama a sí mismo como Dios pero no vacila en dar su vida y poner fin a su existencia terrenal con la muerte más atroz y cruel, para que la humanidad pueda ser redimida y participar en la misma vida de Dios!

Mahoma predicó la existencia de un Dios único, noble y omnipotente que solo pide obediencia y sumisión al hombre; Cristo, en cambio, a aquel mismo Dios lo hizo llamar “Padre Nuestro”, porque para él Dios era esencialmente Padre (9), así como Amor (1Juan 4, 8).

Mahoma se proclamó “Mensajero de Dios” y sello de los profetas; Jesús fue ante todo “Hijo” de Dios de una manera que nadie podía imaginar ante él, así que Dios fue para él “el Padre” en el sentido más riguroso del término, con la participación de la única naturaleza divina no solo del Hijo, sino también de todos los hombres que están unidos a él por el bautismo.

Para Mahoma, la plenitud de la vida moral consistía en respetar los preceptos; para Cristo consiste en ser perfectos como el Padre es perfecto (Mateo 5, 48), porque “Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba! ¡Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y, como eres hijo, Dios te ha hecho también heredero” (Gálatas 4: 6).

Predicó la sumisión total a los inmutables decretos de Dios; Cristo anunció que el Padre quería establecer una nueva relación que uniera a los hombres con Dios, completamente sobrenatural, la théosis, la elevación de la naturaleza humana que se vuelve divina a través de la encarnación de su Hijo, para lo cual en el cristiano no es solamente un seguidor de Cristo: es Cristo.

 Queremos concluir citando una vez más a Soloviev: 

"El límite fundamental en la concepción del mundo de Muḥammad y en la religión que fundó es la ausencia del ideal de la perfección humana o de la unión perfecta del hombre con Dios: el ideal de la auténtica humanidad divina. El islam no exige un perfeccionamiento infinito del creyente, sino solo un acto de sumisión absoluta a Dios. Es evidente que incluso desde el punto de vista cristiano, sin tal acto es imposible para el hombre alcanzar la perfección; pero en sí mismo este acto de sumisión aún no constituye la perfección. Y en cambio, la fe de Muḥammad pone el acto de sumisión como condición para una vida espiritual auténtica en lugar de esta vida misma.

El Islam no dice a los hombres: sed vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto, es decir, perfectos en todo; solamente requiere una sumisión general a Dios y la observancia en su propia vida natural de esos límites externos que han sido establecidos por los mandamientos divinos. La religión sigue siendo solo el fundamento inquebrantable y el marco siempre idéntico de la existencia humana y nunca se convierte en su contenido interno, su significado y su propósito.

Si no hay un ideal perfecto que el hombre y la humanidad deben lograr en sus vidas con su propia fuerza, esto significa que para estas fuerzas no hay una tarea precisa, y si no hay una tarea o un fin para alcanzar, está claro que no puede haber movimiento hacia adelante. Esta es la verdadera razón por la cual la idea de progreso y su propio hecho siguen siendo ajenos a los pueblos musulmanes. Su cultura conserva un carácter particular puramente local y pronto se desvanece sin dejar ningún desarrollo posterior." (10)

Anexo

  1. Belloc, H., The great heresies, Cavalier Books, Londres, 2015 (versión e-book).
  2. Belloc, H., op. cit.
  3. Soloviev, V., Rusia y la Iglesia universal, Ediciones y Publicaciones Españolas S.A., Madrid, 1946.
  4. Soloviev, op. cit., pp. 85-88.
  5. Il brano è riportato in: Pareja, F.M., op. cit., pag. 69. Traducción mía.
  6. “Y recuerda [¡Oh, Muhammad!] cuando dijiste [a Zaid Ibn Hârizah] a quien Allah había agraciado [con el Islam], y tú habías favorecido [liberándolo de la esclavitud]: Quédate con tu esposa, y teme a Allah; ocultaste así lo que Allah haría manifiesto porque temiste lo que diría la gente, pero Allah es más digno de ser temido. Cuando Zaid termine con el vínculo conyugal [y su ex esposa haya concluido con el tiempo de espera luego del divorcio], te la concederemos en matrimonio para que los creyentes no tengan ningún impedimento en casarse con las ex esposas de sus hijos adoptivos si es que éstos deciden separarse de ellas, y sabed que esto es un precepto de Allah que debe ser acatado”.
  7. “[Allah] tampoco hizo que los hijos que habéis adoptado sean como los vuestros. Esto es lo que dicen vuestras bocas; pero Allah dice la verdad, y guía al sendero [recto]”.
  8. “¡Oh, Profeta! Te declaramos lícitas las mujeres a las cuales le diste la dote, y las cautivas que te deparó Allah como botín, y tus primas por vía paterna y también tus primas por vía materna que emigraron contigo, y la mujer creyente que ofrece al Profeta [casarse con él], si es que el Profeta quiere tomarla por esposa; es un permiso exclusivo para ti, no para los demás”.
  9. En el Nuevo Testamento la palabra “Padre” aparece bien 170 vez, de las cuales 109 solamente en el Evangelio de Juan. La misma palabra, por lo contrario, aparece tan solo 15 veces en todo el Antiguo Testamento, y en casi todas se refiere a una paternidad colectiva hacia el pueblo de Israel.
  10. Soloviev, V., Maometto. Vita e dottrina religiosa, capitolo XVIII, “La morte di Muhammad. Valutazione del suo carattere morale”, in “Bisanzio fu distrutta in un giorno. La conquista islamica secondo il grande Solov’ëv”, (Traducción mía. Consultado el 21 noviembre 2017)

Bibliografía de referencia

  • Belloc, H., The great heresies, Cavalier Books, Londra, 2015 (versione e-book).

  • Carmignac, J., A l’écoute du Notre Père, Ed. de Paris, Parigi, 1971.

  • Pareja, F.M., Islamologia, Roma, Orbis Catholicus, 1951.

  • Soloviev, V., Rusia y la Iglesia universal, Ediciones y Publicaciones Españolas S.A., Madrid, 1946.

  • Soloviev, V., Maometto. Vita e dottrina religiosa, capitolo XVIII, “La morte di Muhammad. Valutazione del suo carattere morale”, in “Bisanzio fu distrutta in un giorno. La conquista islamica secondo il grande Solov’ëv”.


Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado Universidad de la Santa Cruz de Roma.

2 Parte | Jesús o Mahoma: ¿quién tiene razón?

 
Analizar el asunto de los orígenes del Islam es necesario para comprender las consecuencias históricas del advenimiento de esta doctrina.

Aquí puedes leer la primera entrega de este análisis.

El Corán y la Šarī‛a

El término Corán se deriva de la raíz semítica qaraʼa, en el sentido de recitación o de lectura recitada, por lo tanto salmodia. Ya en la antigüedad, cristianos y judíos de Oriente próximo usaban la voz aramea equivalente, qeryan, para indicar la recitación solemne de textos sagrados.

Sin embargo, el uso de la misma raíz es aún más antiguo: ʼAnī qōl qōreʼ ba-midbar (en hebreo: voz de alguien que grita en el desierto, como en el libro del profeta Isaías, que más tarde fue citado en griego en el Nuevo Testamento) tiene el significado gritar, llamar, proclamar, cantar.

El Corán es el texto sagrado de los musulmanes que Mahoma les dejó como legado. Para la mayoría de ellos es la palabra de Dios sin crear. Está dividido en ciento catorce capítulos, llamados sūra, con sus respectivos versos, llamados ayāt.

Para cualquier exégeta no islámico, hay muchos pasajes en el texto que son idénticos o paralelos a los de otros documentos más antiguos, el Antiguo y Nuevo Testamento en primer lugar, así como prácticas, tradiciones y costumbres preislámicos como la creencia en duendes, ǧinn, los ritos de peregrinación, las leyendas de pueblos desaparecidos y la veneración de la Ka‛ba.

El problema de las fuentes coránicas es, por lo tanto, muy importante. Dichas fuentes no pueden sin duda alguna ser algo escrito, ya que Mahoma, considerado universalmente autor (por los académicos) o portador (por los creyentes musulmanes) de la revelación reportada en el Corán, era analfabeto y no podía, por supuesto, tener acceso personal a la lectura de libros sagrados cristianos y judíos.

Por consiguiente, es en forma oral que muchas nociones religiosas del cristianismo y el judaísmo llegaron a sus oídos, y esto en dos fases: los festivales populares que se celebraban periódicamente en La Meca, donde los prosélitos de sectas heréticas cristianas y judías a menudo se refugiaban para escapar de la persecuciones en el Imperio Bizantino (eso se puede deducir de muchas nociones cristianas heréticas y reminiscencias de los libros de haggadah y de libros apócrifos de los que abunda el Corán) .

Como dijimos, los viajes comerciales que realizó más allá del desierto (también en este caso las nociones que tuvo que aprender son pocas, imprecisas e incompletas, como se desprende de las citas coránicas).

Hemos visto, pues, que Mahoma estuvo inmediatamente convencido de ser objeto de una revelación ya comunicada a otros pueblos antes que él, los judíos y los cristianos, y que provenía de la misma fuente, un libro celestial que llamó umm al-kitāb.

Sin embargo, las comunicaciones en su caso ocurrían de manera intermitente, lo que causó que los adversarios se rieran de él. También hemos visto que Alá a menudo le proporcionó a este último respuestas increíblemente adecuadas a sus exigencias y dificultades y amonestaciones, como la siguiente:

"Los incrédulos dicen: ¿Por qué no le ha sido revelado el Corán de una sola vez? Pero [sabe ¡Oh, Mahoma! que] te lo hemos ido revelando paulatinamente para afianzar de este modo tu corazón. Y siempre que presenten un argumento [en contra del Mensaje] te revelaremos la Verdad, para que les refutes con un fundamento más claro y evidente[1]”.

El resultado de semejante intermitencia, y del hábito de Mahoma de cambiar a menudo su versión, es el carácter fragmentario del Corán, así como la falta de un orden lógico y cronológico: todo es para uso y consumo inmediato.

Esto ya era obvio para los primeros comentaristas coránicos, poco después de la muerte del “profeta” del islam, particularmente con respecto a la cuestión de los versos abrogados por otros posteriores. Para tratar de resolver el asunto de la mejor manera, las sūra se clasificaron en mecanas y medinesas, según el período en que se revelaron.

El primer período, el mecano

Se divide en tres fases: una primera, correspondiente a los primeros cuatro años de la vida pública de Mahoma, caracterizada por sūra breves, apasionadas y solemnes, con versos cortos y enseñanzas llenas de fuerza destinadas a preparar las mentes de los oyentes para el día del juicio (yawm al-dīn).

La segunda, que cubre los siguientes dos años, en la cual el entusiasmo, al comienzo de las persecuciones, se enfría y se van contando historias sobre la vida de los profetas anteriores, en una forma muy similar a la haggadah (literatura rabínica de tipo narrativo y homiliario); una tercera, desde el séptimo hasta el décimo año de la vida pública en La Meca, también llena de leyendas proféticas, así como de descripciones de los castigos divinos.

En el segundo período, en cambio, el de Medina

Encontramos el gran cambio sufrido por Mahoma después de la hégira. Las sūra están dirigidas a judíos y cristianos y el tono amistoso y elogioso reservado para ellos en la primera fase se va perdiendo gradualmente, culminando, en los últimos años de la vida de Mahoma, profeta del islam, en un verdadero ataque. Es de esta edad, por ejemplo, la sūra 9, en la cual, en el versículo 29, se exige: la humillación de:

"Combatid quienes no creen en Allah ni en el Día del Juicio, no respetan lo que Allah y Su Mensajero han vedado y no siguen la verdadera religión [el Islam] de entre la Gente del Libro [judíos y cristianos], a menos que éstos acepten pagar un impuesto [por el cual se les permita vivir bajo la protección del estado islámico conservando su religión] con sumisión”.

Esto se traducirá en leyes que impondrán diversas restricciones a quienes profesan la religión judía o cristiana, como vestirse de una manera especial, no poder llevar armas y montar a caballo, etc.

Aunque el Pentateuco, los Salmos y el Evangelio son admitidos explícitamente como revelados por el Corán, existen diferencias considerables entre el islam y el judaísmo, y aún más entre el islam y el cristianismo. Estas divergencias, como dijimos, reflejan los contactos entre Mahoma y las sectas heréticas cristianas, cuya existencia en esa época era algo bastante común tanto en el Imperio Bizantino como, sobre todo, justo fuera de sus fronteras.

Entre las divergencias más evidentes, están aquellas relacionadas con la figura de Cristo, por las cuales los libros apócrifos cristianos ejercen una particular influencia sobre el Corán. En el libro sagrado del Islam, por ejemplo: Jesús es el hijo de María y nació de un nacimiento virginal, y sin embargo, esta María es la hermana de Moisés.

Los milagros realizados por Jesús desde la infancia se narran con gran detalle, y se le atribuyen los nombres de Mesías, Espíritu de Alá y Palabra, colocándolo en un nivel de superioridad con respecto a los otros profetas, pero se especifica que Cristo no es más que un siervo de Alá, un hombre como los demás; se establece, entre otras cosas, que su muerte en la cruz nunca habría ocurrido: en lugar de Jesús, solo un simulacro habría sido crucificado[2].

jesús o mahoma caligrafía corán antiguo

La idea del paraíso

Otra diferencia considerable, que para el islam es algo absolutamente terrenal (otra razón por la que hablamos del islam como de una religión natural), hecha para impresionar a los habitantes simples y rudos del desierto: verdes jardines, arroyos encantadores, vino que no embriaga, vírgenes siempre intactas. No hay nada allí que exprese el concepto de la visión beatífica y de la participación de los creyentes en la vida misma de Dios: Alá es inaccesible para la visión humana (6/103).

Finalmente, entre otras diferencias, está la de la predeterminación de las acciones humanas por parte de Alá (en esto el islam es muy parecido al al calvinismo). Hay pasajes del Corán más o menos a favor o completamente opuestos al libre albedrío, pero son los últimos los que han sido aceptados, con hábiles correcciones, por la ortodoxia sunita, y eso para darle al islam su marca predeterminista (el maktub, el destino de cada hombre, está rígidamente escrito y predeterminado por Dios).

La compilación efectiva del Corán es posterior a la muerte de Mahoma, momento en el cual se comenzó a recopilar todos los fragmentos de la revelación que él mismo le había confiado a sus seguidores. Las sūra se ordenaron por longitud (de la más larga a la más corta, aunque con varias excepciones, debido también a la imposibilidad de un orden lógico o cronológico).

A esta misma época remonta el principio de las feroces luchas y de las divisiones internas, entre varios partidos y corrientes, luchas todas sofocadas en la sangre, con cada parte fabricándose versos y citas coránicas à la carte que respaldaban las respectivas reivindicaciones.

Šarī‛a

Es una palabra árabe que significa “camino trillado”, como halakhah en hebreo, e indica la ley escrita Desde un punto de vista semántico, ambos términos, árabe y hebreo, pueden asimilarse a nuestro “derecho” (camino “directo”, camino a seguir). La Šarī‛a, ley o derecho islámico (según la visión sunita “ortodoxa”), se basa en cuatro fuentes principales:

  1. El Corán;
  2. La sunna (a través el ḥadīṯ);
  3. El qiyās;
  4. El iǧmā‛.

La sunna

Como ya hemos hablado del Corán, analicemos directamente las otras tres fuentes, comenzando por la sunna (hábito, tradición, línea de conducta de los antepasados), que es una palabra que indica, ya antes de Muhammad, las costumbres tradicionales que regulaban la vida de los árabes. En el contexto islámico, el mismo término define el conjunto de dichos, hechos y actitudes de Mahoma según el testimonio de sus contemporáneos.

Y es aquí que entra en juego el ḥadiṯ, es decir, la narración o relación de la sunna de Mahoma hecha de acuerdo con un esquema determinado, basado en isnād (apoyo y enumeración en orden ascendente de las personas que informaron sobre la anécdota hasta llegar al testigo directo del episodio) y matn (el texto, cuerpo de la narración). Esta fuente era extremadamente necesaria cuando, a la muerte de M., el islam era solo un borrador de lo que más tarde se haría.

También era necesario, después de la conquista de tan vastos territorios y la consiguiente confrontación con nuevas culturas, de encontrar soluciones a problemas y dificultades con las cuales el “mensajero de Dios” nunca se había enfrentado directamente.

Y fue precisamente a Mahoma a quien se recurrió para que él mismo pudiera especificar, aunque ya había fallecido, una serie de puntos que solo se intuyen en el Corán o que nunca se abordaron, en relación con varias disciplinas. Así, se creó un conjunto de tradiciones verdaderas, presuntas o falsas en un momento en que cada una de las facciones que luchaban dentro del islam afirmaba tener a Mahoma de su lado y le atribuía esta o aquella afirmación, construyendo aparatos enteros de testimonios totalmente desconfiados.

El método que se adoptó para detener este flujo desbordante fue extremadamente arbitrario. De hecho, no se utilizó el análisis textual y ni la evidencia interna de los textos  (lo mismo se puede decir con respecto a la exégesis coránica que es casi inexistente), que es el criterio por excelencia, en el cristianismo, para determinar y verificar la autenticidad de un texto.

Por lo contrario, se confió exclusivamente en la reputación de los garantes: si, por lo tanto, la cadena de testigos era satisfactoria, cualquier cosa podía ser aceptada como verdadera. Hay que señalar, con relación a ello, las tradiciones definidas como más antiguas y cercanas a Mahoma son las menos confiables y que más han sido construidas artificialmente (algo que también es posible averiguar por la excesiva afectación del idioma).  

El qiyās

La tercera fuente del derecho islámico, o Šarī‛a, es el qiyās, o deducción por analogía, a través del cual, a partir del examen de cuestiones determinadas y resueltas, se encontraba la solución para otras no previstas. El criterio utilizado, en este caso, es el ra’y, es decir punto de vista, visión intelectual, juicio u opinión personal. La fuente en cuestión se hizo necesaria desde los albores del islam, ya que, como hemos visto, la incoherencia del Corán y de los ḥadīṯ había producido una considerable confusión y conducido a la entrada en vigor, para las dos primeras fuentes, de la tradición del abrogante y del abrogado.

Iǧmā‛

Sin embargo, si por si a caso el qiyās no hubiese sido suficiente para resolver todas las cuestiones no resueltas, se insertó una cuarta fuente, el vox populi o iǧmā‛ (consenso popular) para proporcionar una base sólida para todo el aparato legal y doctrinal. Esta fuente parecía más que justificada tanto para las citas coránicas como para algunos hadīṯ, en uno de los cuales Mahoma alegó que su comunidad nunca se equivocaría.

El iǧmā‛ puede consistir en un consenso doctrinal alcanzado por los doctores de la ley; en un consenso de ejecución, cuando se trata de costumbres establecidas en la práctica común; en un consentimiento tácito, incluso si no es unánime, por los jurisconsultos, en el caso de actos públicos que no impliquen la condena de nadie.

El trabajo constructivo para deducir el derecho de las cuatro fuentes indicadas (Corán, sunna, qiyās e iǧmā‛) se llama iǧtihād (da ǧ-h-d, la misma raíz que el término ǧihād), o “esfuerzo intelectual”. El esfuerzo en cuestión, una verdadera elaboración del derecho positivo islámico, basado sin embargo en una palabra “revelada”, duró hasta alrededor del siglo X, cuando se formaron las escuelas jurídicas (maḍhab), después de lo cual “las puertas iǧtihād” se consideran oficialmente cerradas. Desde entonces, tan solo se puede aceptar lo que ya se ha resuelto, sin introducir más innovaciones (bid‛a).

Los más rígidos en este sentido son los wahabitas (fundados por Muḥammad ibn ‛Abd-el-Waḥḥab: la doctrina wahabita es la oficial del reino de los Sa‛ūd, monarcas absolutos de Arabia Saudita) y los salafistas (fundadores y principales exponentes: Ǧamal al-Dīn al-Afġāni e Muḥammad ‛Abduh, siglo XIX; los Hermanos musulmanes son parte de esta corriente).

Según la visión de ambos movimientos, dentro de la doctrina islámica se introdujeron innovaciones excesivas; por lo tanto, es necesario volver a los orígenes, a la edad de oro, la de los padres (salaf), en particular la de la vida de Mahoma en Medina y de sus primeros sucesores, o califas.

Antes de continuar, podemos decir algunas palabras respecto al concepto de ǧihād. La ley musulmana considera el mundo dividido en dos categorías: dār al-islām (casa del islam) y dār al-ḥarb (casa de la guerra): contra esta última, los musulmanes se encuentran en un estado de guerra constante, hasta que el mundo entero no esté sujeto al islam.

El ǧihād es tan importante, en la ley islámica, que casi se considera un sexto pilar del islam. En este sentido, hay dos obligaciones para luchar: una colectiva (farḍ al-kifāya), cuando haya un número suficiente de tropas; una individual (farḍ al-‛ayn), en caso de peligro y defensa de la comunidad musulmana.

Existen dos tipos de ǧihād, uno pequeño y otro grande. El primero es el deber de luchar para propagar el islam; el segundo es el esfuerzo individual diario y constante en el camino de Dios, en la práctica, un camino de conversión.

Es a través del ǧihād que muchas tierras cristianas han caído, la mayoría de las veces por capitulación, en manos islámicas y, en este caso, sus habitantes, considerados “gente del pacto” o ahl al-ḏimma, o simplemente ḏimmī, se han convertido en súbditos protegidos por el estado, ciudadanos de segunda clase sujetos al pago de un impuesto de capitulación, llamado ǧizya, y de un tributo sobre las tierras de propiedad, ḫarāǧ.

Anexo

  1. Sūra 25/32-33.
  2. “…no le mataron ni le crucificaron, sino que se les hizo confundir con otro a quien mataron en su lugar (4/157). Es este aspecto la doctrina islámica es idéntica a la docetista, de origen gnóstico (ya en el siglo II de la era cristiana, del verbo griego dokéin, aparecer), cuyo principal exponente fue el teólogo gnóstico Basílides.

Según esta doctrina, la convivencia en Cristo de dos naturalezas, una humana (portadora del mal) y una divina (portadora del bien), era inconcebible. Por lo tanto, o Cristo había sido reemplazado por alguien más en el momento de la crucifixión o todo el episodio había sido una ilusión. Simón Mago (citado en los Hechos de los Apóstoles) ya se había expresado en este sentido, y a él y a sus seguidores gnósticos ya parece responderles Juan, en 1Jn 4: 1-2: “ Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios”; y también Jn 1:14: “Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.


Aquí puedes leer la tercera entrega de este análisis.

Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado en la Universidad de la Santa Cruz de Roma.

1 Parte | Jesús o Mahoma: ¿quién tiene razón?

¿Quién era realmente Mahoma, en árabe Muḥammad (el alabado)? ¿Y fue la historia de la “revelación”, que se extendió por todo el mundo a partir de él con el nombre de Islam, realmente la historia de un malentendido, de una fake news?

Vamos a tratar, de forma absolutamente no exhaustiva, de contestar a estas preguntas, sobre todo porque analizar el asunto de los orígenes del Islam es necesario para comprender las consecuencias históricas del advenimiento de esta doctrina, supuestamente nueva, en el mundo.

Introducción

Empecemos con el preguntarnos si realmente se trató de un malentendido. Para ello, vamos a elaborar tres postulados sobre la credibilidad de Mahoma y de su mensaje:

  • Si Mahoma sí recibió una revelación, y si esta revelación es auténtica, entonces el Islam es la verdadera religión, Jesús no es Dios, no ha sido crucificado y no ha resucitado;
  • Si no la recibió o dijo no haberla recibido, entonces sus discípulos lo malinterpretaron, por lo que nos enfrentamos al malentendido más colosal de la historia;
  • Si no la recibió en absoluto, pero dijo que sí la había recibido, mintió de mala fe y no fue un malentendido, sino un fraude.

Para nosotros los cristianos, el primer postulado es inaceptable. Si fuera cierto, de hecho, faltaría el fundamento de nuestra fe (una fe que, como hemos visto, se basa en miles de testimonios y documentos históricos).

Por otro lado, la segunda declaración también parece difícil de aceptar, al menos desde un punto de vista académico: la hipótesis de que Mahoma ha sido mal entendido es bastante extraña, principalmente porque está comprobada su intención de hacerse creer un profeta, y no un profeta cualquiera, sino el último, el sello de los profetas.

Por lo tanto, la tercera hipótesis es la más plausible, tanto que Dante, en la Divina Comedia, coloca a Mahoma, precisamente por su mala fe, en los círculos inferiores del Infierno: “Or vedi com’io mi dilacco! Vedi come storpiato è Maometto!” [1] (Infierno XXVIII, 30). Otros, sobre todo San Juan Damasceno, identifican su mensaje como una herejía cristiana destinada a extinguirse en pocos años.

En todo caso, es difícil, si no imposible, proporcionar una respuesta precisa e inequívoca a las complejas preguntas que nos hemos hecho. La opinión más extendida entre los islamólogos contemporáneos, pues, es que Mahoma estaba realmente convencido, al menos en la primera fase de su predicación, en La Meca, en la cual desempeña el papel de un reformador religioso acalorado y nada más, de haber recibido una verdadera revelación divina.

Aún más convencido aparece posteriormente, en la siguiente fase de su vida pública, llamada medinesa (para contraponerla a la primera, conocida como mecana), de que era justo y necesario dar a los hombres una religión simple, en comparación con los monoteísmos que hasta aquel entonces existían y que él mismo había conocido más o menos; una religión escamondada de todos los elementos que no parecían realmente útiles, especialmente para él.

Todo sucedió en distintas fases, en una especie de esquizofrenia que causó muchas dudas respecto a la llamada revelación y al portador de la misma, incluso entre los partidarios más convencidos del autoproclamado profeta.

Mahoma o Jesús ¿quién tiene razón? Un viaje por Arabia

Mapa Arabia pre-Islam.

El contexto: la Arabia preislámica de la ǧāhilīya

La película “El mensaje”, de 1975, describe en detalle lo que era La Meca al comienzo de la predicación de Mahoma: una ciudad pagana, inmersa en la ǧāhilīya (en árabe y en el Islam, se atribuye este nombre, que traducido significa “ignorancia”, al periodo anterior al advenimiento del Islam mismo). En ese momento, en el siglo VI de la era cristiana, Arabia era una zona fronteriza, completamente aislada del llamado mundo civilizado.

Quedaba apartada de las rutas comerciales tradicionales y de las rutas de caravanas (que pasaban por los “puertos del desierto” como Palmira, Damasco o Alepo para adentrarse en Mesopotamia y luego, pasando el Golfo Pérsico, llegar hacia India y China). Sin embargo, en los períodos en el que las mismas rutas comerciales no estaban transitables debido a las guerras y la inestabilidad política, Arabia se volvía en un cruce de gran importancia. En tales casos, había dos rutas seguidas por las caravanas: una pasaba por La Meca, la otra por Yaṯrib (Medina).

La cuna del Islam está ubicada justo en esta área, llamada Ḥiǧāz, donde se encuentran La Meca (la tierra natal de Mahoma, nacido en 570 o 580) y Medina (una ciudad donde el mismo Mahoma se refugió después de las disputas surgidas de su predicación en La Meca: período llamado hiǧra, en castellano hégira), principales centros habitados alrededor de los cuales orbitaban tribus nómadas beduinas, siempre en lucha la una con la otra.

El pastoreo, la caza, los asaltos a caravanas y las incursiones contra tribus rivales eran el principal medio de subsistencia y la dureza de la vida forjaba el carácter de los beduinos, quienes tenían un ideal de virtus, un código de honor: murūwa. En ello se unen los conceptos de hospitalidad e inviolabilidad del huésped, fidelidad a la palabra dada, implacabilidad en el ta‛r, es decir la venganza por el derramamiento de sangre y la vergüenza sufrida.

La religiosidad de los nómadas y sedentarios de la Arabia preislámica era puramente fetichista: se veneraban las piedras sagradas, con vagas nociones sobre la supervivencia del alma después de la muerte (completamente absurdo y burlado era el concepto de la resurrección de la carne, luego predicado por Mahoma).

Algunos lugares se consideraban santos, en particular el santuario de la Ka‛ba, en La Meca, donde, durante ciertos meses proclamados sagrados, la gente hacía peregrinaciones y celebraba festivales y ferias (en particular certámenes poéticos).

En La Meca, se adoraba a dioses como Ḥubal, Al-Lāt, Al-‛Uzzāt e Al- Manāṯ, así como la Piedra Negra, engastada en una pared de la Kaaba, una especie de panteón árabe en el que también se encontraba la efigie de Cristo (la única no destruida por Muhammad en el momento de su regreso triunfante de la hégira en 630).

Antes del advenimiento del Islam, Arabia (que había visto florecer una gran civilización al sur de la península, la de las mineos y de los sabeos antes y de los himyaritas después, estaba formalmente bajo el dominio de los persas, quienes habían expulsado a los cristianos abisinios (un pueblo que había acudido en masa desde Etiopía para defender a sus correligionarios perseguidos por los reyes sabeos, de religión judía, después de la masacre de cristianos que fueron arrojados a miles en un horno de fuego por el rey Ḍū Nūwās, en Naǧrān, en 523).

En el norte, en el limes del Imperio bizantino, se habían creado reinos vasallos de Constantinopla, gobernados por las dinastías gasánida (nómadas sedentarizados de religión cristiana monofisita) y laḥmida (nestorianos): estos estados impedían que los asaltantes beduinos cruzaran las fronteras del Imperio, protegiendo las regiones más remotas de ello, así como el comercio de caravanas.

Por lo tanto, la presencia de elementos cristianos y judíos en la península árabe en la época de Mahoma es muy cierta. Estos elementos, sin embargo, eran heterodoxos y heréticos, lo que sugiere que el mismo “profeta” del Islam fue engañado acerca de muchas de las doctrinas cristianas y judías.

Mahoma

No hay información histórica precisa sobre la primera fase de la vida de Mahoma (una situación curiosamente análoga a la de Jesús). Sobre él mismo, por otro lado, hay muchas leyendas que hoy en día forman parte de la tradición islámica, a pesar de que estas anécdotas  no hayan sido investigadas mediante un análisis histórico y textual detallado (lo que sí sucedió, por lo contrario, para los evangelios apócrifos).

Por esta razón nos encontramos con dos historiografías diferentes sobre el autoproclamado profeta del Islam: una, precisamente, musulmana; la otra, la que vamos a considerar nosotros, es la historiografía occidental moderna, que se basa en fuentes más confiables, así como en el propio Corán, que puede considerarse, de una forma u otra, una especie de autobiografía de Mahoma.

La fecha más segura que tenemos es la de 622 (I de la era islámica), año de la hiǧra, la hégira, emigración de Mahoma y sus seguidores a Yaṯrib (más tarde renombrada Medina).

En cuanto al año de nacimiento del propio Mahoma, la tradición relata, aunque sin apoyarse en suficientes elementos concretos, el 570, mientras que varios historiadores están de acuerdo en dar a luz al nuestro hacia 580, siempre en La Meca.

Mahoma formaba parte de la tribu Banū Qurayiš (también llamada coraichitas), nació cuando su padre ya había fallecido y perdió a su madre en una edad temprana. Luego fue recibido primero por su abuelo y, después de la muerte de éste, por su tío paterno Abū Ṭālib.

A la edad de unos veinte años, Mahoma se puso al servicio de una viuda adinerada que ya tenía una edad avanzada por la época: Ḫadīǧa, una especie de empresaria que comerciaba perfumes con Siria. Con ella (quien más tarde se hizo famosa como la primera musulmana porque de hecho fue la primera persona en creer que era el enviado de Dios) Mahoma se casó unos años más tarde.

Esta unión fue, al parecer, larga, feliz y monógama, tanto que ‛Āʼiša, la que, después de la muerte de Ḫadīǧa, luego se convertirá en la esposa favorita de Mahoma, se dice fuera más celosa de la difunta que de todas las otras esposas en la vida del “profeta” del Islam.

Con Ḫadīǧa, Mahoma no tuvo hijos, mientras que del matrimonio con Āʼiša nacieron cuatro hijas: Zaynab, Ruqayya, Fāṭima y Umm Kulṯūm. El único hijo de Muhammad, Ibraḥīm, quien murió a una edad muy temprana, tuvo como madre una concubina copta cristiana.

En nombre de Ḫadīǧa, Muḥammad tuvo que viajar con caravanas para vender los productos más allá de la frontera bizantinas, es decir en Siria. Durante estos viajes, presumiblemente entró en contacto con miembros de varias sectas heréticas cristianas (docetistas, monofisitas, nestorianos), siendo adoctrinado por ellos, sin tener, como analfabeto, la posibilidad de acceder directamente a los textos sagrados cristianos. Sin embargo, reiteramos que elementos de la fe judaica y de la cristiana – o simplemente ideas monoteístas, ḥanīf, ya existían en La Meca y sus alrededores.

Todo cambió, en la vida de Mahoma, cuando él ya tenía alrededor de cuarenta años y abandonó el paganismo para adoptar – y comenzar a predicar – ideas monoteístas. Muḥammad estaba convencido, al menos en los primeros años de su misión “profética”, de estar profesando la misma doctrina de judíos y cristianos y que, por lo tanto, incluso estos, además de los paganos, deberían reconocerlo como rasūl Allāh, mensajero, enviado de Dios.

Fue solamente en un segundo momento, cuando ya se encontraba en Medina, que él mismo remarcó las notables diferencias entre su predicación y la doctrina oficial cristiana y judía. De hecho, el Corán contiene deformaciones de las narraciones bíblicas (tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento), así como resultan evidentes en ello tanto las ideas docetistas de Mahoma en cristología como su confusión con respecto a la doctrina de la Trinidad (en su opinión formada por Dios, Jesús y María).

Según Ibn Iṣḥāq, el primer biógrafo de Muḥammad, al encontrarse dormido en una cueva en el Monte Ḥīra, en las afueras de La Meca, el ángel Gabriel se le apareció con un paño de brocado en las manos y diciéndole que leyera (“iqrāʼ”); sin embargo, Mahoma era analfabeto, por lo que fue el arcángel quien recitó los primeros cinco versos del sūra 96 ​​(llamada “del coágulo”), que, según él, se le quedaron literalmente impresos en el corazón.

Esta noche se llama laylat al-qadr, noche del poder. Al principio, Muḥammad no pensaba ser el iniciador de una nueva religión, sino el receptor de una revelación transmitida también a otros enviados de Alá que lo habían precedido. Él creía, de hecho, que lo que lo inspiró fueron pasajes de un libro celestial, umm al-kitāb (madre del libro), ya revelado también a judíos y cristianos (llamados por él mismo ahl al-kitāb, es decir gente del libro).

Al menos a principios del período mecano, todo sugiere que M. se sentía verdaderamente llamado a elevar espiritualmente a sus conciudadanos, y precisamente su convicción personal, combinada con el carisma que no le faltaba, empujó a otros – a Ḫadīǧa, en primer lugar, luego a su primo ‛Alī y después a su futuro suegro, Abū Bakr – para tener fe en él. El período mecano se caracteriza por el ardor, por el celo que es típico de un neófito, por una especie de ingenuidad y sinceridad en el autodenominado enviado de Dios.

No por nada fueron muchos los que lo llamaron maǧnūn (loco, poseído por los ǧinn), especialmente por lo absurdo de lo que predicó: la presencia de un solo Dios, el juicio final, la resurrección de la carne; los rudimentos, en la práctica, de una fe monoteísta muy cercana al cristianismo y al judaísmo. Los “cinco pilares” [2] (arkān al-islām), o sea los cinco elementos fundamentales de la fe islámica, se introdujeron solo más tarde, en el período medinés, especialmente después de los contactos y de las disputas con las tribus judías locales.

Volviendo a hablar del primer período en La Meca, no es difícil imaginar la reacción de los notables de la ciudad ante la predicación de Mahoma, pues ninguno de ellos quería subvertir el status quo religioso de la ciudad, poniendo en peligro su prosperidad económica y sus antiguas tradiciones, solo por la palabra de Mahoma, quien, aunque se le instó, nunca hizo ningún milagro ni dio ninguna señal tangible de las revelaciones que, según él, había recibido.

Así comenzó una persecución del “profeta” y de sus seguidores, hasta el punto que Mahoma debió enviar al menos a ochenta de ellos a Abisinia, a refugiarse bajo la protección de un rey cristiano.

El erudito islámico Félix M. Pareja, como también autores islámicos más antiguos, por ejemplo Ṭabarī e al-Wāqidī, sitúa en este período el famoso episodio de los “versos satánicos”, al que parece referirse el Corán en sūra 22/52. [3]

Sucedió, de hecho, que Muhammad, para tratar de llegar a un acuerdo con los conciudadanos de la Meca, habría sido tentado por Satanás mientras recitaba la sūra 53/19 y habría proclamado:

“¿Cómo es que adoráis a al-Lāt, al-‛Uzzāt e al-Manāṯ Lât, a ‘Uzza y a Manât? Ellas son las Ġarānīq exaltadas, de las cuales esperamos su intercesión”

Como hemos visto, estas tres diosas eran una parte fundamental del panteón mecano y protagonistas de varios ritos que atraían cientos de peregrinos a la Ka‛ba cada año: su título era el de “tres grullas sublimes” (Ġarānīq) y admitir su existencia, además del poder de intercesión con Allah, si por un lado significaba reconciliarse con la élite de La Meca y permitir el regreso de sus seguidores exiliados, por el otro implicaba desacreditarse a sí mismo y al rígido monoteísmo que había profesado hasta entonces.

Evidentemente, el juego no valía la pena, tanto que a la mañana siguiente el “Mensajero de Dios” se retractó y declaró que Satanás le había susurrado esos versos en el oído izquierdo, en lugar de Gabriel en el derecho; debían considerarse, por lo tanto, de origen satánico. En su lugar, se dictaron los siguientes:

“¿Cómo es que adoráis a al-Lāt, al-‛Uzzāt e al-Manāṯ? [Estos tres ídolos] Son sólo nombres que vosotros y vuestros padres habéis inventado, y Allah no os dio autoridad alguna para ello”.

El episodio recién citado le trajo aún más descrédito a Mahoma, quien, con la muerte de su esposa y de su tío-protector Abū Ṭālib, permaneció sin dos apoyos válidos.

Dada la situación, se vio obligado (y las sūra de este período revelan la desolación y el abandono en el que se encontró, con la sūra de los ǧinn sūra contando cuántos duendes se hicieron musulmanes en esos mismos momentos) para buscar protección en otra parte, algo que logró encontrando a oyentes válidos entre los ciudadanos de Yaṯrib, una ciudad al norte de La Meca, poblada entonces por tres tribus judías (los Banū Naḍīr, los Banū Qurayẓa y los Banū Qaynuqā‛ y por dos tribus beduinas).

Entre los judíos y los beduinos no había buena relación y Mahoma, en virtud de su fama, fue llamado a ser árbitro imparcial entre los contendientes, por lo que en el año 622, el primero de la era islámica, comenzó la hiǧra, hégira del “profeta” y de sus seguidores, alrededor de ciento cincuenta. El término hiǧra no significa solo “emigración”, sino extrañamiento, una especie de renuncia a la ciudadanía y a la pertenencia a La Meca y a la tribu, con la consiguiente privación de toda protección.

Yaṯrib más tarde se llamará Medina (Madīnat al-nabī, la ciudad del profeta). Recién llegado aquí, para granjearse a los judíos, que constituían los ricos y notables de la ciudad, M. introdujo innovaciones en el primitivo ritual islámico, en particular orientando la qibla, la dirección de la oración, hacia Jerusalén. Sin embargo, cuando los propios judíos se dieron cuenta de la confusión de Mahoma en cuestiones bíblicas, se burlaron de él, enemistándose con él para siempre.

En aquel  mismo momento empezó, pues, a producirse la división entre lo que evolucionaría como el islam, por un lado, y el judaísmo y el cristianismo, por el otro. Mahoma no podía admitir que estaba confundido o que no conocía los episodios bíblicos que había citado repetidamente a sus seguidores. Lo que hizo, pues, fue usar su ascendencia sobre sus discípulos y acusar a judíos y a cristianos de falsificar deliberadamente la revelación que recibieron; el mismo ascendente y la misma autoridad son suficientes para que los musulmanes de hoy continúen creyendo en tales acusaciones.

Una vez más, sin embargo, la intención de Mahoma no era fundar una nueva religión, sino intentar restaurar la que, según él, era la pura y auténtica, primitiva fe, basada en Abrahán, quien para él no era cristiano ni judío, sino un simple monoteísta, en árabe ḥanīf. Con ese vocablo lo conocían los árabes paganos, quienes se consideraban sus descendientes a través de Ismael.

Y así fue que, en el Corán, Ismael se convirtió en el hijo amado de Abrahán, en lugar de Isaac; es a Ismael a quien se le ordena a Abraham sacrificar en Jerusalén, donde se encuentra hoy la Cúpula de la Roca; es Ismael quien, junto con su padre, construye el santuario de la Ka‛ba en La Meca, donde, además, su madre Agar se había refugiado después de ser expulsada del desierto por Sarah.

Siempre para vengarse de los judíos, incluso la dirección de la qibla cambió, y se orientó hacia La Meca. El Islam se convirtió en la religión nacional de los árabes, con un libro revelado en árabe: la reconquista de la ciudad santa se convirtió así en un propósito fundamental.

En Medina, en la figura y en la persona de Mahoma se juntan la autoridad religiosa y la política es allí donde nacen los conceptos de umma (la comunidad de los creyentes musulmanes), de estado islámico y de ǧihād, guerra santa: la comunidad de Medina, con las diversas religiones. Que allí se profesaban (musulmana, judía, pagana), vivió en paz bajo el gobierno del árbitro, y ya autoridad política y religiosa, que venía de La Meca.

Los musulmanes prosperaron particularmente, garantizándose ingresos considerables a través de razias a las caravanas que pasaban por allí. Los éxitos y fracasos (los éxitos se llamaban obra divina, los fracasos faltas de fe, indisciplina y cobardía) se alternaron en las campañas contra los mecanos.

En unos pocos años, sin embargo, Mahoma decidió deshacerse de las tribus judías que se habían vuelto hostiles mientras tanto: los primeros fueron los banū Naḍīr, seguidos por los banū Qaynuqā‛, a los cuales fueron confiscados los bienes pero fue perdonada la vida; un destino más atroz, por otro lado, les tocó a los banū Qurayẓa, cuyos mujeres y niños fueron esclavizados, y cuyos hombres, una vez confiscados sus bienes, fueron degollados en la plaza (hubo alrededor de setecientos muertos: solamente uno de ellos se salvó pues se convirtió al islam).

En el sexto año de la Hégira Mahoma declaró haber recibido una visión en la que se le dieron las llaves de La Meca. Luego comenzó una larga campaña de reconquista, violando una tregua (algo que era terriblemente deshonroso para esa época) y tomando, uno tras otro, los ricos oasis judíos al norte de Medina. El éxito económico y militar fue un imán para los beduinos, quienes comenzaron a convertirse en masa (obviamente no por razones religiosas). Todo culminó con la entrada triunfal en la ciudad de origen en 630, sin encontrar resistencia. Los ídolos presentes en la Ka‛ba (excepto la efigie de Cristo) fueron destruidos.

Los siguientes dos años vieron la consolidación de la fuerza y ​​del poder de M. y de sus seguidores, hasta que, en 632, el “profeta” murió, en medio de la fiebre y el delirio, sin indicar sucesores.

Lo que surge de un análisis de la vida de Muḥammad es sobre todo su gran ambigüedad, junto a su personalidad que a menudo los académicos definen esquizofrénica, por lo contradictorias que son sus actitudes y discursos, así como las mismas revelaciones reportadas en el Corán. Es por esta razón que los eruditos y teólogos musulmanes recurrirán a la práctica del nasḫ wa mansūḫ (abrogante y abrogado, un procedimiento según el cual, si un pasaje en el Corán contradice otro, el segundo anula el primero). [4]

Puede servir como ejemplo de ello el episodio en el que M. va a la casa de su hijo adoptivo Zayd (este mismo episodio está citado en la conclusión del presente artículo) y muchos otros: circunstancias extravagantes y sospechosas en las que Alá literalmente corre en ayuda de Mahoma y le revela versos donde se amonestan a los incrédulos y a los dudosos que se atreven a acusarlo de haber entrado en contradicción; o también palabras que animan al mismo Mahoma a no querer seguir las leyes y las costumbres de los hombres y a aceptar los favores que Dios le otorgaba solamente a él:

“A veces se han querido ver en Mahoma dos personalidades casi contradictorias; la del piadoso agitador de La Meca y la del prepotente político de Medina. [---] En sus diversos aspectos nos parece generoso y cruel, tímido y audaz, guerrero y político.

Su forma de actuar era extremadamente realista: no tenía ningún problema en abrogar una revelación reemplazándola por otra, en faltar a su palabra, en servirse de sicarios, en dejar caer la responsabilidad de ciertas acciones en otras personas, en componérselas entre hostilidades y rivalidades. La suya era una política de compromisos y contradicciones siempre dirigida a alcanzar su objetivo. [---] Monógamo hasta que vivió su primera esposa, se convirtió en un gran amigo de las mujeres ya que las circunstancias lo permitieron y mostró una predilección por las viudas". [5]

Anexo

  1. “¡Mira cómo me desgarro! ¡Mira qué tan maltrecho está Mahoma!”. Dante coloca a Mahoma entre los sembradores de la discordia de la IX Bolgia del VIII Círculo del Infierno, cuya pena consiste en ser hecho a pedazos por un demonio armado con una espada. Mahoma aparece en Canto XXVIII, vv. 22-63, cortado desde la barbilla hasta el ano, con las entrañas y los órganos internos que cuelgan entre las piernas; él mismo se presenta a Dante y muestra sus heridas al abrir su pecho, explicándole que él y sus compañeros han sembrado el escándalo y el cisma en el mundo, por lo que ahora son fessi, o sea cortados por un demonio que los mutila con un un demonio que los mutila con una espada (con las heridas que sanan para despues volver a ser abiertas).
  2. Los cinco pilares del islam son: šahāda, la profesión de fe; ṣalāt, oración cinco veces por día; zakāt, limosna o décima; ṣawm, ayuno en el mes sagrado de ramaḍān; ḥaǧǧ, peregrinación a La Meca al menos una vez en la vida en el mes de ḏu-l-ḥiǧǧa).
  3. “Y no hemos enviado antes de ti [¡Oh, Muhammad!] Mensajero ni Profeta alguno sin que Satanás les susurrara a sus pueblos para que no comprendieran correctamente cuando les transmitían los preceptos divinos. Pero Allah desbarata los planes de Satanás y aclara Sus preceptos, porque Allah es Omnisciente, Sabio”.
  4. Es así, por ejemplo, que observamos versículos mecanos, por lo tanto más antiguos, hablar de los cristianos como de los mejores entre los hombres, mientras que otros versículos del período medinés animan a los musulmanes a luchar contra combatir a los cristianos hasta que éstos no paguen, humillados, los tributos de la ǧizya y del ḫarāǧ, es decir los impuestos particulares que los cristianos y los judíos deben pagar al Tesoro del estado musulmán para beneficiarse de su protección como ciudadanos de segunda clase.
  5. Pareja, F.M., Islamologia, Roma, Orbis Catholicus, 1951, pag. 70. Traducción mía.
 

Gerardo Ferrara
Licenciado en Historia y en Ciencias Políticas, especializado en Oriente Medio.
Responsable de alumnado de la Universidad de la Santa Cruz de Roma.

Aquí puedes leer la segunda entrega de este análisis.

Benedicto XVI: su trascendencia teológica

Recordaremos siempre al papa Benedicto XVI, fallecido el sábado 31 de diciembre de 2022, por estimular a todos los fieles católicos a buscar, conocer y amar a Jesucristo; por enseñarnos a comportarnos y a vivir cristianamente en una sociedad pagana, con el optimismo y con el vigor que da la esperanza de difundir el Evangelio, motivándonos a transformarla desde dentro.

Breve perfil de Benedicto XVI

El pontificado de Benedicto XVI duró solo ocho años, sin embargo ha sido trascendental en la Historia de la Iglesia por sus reflexiones sobre la fe y la doctrina. Fiel a su lema, “colaborador de la verdad”, el impulso intelectual al diálogo entre fe y la razón, y a la lucha contra los abusos y la división en la Iglesia fueron los estandartes de su pontificado.

Siempre tuvo una postura clara y fraterna con todas las personas y posiciones teológicas que se apartaban de las verdades de fe de la Iglesia.

Por otra parte, Benedicto XVI consideraba que había que actuar en favor de un orden justo en la sociedad, y que se debía promover el bien común a través de la acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural. Sus tres encíclicas, culminan su gran labor teológica para dar respuesta a los problemas del mundo actual.

Algunos hitos de su vida

  • 29 de junio de 1951: Joseph Ratzinger fue ordenado sacerdote junto a su hermano Georg en la catedral de Freising.
  • En 1953: se doctora en Teología con la disertación Pueblo y casa de Dios en la doctrina de la Iglesia de San Agustín.
  • 24 de marzo de 1977: san Pablo VI lo nombra arzobispo de München und Freising. Joseph Ratzinger no llegaba a los 50 años cuando fue nombrado arzobispo, pero ya era ya un teólogo conocido y respetado. Aquel nombramiento dio un giro inesperado a su vida. Lo suyo era el estudio, la investigación y la docencia de la Teología. Los cargos de gobierno los aceptó por obediencia y por servicio de la Iglesia. El mismo año el papa lo crea también cardenal.
  • 19 de abril de 2005: El cardenal Joseph Ratzinger fue elegido como sucesor de Pedro y presentado al mundo como papa Benedicto XVI a sus 78 años. En sus primeras palabras recordó a san Juan Pablo II y se definió como un «simple y humilde trabajador en la viña del Señor». Siguiendo el ejemplo de su predecesor visitó 24 países.
  • 25 de diciembre de 2005: Publica su primera encíclica Deus caritas est dedicada al amor de Dios. Como Papa habla continuamente de la "alegría de ser cristiano".
  • 30 de noviembre 2007: Publica la encíclica Spe Salvi donde trata el tema de la esperanza. También publica la primera parte de su obra Jesús de Nazaret, un gran trabajo teológico y pastoral, que termina de publicar en 2012.
  • 29 de junio de 2009: Publica su última encíclica Caritas in veritate sobre la justicia social en el siglo XXI. Fue en esta última donde criticó el consumismo y también el actual sistema económico completamente alejado del bien común.
  • 11 de febrero de 2013:  Anuncia su renuncia al pontificado generando una revolución cultural y teológica, que conformará su gran legado a la Historia de la Iglesia, y marcará definitivamente la manera en que los papas deberán concebir ya sus pontificados.
  • 31 de diciembre de 2023: El papa emérito Benedicto XVI fallece en Roma a los 95 años. Con él desaparece el último de los pontífices implicados personalmente en los trabajos del Concilio Vaticano II.

"Para mí no faltan los momentos de encuentro personal, fraterno y afectuoso con el Papa emérito. Pero esta ocasión es importante para reafirmar que la contribución de su obra teológica y, en general, de su pensamiento sigue siendo fecunda y activa, no dirigida al pasado, sino fecunda para el futuro, para la aplicación del Concilio y para el diálogo entre la Iglesia y el mundo de hoy.

Estas aportaciones nos ofrecen una sólida base teológica para el camino de la Iglesia: una Iglesia ‘viva’, que él nos enseñó a ver y vivir como comunión, y que está en movimiento –en ‘synodos’–, guiada por el Espíritu del Señor, siempre abierta a la misión de anunciar el Evangelio y de servir al mundo en el que vive".

Papa Francisco, durante la ceremonia de entrega del Premio Ratzinger 2022.

Benedicto XVI: un gran papa teólogo

La contribución de la obra y del pensamiento teológico de Benedicto XVI al cristianismo y a la humanidad es ya hoy prolífica y eficaz. Una de sus preocupaciones fue la de dar respuesta a los problemas actuales a través de la reflexión y de la interpretación de las Sagradas Escrituras.

Joseph Ratzinger trabajó muchos años estrechamente con san Juan Pablo II, quien lo nombró prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe en noviembre de 1981, donde se dio a conocer como teólogo, inspirando a la Iglesia durante 31 años.

Fue testigo directo de la crisis postconciliar, del cuestionamiento de las verdades esenciales de la fe y de la experimentación en el ámbito litúrgico. Ya en 1966, un año después del final del Concilio Vaticano II, dijo que veía el avance de un «cristianismo a precios rebajados».

Así, el papa teólogo, logró expresar con gran fuerza argumentativa y, al mismo tiempo, con gran unción espiritual lo que constituye el corazón de la fe cristiana y de la misión de la Iglesia. Frente a los escándalos eclesiásticos, Benedicto XVI hacia llamamientos a la conversión, a la penitencia y a la humildad.

En septiembre de 2011 invitaba a la Iglesia a ser menos mundana: «los ejemplos históricos muestran que el testimonio misionero de la Iglesia desprendida del mundo resulta más claro. Liberada de fardos y privilegios materiales y políticos, la Iglesia puede dedicarse mejor y de manera verdaderamente cristiana al mundo entero; puede verdaderamente estar abierta al mundo…».

Jesucristo: núcleo central de la teología de Joseph Ratzinger

Su legado como teólogo y pastor, cuyos elementos principales es bueno recordar en estos momentos y donde confluye el trabajo de toda una vida, se centra en la figura de Cristo.

Jesucristo presente en la escritura y en la liturgia, y su relación con la Iglesia y con María, es el núcleo central de su teología. En Jesucristo, Dios mismo se ha hecho visible y ha mostrado a los hombres su Amor salvador.

Puntualizando que esa revelación de Dios no es un simple hecho del pasado, sino una fuerza divina de hoy y para el futuro, accesible en la Iglesia de los santos, habilitados como testigos de la resurrección por medio del Espíritu Santo.

Entre los pilares teológicos y ontológicos de su pensamiento se encuentra también la persona, y el significado que para ella tienen el amor, la verdad, la belleza y la esperanza, temas plasmados en sus encíclicas.

Para el anuncio del mensaje cristiano, Benedicto XVI insistía tanto en la fe como en la razón; y de la relación entre ambas se desprende su concepción de la teología, de la catequesis y de la predicación. Finalmente, en lo que se refiere a la misión, resultan interesantes sus afirmaciones sobre el ministerio y la Eucaristía (con importantes consecuencias para la teología ecuménica), la creación, las religiones y la relación de la Iglesia.

papa benedicto xvi

Benedicto XVI: humildad y servicio a la Iglesia

Benedicto XVI ha sido uno de los grandes teólogos del siglo XX y XXI; un intelectual que ha buscado durante toda su vida, con el estudio de la Teología, la investigación y la enseñanza, el rostro de Dios. Y al mismo tiempo, era un hombre sencillo, muy cordial y gentil, incluso tímido, que se puso su vida a disposición total y al servicio de la Iglesia.

Cuando en 2005 es elegido Papa con el nombre de Benedicto XVI, comentó en una entrevista que durante el conclave rezó «al Señor para que eligiera a alguien más fuerte que yo, pero en esa oración evidentemente Él no me escuchó». El nombre no fue casual, lo eligió en honor a Benedicto XV y de Benito de Nursia, el papa de la Paz y el iniciador de la vida monástica en Occidente, respectivamente.

La renuncia al pontificado

Una de las acciones sorprendentes y más humildes de Benedicto XVI, además de una demostración de su valentía, fue el hecho de su renuncia como Papa. Se trató de un hecho histórico en la vida de la Iglesia. Solo en 1294, setecientos años antes, Celestino V había renunciado al papado. La realidad es que hasta ese momento nadie pensaba que el obispo de Roma tuviera un límite de edad. El papa Benedicto XVI rompió una tradición milenaria y lo hizo de forma meditada y razonada.

Es por todo ello que la figura de Benedicto XVI, como papa, teólogo, antes como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es y será de especial trascendencia para la historia de la Iglesia. Influyó notoriamente en Francisco I, y también lo hará en los posteriores papados. Sus aportes interpretativos del Concilio Vaticano II han definido algunas de las líneas de la Iglesia Católica, así como lo han hecho las decenas de obras de extraordinario valor teológico y metafísico que escribió. Su legado permanecerá más allá y alcanzará cotas que ahora son difíciles de valorar en su justa medida.


Bibliografía:

- Joseph Ratzinger - Benedicto XVI. Una vida en la continuidad del pensamiento y la fe, Hansjürgen Verweyen.
- El Papa teólogo, Jean-Heiner Tück.
- La teología de Joseph Ratzinger, Blanco P.

Nochevieja y Año Nuevo: celebrar como un cristiano

Como católicos, celebrar la Nochevieja y el Año Nuevo es mucho más que festejar con las tradiciones propias de cada localidad o de cada país: es reconocer la presencia de Dios en el tiempo que vivimos y en nuestra propia historia personal. ¿Qué significa esta celebración desde una perspectiva cristiana?

La llegada del año no es solo una excusa para las fiestas y los buenos propósitos, ¡es una oportunidad perfecta para los católicos, y para todos los cristianos, de vivirla con un profundo sentido de fe!

¿Qué celebramos en Nochevieja y Año Nuevo?

El papa Francisco nos invitaba a vivir el agradecimiento como un estilo de vida y no solo en el último día del calendario y el primero del siguiente: «La gratitud es un arma poderosa. Solo quien sabe dar gracias a Dios puede también irradiar esperanza».

Al terminar el año, podemos mirar hacia atrás y reconocer la mano de Dios en cada momento, incluso en las dificultades que experimentamos todas las personas sin excepción alguna. Cada alegría y también cada prueba han sido ocasiones para crecer en la fe y en santidad.

Un buen ejercicio puede ser dedicar unos minutos antes de la medianoche para escribir una lista de las bendiciones que hemos recibido durante el año que termina.

noche vieja año nuevo cristiano

Consejo: participa en la Misa de acción de gracias el 31 de diciembre. Es una hermosa tradición que nos ayuda a cerrar el año alabando al Señor por todo lo vivido y empezar el nuevo año con la ilusión de contar con su apoyo.

Año Nuevo: comienza y recomienza

San Josemaría animaba a comenzar y recomenzar con esperanza y sin miedo, porque Dios es Padre y somos sus hijos. El Año Nuevo nos recuerda que Dios siempre nos da una nueva oportunidad para acercarnos a Él. No importa cuántas veces hayamos caído o fallado en nuestros propósitos: lo importante es levantarnos y caminar con confianza.

???? Propósito: más que metas superficiales, como ir al gimnasio o comer más sano, pregunta a Dios qué espera de ti este año. ¿Cómo puedes crecer en santidad?, ¿cómo puedes servir mejor a los demás?

Rezar: Día Mundial de la Paz

El 1 de enero, la Iglesia celebra el Día Mundial de la Paz, instituido por san Pablo VI. Es un recordatorio de que la paz debe empezar en nuestros corazones y luego se debe expandir a nuestras familias, comunidades y al mundo entero.

San Francisco de Asís decía: «Señor, hazme un instrumento de tu paz, donde haya odio lleve yo tu amor. Donde haya injuria, tu perdón Señor. Donde haya duda, fe en ti». Todo un plan de vida y propósito de Año Nuevo.

???? Reflexión: en esta Nochevieja y Año Nuevo, pide a Dios que te convierta en un constructor de paz, alguien que perdona, que escucha y que busca en todo y con todos la reconciliación.

Ofrecer el año nuevo a María, Madre de Dios

El 1 de enero también celebramos la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Como nuestra Madre espiritual, ella nos acompaña en cada paso del camino. Es el momento perfecto para consagrar el año que comienza a su protección maternal.

???? Consejo: reza un Rosario en familia o dedica una oración especial pidiendo su intercesión.

¿Cómo vivir estas fiestas de manera cristiana?

1️⃣ Vive las celebraciones con alegría, no con exceso. Celebra con moderación y dedica tiempo a compartir con los tuyos, recordando que Cristo es el centro de todo y de todos.

2️⃣ Haz un examen de conciencia antes de terminar el año. Reflexiona sobre tus actos, pide perdón por tus fallos y propón mejorar. Y aprovecha en cuanto puedas para hacer una buena Confesión.

3️⃣ Prepara una lista de propósitos espirituales: Leer más la Biblia, participar en los sacramentos con frecuencia, ayudar a los necesitados o ser más generoso con tu tiempo que es lo que más cuesta y más valor tiene.

4️⃣ Dedica un tiempo al silencio y la oración. El bullicio de la Nochevieja puede distraernos, pero regalarte unos minutos de recogimiento te ayudará a empezar el año con serenidad y paz.

Año nuevo, vida nueva

Decía san Josemaría en una carta de diciembre 1970: «Sabéis que el Padre os abre su corazón con sinceridad. No creo en ese refrán que dice: año nuevo, vida nueva. En veinticuatro horas no se cambia nada. Sólo el Señor, con su gracia, puede convertir en un momento a Saulo, de perseguidor de los cristianos en Apóstol».

Y en las Navidades de 1972 añadía: «Por eso, este año especialmente es tiempo de acción de gracias, y así lo he señalado a mis hijas y a mis hijos, con unas palabras tomadas de la liturgia: "Ut in gratiarum semper actione maneamus!".

Que estemos siempre en una continua acción de gracias a Dios, por todo: por lo que parece bueno y por lo que parece malo, por lo dulce y por lo amargo, por lo blanco y por lo negro, por lo pequeño y por lo grande, por lo poco y por lo mucho, por lo que es temporal y por lo que tiene alcance eterno. Demos gracias a Nuestro Señor por cuanto ha sucedido este año, y también en cierto modo por nuestras infidelidades, porque las hemos reconocido y nos han llevado a pedirle perdón, y a concretar el propósito –que traerá mucho bien para nuestras almas– de no ser nunca más infieles».

¡Feliz Nochevieja y bendito Año Nuevo!

Que cada campanada sea un acto de gratitud y de esperanza, y que Cristo sea nuestra luz en este nuevo comienzo de año.

La familia cristiana: concepto e importancia

La Iglesia celebra cinco años de la publicación de la exhortación apostólica Amoris Laetitia sobre la belleza y la alegría del amor familiar. Ese mismo día el papa Francisco inaugurará el año dedicado a ella, que terminó el 26 de junio de 2022, con ocasión del X Encuentro Mundial en Roma con el Santo Padre.

La primera de todas

Tanto la gran prole humana, y cada una de las familias que habrían de componerla, es uno de los instrumentos naturales queridos por Dios para que los hombres cooperen en su misión creadora.

La voluntad de Dios de contar con ella en su plan salvador se confirmará, con el cumplimiento del plan divino. Cuando nace Jesús, en Nazaret, de María, por obra del Espíritu Santo. Y Dios provee para su Hijo un núcleo familiar, con un padre adoptivo, José, y con María, la Madre virginal. Quiso el Señor que, también en esto, quedara reflejado el modo en que Él desea ver nacer y crecer a sus hijos los hombres.

“¿Qué nos enseña la vida a la vez sencilla y admirable de esa Sagrada Familia?” A esta pregunta que nos sugiere Ssan Josemaría podemos responder con palabras del Catecismo, señalando que la familia cristiana, a imagen de la de Jesús, es también iglesia doméstica porque manifiesta la naturaleza de unión y familiar de la Iglesia como familia de Dios.

La de Nazaret es la modelo en la que todas las del mundo pueden hallar su sólido punto de referencia y una firme inspiración dice el papa Francisco

La importancia 

Toda familia tiene una entidad sagrada, y merece la veneración y solicitud de sus miembros, de la sociedad civil y de la Iglesia. Tanto por su misión natural y sobrenatural, por su origen, por su naturaleza y por su fin, es grande la dignidad de la familia cristiana.

El hogar ha de ser la escuela primera y principal donde los hijos aprendan y vivan las virtudes humanas y cristianas. El buen ejemplo de los padres, de los hermanos y de los demás componentes se refleja en la configuración de las relaciones sociales que cada uno de los miembros establece. La realidad familiar funda unos derechos y unos deberes.

En los momentos actuales de la vida de la sociedad, se hace especialmente urgente volver a inculcar el sentido cristiano en el seno de tantos hogares. La tarea no es sencilla pero sí apasionante. Para contribuir a esta inmensa labor, que se identifica con la de volver a dar tono cristiano a la sociedad, cada uno ha de empezar por barrer la propia casa.

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Amoris laetitia​ es la segunda exhortación apostólica postsinodal del papa Francisco, firmada el día 19 de marzo de 2016 y hecha pública el 8 de abril ​del mismo año.

El año de Amoris Laetitia

Por esto surge esta iniciativa del papa Francisco, que se propone llegar a todos los hogares del mundo a través de diferentes propuestas. Surge de la experiencia de la pandemia. En ella se ha puesto de relieve el papel central del hogar cristiano como Iglesia doméstica y la importancia de los lazos comunitarios entre ellos, que hacen de la Iglesia una “familia de familias” AL 87.

Están invitadas a participar tanto las conferencias episcopales, diócesis, parroquias, movimientos eclesiales, asociaciones familiares pero especialmente las cristianas de todo el mundo, son las protagonistas con nuevas propuestas.

El Papa, también ha recordado que, a imitación de la Sagrada Familia, «estamos llamados a redescubrir el valor educativo del núcleo familiar, que debe fundamentarse en el amor que siempre regenera las relaciones abriendo horizontes de esperanza».

Esta fiesta «nos presenta el ideal del amor conyugal y familiar, tal y como quedó subrayado en la Exhortación apostólica Amoris laetitia».

Amoris Laetitia resumen

  1. “Hacer experimentar que el Evangelio es alegría que llena el corazón y la vida entera” (AL 200). Una familia que descubre y experimenta la alegría de tener un don y ser a su vez un don para la Iglesia y la sociedad, “puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo” (AL 66). ¡Y el mundo de hoy necesita esta luz!
  2. Anunciar que el sacramento del matrimonio es un don y tiene en sí mismo una fuerza transformadora del amor humano. Para ello es necesario que los pastores y los hogares caminen juntos en una corresponsabilidad y complementariedad pastoral, entre las diferentes vocaciones en la Iglesia (cf. AL 203).
  3. Hacer a las familias protagonistas de la pastoral. Para ello se requiere “un esfuerzo evangelizador y catequístico dirigido a ellas” (AL 200), ya que una familia cristiana se convierte también en una familia misionera.
  4. Concienciar los jóvenes de la importancia de la formación en la verdad del amor y el don de sí mismos, con iniciativas dedicadas a ellos.
  5. Ampliar la mirada y la acción de la pastoral para que se convierta en transversal, para incluir a los esposos, a los niños, a los jóvenes, a las personas mayores y las situaciones de fragilidad.

“La vida cristiana es una vocación y un camino a la santidad, una expresión del 'rostro más bello de la Iglesia' (Gaudete et exsultate 9)”.

 

El Papa recuerda la importancia de hacer las paces. En la fiesta de la Sagrada Familia, el papa Francisco invita a seguir el modelo de Nazaret y da algunos consejos para un ambiente sano: «si discuten, hagan las paces el mismo día, la guerra fría del día siguiente es muy peligrosa».

Recomendación para vivir 

El pontífice ha recomendado una serie de acciones para que se pueda experimentar una comunión sincera y se viva profundamente este año Amoris Laetitia.

  • Mantener «afectos profundos y puros».
  • Hacer prevalecer «el perdón sobre las discordias». Nunca terminar la jornada sin hacer las paces
  • Que «la dureza cotidiana del vivir sea suavizada por la ternura mutua y por la serena adhesión a la voluntad de Dios».

De esta manera, ha puntualizado Francisco, «la familia se abre a la alegría que Dios da a todos aquellos que saben dar con alegría, pero también halla la energía espiritual para abrirse al exterior, a los demás, al servicio de sus hermanos, a la colaboración para la construcción de un mundo siempre nuevo y mejor; capaz, por tanto, de ser portadora de estímulos positivos; evangelizadora con el ejemplo de vida».

Así mismo, ha vuelto a enunciar las tres palabras que siempre tienen que prevalecer: permiso, gracias y disculpa. «Permiso para no ser invasivo en la vida de los demás, después gracias, gracias de tantas ayudas y servicios que hacemos; agradecer siempre, pero la gratitud es la sangre del alma noble y luego la más difícil de pronunciar: disculpa». Porque como ha dicho el Papa: «siempre hacemos cosas feas y alguien se puede sentir ofendido».

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Bibliografía: